Las empresas necesitan ayuda para superar la creciente desigualdad de datos

A delivery driver pickes up takeaway food that is handed through the window of a restaurant in Beijing as the country is hit by an outbreak of the novel coronavirus, China, March 3, 2020. REUTERS/Thomas Peter - RC26CF9LM982
Many small restaurants are relying on third-party local delivery apps for business.Image: REUTERS/Thomas Peter
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  • La desigualdad de datos abarca la capacidad de realizar análisis y extraer conclusiones de esa información.

  • Durante la pandemia, los actores con menos recursos digitales tienen dificultades para adaptarse y corren el riesgo de perder el contacto con sus mercados.

  • Las pymes necesitan poder comprender mejor a sus clientes, reaccionar ante los conocimientos obtenidos y aprovechar la nueva información en sus operaciones comerciales.

A medida que el impacto de la COVID-19 sigue haciéndose sentir en las economías de todo el mundo, apoyar a las pymes para que mantengan sus operaciones y el empleo es, con razón, una prioridad para los responsables de formular políticas y las empresas líderes del sector. En los próximos meses, las pequeñas y medianas empresas (pymes) deben seguir ocupando un lugar prioritario para garantizar el dinamismo, la diversidad, la estabilidad económica y la creatividad de todas las industrias del mundo.

Sin embargo, la atención que se presta hoy a las necesidades más inmediatas de las pymes puede desviar la mirada de problemas a más largo plazo que también están creciendo a un ritmo preocupante. Un tema, en particular, exige renovar el interés y la atención: la desigualdad de datos.

La desigualdad de datos no solo abarca el acceso a los datos, sino también la capacidad de realizar análisis y extraer conclusiones de esa información. Así como tener una cuenta bancaria no supone una inclusión financiera plena para las pymes si tampoco pueden acceder a capital y otros productos financieros, poseer datos no equivale a la igualdad de datos si las pymes no cuentan con las herramientas y competencias para utilizarlos.

La creciente economía de los datos ya se enfrentaba a importantes desigualdades antes de la pandemia. En la vanguardia de la economía de los datos actual, las empresas altamente digitalizadas convierten los datos en modelos virtuales de última generación para distintos ámbitos comerciales —como compradores minoristas, prototipos de productos y campañas de marketing, entre otros— con el fin de optimizar los resultados empresariales y adaptarse rápidamente a la COVID-19.

Pero en los márgenes de esa misma economía, las empresas poco digitalizadas —en su mayoría pymes— siguen teniendo dificultades para implementar la tecnología básica que necesitan para avanzar hacia un uso y análisis más maduros de los datos. Entre ambos extremos hay millones de empresas que desarrollan sus capacidades en materia de datos en distintas etapas y a diferentes ritmos.

La desigualdad solo se agravará tras la COVID-19. Veamos, por ejemplo, la experiencia de dos restaurantes distintos en China: uno es una cadena mundial de comida rápida que domina el uso de los datos y el otro es una pyme.

La primera empresa utilizó datos y análisis predictivos para reajustar rápidamente su menú, los horarios de entrega y la dotación de personal a las condiciones de cuarentena, y logró proteger sus finanzas. En cambio, la empresa local ha sufrido grandes pérdidas y sigue dependiendo en gran medida de aplicaciones locales de reparto de terceros para operar mientras espera que se recupere la demanda presencial.

Como columna vertebral de la economía de Asia, las pymes, como el restaurante más pequeño, no pueden quedarse atrás y tener que resolver por sí solas las brechas de datos y conocimientos. Las pymes aportan ideas nuevas, energía e innovación a los países. Las empresas locales crean y apoyan comunidades con productos y servicios adaptados a sus necesidades, además de ofrecer oportunidades de empleo. Deben recibir más apoyo y protección.

La situación de muchas de estas pymes es ahora precaria en el mejor de los casos y desesperada en el peor. La COVID-19 ha golpeado los mercados en un momento en que el comercio ya está hiperpersonalizado. Las empresas locales que habían creado esta experiencia a través de canales presenciales ahora deben ofrecerla también en línea. Las empresas que ya tenían estrategias en línea de pronto necesitan ampliar sus operaciones aún más rápido para gestionar su rentabilidad.

En este contexto, los actores con menos recursos digitales tienen dificultades para adaptarse y corren el grave riesgo de perder el contacto con sus mercados y con la información que estos contienen. A medida que se prolongan los efectos de la COVID-19, sus dificultades no harán más que agravarse. Disponer de menos herramientas digitales reduce la resiliencia y la solidez de las empresas. Cuanto más rezagadas queden estas empresas, menos competitivas serán y mayor será la distancia que las separará de los actores con una tecnología más avanzada.

Para ayudar a estas pymes, es necesario revisar las ideas predominantes sobre cómo incorporarlas a la economía digital.

Durante años, las grandes empresas tecnológicas se han centrado principalmente en facilitar el acceso a los consumidores y ofrecerlo a las pymes a través de grandes plataformas de venta minorista, economía colaborativa y reparto. Esta estrategia ha impulsado gran parte de la transformación digital en todo el mundo, pero no ha preparado plenamente a las pymes para la siguiente generación del comercio digital, en la que necesitan algo más que escaparates virtuales. También necesitan poder comprender mejor a sus clientes, reaccionar ante los conocimientos obtenidos y aprovechar la nueva información en sus operaciones comerciales.

Para abordar este problema en Asia-Pacífico, se necesitan redes de alianzas entre empresas privadas y también entre los sectores privado y público de toda la región, comprometidas con los cuatro objetivos siguientes:

1) Acelerar la democratización de la tecnología

Las grandes empresas tecnológicas deben seguir desarrollando plataformas en las que las pymes puedan adquirir competencias, analizar datos y aprovechar la información para sus negocios. Del mismo modo que el desarrollo web dejó de estar exclusivamente en manos de programadores y pasó a ofrecer plataformas más accesibles, las herramientas actuales, más avanzadas, de análisis de datos e inteligencia artificial también deberían estar ampliamente disponibles. Cuantas más personas puedan comprender y utilizar estas herramientas, mayor será su impacto positivo en las economías.

2) Apoyar la formación en competencias

Aunque los responsables de formular políticas y los actores privados ya están haciendo mucho para proporcionar a las pymes las competencias digitales que necesitan para superar la COVID-19, aún hace falta hacer más. Estos esfuerzos deben incluir a todo tipo de entidades —desde microempresas hasta ONG y gobiernos— y prolongarse más allá de la pandemia. Una economía más digitalizada es una economía más sólida y resiliente, y esa fortaleza solo puede construirse con las personas que utilizan la tecnología.

3) Agilizar el comercio

A medida que las pymes comiencen a recuperarse de esta primera ola de COVID-19, buscarán proteger sus negocios de futuras perturbaciones creando cadenas de suministro más ágiles y eficientes y ampliando su acceso a los consumidores. El comercio es fundamental para ambas actividades económicas. Para apoyar mejor a las pymes en esa labor, es necesario facilitar y acelerar esta actividad, sobre todo a través de las fronteras. Esto puede lograrse ampliando plataformas digitales como la Plataforma de Comercio en Red de Singapur y aumentando su interconectividad.

4) Reforzar la ciberseguridad

A medida que avanza la digitalización, también aumentan los riesgos de ciberseguridad asociados. Para proteger el ecosistema digital y mantener la confianza de las pymes y las personas en la economía digital, todas las empresas deberían tener acceso a herramientas de ciberseguridad y a los conocimientos necesarios para proteger sus negocios. Las grandes empresas tecnológicas también deberían establecer e impulsar los estándares más exigentes del sector para todos sus actores.

En resumen, para evitar que la desigualdad de datos empeore durante la COVID-19 y después, quienes cuentan con datos sólidos y las capacidades tecnológicas asociadas deben redoblar sus esfuerzos para garantizar que nadie se quede atrás.

Esto no es una cuestión de responsabilidad social corporativa, sino de necesidad y oportunidad económicas. El éxito de todas las empresas, grandes y pequeñas, está entrelazado en el incierto contexto actual. Ampliar el acceso a las herramientas tecnológicas y las competencias que las pymes necesitan para ser resilientes es una de las formas más eficaces de garantizar que las empresas no solo se recuperen de la COVID-19, sino que también alcancen un futuro digital aún más prometedor.

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