Con tantas terapias novedosas en desarrollo, nunca ha habido un momento más emocionante para ejercer la medicina, afirma el Dr. Andre Goy, presidente y director, jefe de Linfoma del John Theurer Cancer Center, Hackensack University Medical Center. Sin embargo, sostiene en esta entrevista que el aumento de los costos, junto con el envejecimiento de la población y el incremento de las enfermedades no transmisibles, significa que la atención sanitaria mundial necesita «reinventarse por completo».
¿Por qué necesitamos un Consejo Global del Futuro sobre salud y atención sanitaria?
Porque, en la actualidad, nuestros sistemas de atención sanitaria no son sostenibles. Los costos, directos e indirectos, son enormes. En Estados Unidos, donde trabajo, los costos de la atención sanitaria se acercan al 18 % del PIB, y aun así estamos muy lejos de obtener los mejores resultados. Mientras tanto, las poblaciones envejecen y las enfermedades no transmisibles aumentan en todo el mundo. La atención sanitaria necesita reinventarse por completo.
¿Qué tendencias actuales son las más significativas?
Se están desarrollando tantas terapias novedosas que este es el momento más emocionante de la historia para ejercer la medicina; pero el problema es que estas nuevas terapias no necesariamente se traducen aún en mejores resultados, porque no contamos con datos del mundo real que nos permitan clasificar a los pacientes, ayudarles a comprender sus opciones y ofrecerles una hoja de ruta para su tratamiento.
En mi propio campo, la oncología, algunos estudios indican que alrededor de un tercio de todo lo que gastamos es completamente inútil o no hace más que prolongar durante unos meses una vida de baja calidad. Estamos viendo cómo se aprueban nuevos fármacos que pueden ser extremadamente eficaces para un subgrupo de pacientes, pero que se sabe que no funcionan en absoluto en entre el 30 y el 70 % de los casos. Obviamente, eso implica un enorme potencial de desperdiciar recursos y el tiempo de los pacientes si no hacemos bien los diagnósticos.
¿Qué hay que hacer?
La mayor necesidad es disponer de más datos del mundo real: datos estructurados y longitudinales sobre los resultados de pacientes que presentan distintas formas de una enfermedad en diferentes etapas. Los datos de ensayos clínicos realizados en centros especializados no necesariamente ayudan a los médicos a considerar todos los aspectos cuando atienden a un paciente. Por ejemplo, ¿los costos adicionales en un aspecto del tratamiento reducirán los costos en otro?
Para ilustrarlo con un ejemplo, el tratamiento estándar del cáncer de pulmón avanzado es la quimioterapia. Esta proporciona a los pacientes un promedio de 10 meses más de vida. Pero si el cáncer presenta una mutación concreta, un compuesto oral dirigido les proporcionará, en promedio, 48 meses más. Y, para el proveedor, 48 meses de esa terapia oral terminan siendo más baratos, porque no tiene que asumir, por ejemplo, los costosos ingresos hospitalarios derivados de los efectos tóxicos de la quimioterapia.
Sin embargo, las pruebas para detectar esa mutación tienen un costo inicial y, actualmente, solo se ofrece esa prueba al 40-60 % de los pacientes que presentan cáncer de pulmón avanzado. Esto muestra cuánto margen hay para mejorar los resultados mediante la mejora de los datos y los diagnósticos.
¿Quiénes son los actores clave de la reforma?
El desafío de la reforma de la atención sanitaria siempre ha sido la falta de alineación de los incentivos: los responsables de formular políticas, los proveedores, los pagadores y los pacientes quieren cosas distintas. Por eso, nuestra primera tarea es definir objetivos que todos puedan acordar y las vías para alcanzarlos. Necesitamos mejores sistemas para compartir datos, porque eso nos ayudará a mejorar los resultados, algo que todos quieren ver.
Con mejores datos, también resulta más fácil pasar a un sistema de pagos «agrupados», en contraste con las formas tradicionales de organizar la atención sanitaria, en las que los pagadores reembolsan a los proveedores por cada servicio que prestan o por cada paciente que atienden. Los pagos agrupados funcionan si se puede definir el costo previsto por «episodio de atención» para determinados tipos de pacientes. Eso puede reducir los costos para los pagadores, mejorar los resultados para los pacientes y permitir que los médicos se centren en la medicina y no en el dinero.
¿Hasta qué punto son comunes los problemas de la atención sanitaria en los distintos sistemas?
Hay problemas distintos entre las economías desarrolladas y las emergentes, así como entre países con diferentes enfoques culturales de la atención sanitaria, pero el problema de la sostenibilidad es común a todos. Soy originario de Francia, donde el llamado sistema de atención sanitaria «socializado» lleva, en la práctica, décadas en bancarrota. Hay algunos ejemplos de países que lo están haciendo relativamente bien, como Singapur e Israel, pero los responsables de formular políticas están preocupados en casi todas partes, y con razón.
¿Cómo podrían ser la salud y la atención sanitaria en 2030?
Para 2030 tendremos más terapias novedosas. Espero que también contemos con herramientas de diagnóstico que permitan a los médicos clasificar a los pacientes desde el primer momento y asignarles tratamientos que, según datos sólidos del mundo real, den lugar a los mejores resultados para su afección concreta. También espero que dispongamos de herramientas mucho mejores para la prevención: las personas se someterán habitualmente a controles exhaustivos de sus indicadores de salud que no solo les ofrecerán recomendaciones de estilo de vida personalizadas, sino que también les permitirán ver los beneficios de seguirlas, al poder observar cómo mejoran sus indicadores.
Sin embargo, las sociedades de todo el mundo también tendrán poblaciones de más edad y mayores tasas de enfermedades no transmisibles. Más que hoy, tendremos que afrontar preguntas difíciles sobre el costo de tratamientos que prolongan la vida durante períodos breves en los que la calidad de vida es baja.

