¿Cómo puede un estilo de vida ecológico mejorar la felicidad?

Green lifestyle choices like riding bikes can improve wellbeing.
Green lifestyle choices like riding bikes can improve wellbeing.Image: Dana Marin (Amsterdamian)/Unsplash
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  • Una nueva investigación demuestra que las acciones respetuosas con el medio ambiente mejoran la sensación de bienestar de las personas tanto en países ricos como pobres.

  • Adoptar un estilo de vida ecológico —reducir el desperdicio de alimentos, comprar productos más ecológicos, donar dinero a campañas medioambientales o participar en labores de conservación— aumenta la felicidad.

  • El estudio recopiló las opiniones de casi 7.000 personas de Brasil, China, Dinamarca, India, Polonia, Sudáfrica y el Reino Unido.

  • Los resultados se conocen cuando un informe histórico del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático advierte que debemos abandonar de inmediato los estilos de vida con altas emisiones.

La idea de que ser ecológico implica sacrificarse y prescindir de cosas quedó personificada por la descalificación de Boris Johnson del «ecologista chiflado que viste cilicio, abraza árboles y come judías mungo». Cuando el primer ministro británico dijo eso en 2020, el mensaje fue claro: un estilo de vida sostenible puede ser loable, pero representa una situación bastante sombría.

Sin embargo, si examinamos las pruebas, encontraremos una historia distinta. Una amplia gama de investigaciones demuestra ahora que existe una relación positiva entre el comportamiento respetuoso con el medio ambiente y el bienestar personal. Esto podría deberse a que tomar medidas para proteger el medio ambiente nos hace sentir bien al satisfacer necesidades psicológicas básicas, como la sensación de estar haciendo una contribución útil al mundo o de actuar de acuerdo con nuestros propios valores e inquietudes.

El efecto también puede darse en sentido contrario: las personas con un estado de ánimo positivo tienen más probabilidades de prestar atención al medio ambiente y de actuar de una manera que beneficie a más personas que a ellas mismas. Cada vez está más claro que un estilo de vida orientado a consumir cada vez más energía y recursos naturales no es muy bueno para el planeta ni para nuestro propio bienestar, así que resulta tentadora la posibilidad de que, en cambio, las personas puedan vivir mejor consumiendo menos.

Un informe histórico del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) advierte que el abandono de los combustibles fósiles y de los estilos de vida con altas emisiones que estos posibilitan debe comenzar de inmediato. La buena noticia es que, en este proceso, quizá se gane mucho más de lo que la gente cree que se perderá.

Un estilo de vida ecológico es bueno para ti y para el planeta

En una investigación publicada recientemente, mis colegas académicos y yo analizamos minuciosamente la relación entre las acciones respetuosas con el medio ambiente y el bienestar subjetivo (es decir, cuán feliz es una persona). Queríamos averiguar si solo era posible llevar vidas más ecológicas y felices a la vez en países más ricos, o para las personas más acomodadas que viven en ellos. Quizá la posibilidad de sentirse bien con las propias decisiones ecológicas sea un privilegio al que solo algunas personas puedan acceder o que puedan permitirse.

Hasta ahora, esto no estaba claro. Aunque se han llevado a cabo investigaciones sobre este tema en varias partes del mundo, como China, México y el Reino Unido, la mayoría de los estudios se ha centrado en la vida de personas del próspero norte global.

Nuestro estudio utilizó datos de encuestas recopilados de casi 7.000 personas de siete países: Brasil, China, Dinamarca, India, Polonia, Sudáfrica y el Reino Unido. Descubrimos que, independientemente del país en el que vivieran, cuanto mayor era su compromiso con las acciones respetuosas con el medio ambiente —por ejemplo, reduciendo el desperdicio de alimentos, comprando productos más ecológicos, donando dinero a campañas medioambientales o participando en labores de conservación—, mayor era también su bienestar subjetivo. Este efecto se observó en los siete países que investigamos: desde Dinamarca, que ocupa el puesto 11 en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU, hasta India, que ocupa el puesto 130.

A nivel personal, la relación entre el comportamiento ecológico y el bienestar era igual de marcada entre las personas con ingresos bajos que entre las de tramos de ingresos más altos. También descubrimos que, independientemente de lo altruistas o materialistas que se consideraran, el bienestar personal aumentaba en una medida similar cuando las personas se comportaban de forma más respetuosa con el medio ambiente. Parece que ser un «abrazador de árboles» declarado influye poco.

Sin embargo, descubrimos que esta relación entre el comportamiento y el bienestar varía según las culturas. En lugares que suelen considerarse de organización social más colectivista y con una visión del mundo más colectiva —en nuestro estudio, Brasil y China—, observamos que las acciones beneficiosas para el medio ambiente en las que participan varias personas a la vez, como plantar árboles en grupo, tenían un efecto especialmente profundo en el bienestar. No observamos este efecto en las sociedades más individualistas que examinamos, como el Reino Unido y Dinamarca.

Destacar los aspectos positivos

Nuestros resultados sugieren que existe una relación constante entre las acciones respetuosas con el medio ambiente y el bienestar personal, que se observa en distintas partes del mundo y se mantiene en diversas circunstancias y perspectivas personales. Así como una dieta baja en carbono también tiende a ser más saludable, y ir en bicicleta y caminar nos permite hacer ejercicio además de reducir las emisiones, nuestro estudio aporta más pruebas que relacionan el comportamiento ecológico con una mejor calidad de vida.

Para que quede claro, nuestra investigación no pretendía comparar los comportamientos ecológicos con otros tipos de actividades. El estudio tampoco resuelve del todo la cuestión de qué fue primero, si el huevo o la gallina. Puede que un mayor bienestar impulse el comportamiento ecológico tanto como sucede a la inversa. Pero, en cualquier caso, es justo decir que nuestros resultados muestran que las personas respetuosas con el medio ambiente tienden también a ser más felices.

Esto debería ser una buena noticia tanto para los activistas como para los responsables políticos. En vez de dar por sentado que hacer lo correcto por el medio ambiente tiene que ser una carga, deberíamos buscar formas de destacar su potencial positivo. Mejorar el bienestar y hacer frente a la crisis climática puede ser a la vez rentable y atractivo desde el punto de vista social. Las iniciativas y campañas concebidas para promover comportamientos respetuosos con el medio ambiente harían bien en destacar el valor de actuar en beneficio tanto de las personas como del planeta.

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