El fútbol empieza a regresar, con la reanudación de la Bundesliga alemana el 16 de mayo.
Los partidos se disputan en estadios vacíos para mantener las normas de distanciamiento social.
Las investigaciones sugieren que los aficionados locales pueden influir en el resultado del partido.
Durante meses, millones de aficionados al fútbol solo han podido ver repeticiones para calmar su necesidad. Pero a partir del 16 de mayo, el fútbol europeo de élite vuelve a rodar gracias a la Bundesliga alemana. Sin embargo, habrá algunas diferencias.
Dado que habrá una apretada agenda de partidos que concluir antes de finales de julio, los equipos pueden hacer cinco cambios en lugar de los tres habituales. Pero la diferencia más evidente será que estos partidos se disputarán sin espectadores. Los encuentros se celebrarán en estadios vacíos y de gran tamaño. No se jugarán en sedes neutrales, como se ha propuesto para completar la Premier League inglesa, pero las investigaciones muestran que los campos vacíos pueden suponer, en la práctica, la eliminación de la ventaja de jugar en casa.
Unos pocos estudios muestran que los aficionados locales pueden influir en el resultado de los partidos de fútbol a través de la presión que ejercen sobre el árbitro. Existen pruebas, por ejemplo, de que los árbitros conceden más tiempo de descuento cuando el equipo local va perdiendo y menos cuando el equipo local va ganando, alargando o acortando sistemáticamente el juego en favor del equipo local, y esto se ve afectado por el número de aficionados presentes.
La mayoría de los resultados sobre los efectos de los aficionados se basan en variaciones de unos pocos cientos o miles de aficionados de un partido a otro. Somos de los pocos economistas del deporte que han estudiado el efecto de jugar en estadios cerrados.
Históricamente, la mayoría de los partidos a puerta cerrada se han impuesto a los clubes y a sus aficionados como castigo por violencia, insultos racistas y corrupción. Tras estudiar la historia del fútbol europeo desde la Segunda Guerra Mundial, encontramos 191 partidos a puerta cerrada en las principales ligas italiana y francesa, y en las competiciones europeas de clubes. No encontramos ninguno en las principales ligas inglesa y alemana, y solo uno en La Liga española. La mayoría de estos partidos se disputaron después de 2002.

Hemos comprobado que la considerable ventaja de jugar en casa en el fútbol desaparece casi por completo, de media, en los partidos a puerta cerrada. Históricamente, los equipos locales ganan el 46 % de las veces en los partidos con público, pero solo el 36 % cuando no hay aficionados. El equipo visitante gana el 26 % de las veces con público y el 34 % sin público.
Estas diferencias se deben principalmente a que el equipo local marca menos goles cuando no hay aficionados. El siguiente gráfico muestra las diferencias medias entre los partidos con aficionados y sin ellos desde 2002, donde los valores negativos indican que un resultado fue menor o se produjo con menor frecuencia en los partidos a puerta cerrada, y viceversa en el caso de un valor positivo.

Motivos de la diferencia
Los datos sugieren al menos dos motivos para la pérdida de la ventaja de jugar en casa. El primero es que los árbitros castigan de forma distinta a los equipos visitantes. Los cambios pequeños en el número de aficionados del estadio suelen tener efectos pequeños. Pero, como muestra el siguiente gráfico, calculamos que un equipo visitante recibiría 0,5 tarjetas amarillas menos al jugar a puerta cerrada (la X del diagrama), mientras que el efecto de reducir el público de un estadio concreto de 25.000 a 6.000 personas equivale a apenas 0,05 tarjetas (línea negra del diagrama). Los partidos a puerta cerrada tienen un efecto desproporcionado y considerable en las tarjetas amarillas.

El segundo posible motivo es que se concede menos tiempo de descuento en los partidos disputados a puerta cerrada. Sin embargo, en la pequeña muestra de partidos sin aficionados que hemos estudiado hasta ahora, esta diferencia generalmente no es estadísticamente significativa.

Para que quede claro, no acusamos a los árbitros de fútbol profesionales de sesgo consciente. De hecho, las investigaciones han demostrado que algunos de los sesgos que presentan son subconscientes, reflejo del entorno de gran presión en el que deben tomar decisiones difíciles. Por ello, la introducción de tecnologías como el tristemente célebre VAR busca hacer el juego más justo.
Los aficionados acuden con la esperanza de ver ganar a su equipo y, por tanto, sea cual sea la causa, existe un argumento según el cual cierta ventaja de jugar en casa es algo positivo. Atrae a más público y mantiene su interés; solo los incondicionales pagan por ver perder a su equipo cada semana.
Un juego diferente
En definitiva, nuestra investigación sugiere que el fútbol profesional en los próximos meses será probablemente muy distinto, no solo por el eco de los estadios vacíos, sino también en los resultados medibles. Cabe esperar que los equipos locales ganen con menos frecuencia. Los equipos que, entre los partidos que les quedan en la temporada actual, juegan más partidos en casa que fuera podrían no obtener tan buenos resultados como lo habrían hecho de otro modo, lo que afectaría a los campeonatos, los ascensos y los descensos.
La evidencia también sugiere que la actual disputa entre los clubes de la Premier League inglesa, sobre disputar sus partidos restantes en sedes neutrales, se basa en la errónea idea de que la ventaja de jugar en casa no desaparecería si disputan algunos de sus partidos restantes en sus propios estadios vacíos.
