Las mujeres están ganando terreno en la política de todo el mundo. El año pasado, la llamada «ola rosa» dio lugar a un récord de mujeres elegidas para el Congreso en las elecciones de mitad de mandato de Estados Unidos. También hay señales de progreso en África.
El pasado octubre, el primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed, recibió elogios por su «liderazgo transformador» tras nombrar a un nuevo grupo de ministros, la mitad de los cuales eran mujeres. A principios de febrero, legisladores egipcios propusieron reformar la Constitución para garantizar a las mujeres el 25 % de los escaños del parlamento nacional. Si se aprueba, este cambio aumentaría considerablemente la representación política de las mujeres egipcias. En la actualidad, ocupan apenas el 15 % de los escaños legislativos.
La representación política de las mujeres varía enormemente en África, como muestra el mapa de Mujeres en la Política. En algunos países, como Ruanda, Uganda y Tanzania, las mujeres ocupan una parte considerable de los escaños legislativos. Sin embargo, en muchos otros siguen estando muy poco representadas.
Intenciones dudosas
Algunos cuestionan si el aumento de la representación política de las mujeres es necesariamente algo positivo, sobre todo en el contexto africano. Sostienen que no es del todo casual que muchos de los países que más avanzan en la inclusión de las mujeres en la política progresen mucho menos en materia de democracia.
Como han señalado otras personas, las iniciativas de alto perfil para promover los derechos de las mujeres pueden ayudar a los líderes autoritarios a presentarse como modernizadores. Esperan que esto atraiga el interés de inversores y prestamistas.
Incluir a más mujeres en puestos de poder también puede resultar útil en el ámbito nacional. Permite a líderes con tendencias autoritarias o credenciales democráticas dudosas ampliar su base de apoyo y reforzar la estabilidad política. Las recientes reformas tanto en Etiopía como en Egipto bien podrían ser producto de esas estrategias, en lugar de responder a un compromiso genuino con la promoción de la igualdad de género.
¿Significa esto que no se gana nada al incluir a más mujeres en la política? Puede que no haya garantías de que esto promueva la democracia. Pero hay motivos para creer que podría dar frutos en términos de desarrollo.
Impacto en el desarrollo
Se suele decir que abrir a las mujeres el acceso a puestos de poder político dará lugar a políticas de desarrollo más eficaces y mejor aplicadas. Ahora empezamos a ver pruebas de que, en efecto, así es.
Por ejemplo, varios estudios recientes muestran que mejorar la representación de las mujeres en el parlamento tiene un impacto positivo en el sector sanitario. Las politólogas Amanda Clayton y Pär Zetterberg han demostrado que los «repentinos aumentos por cuotas» —grandes incrementos en la representación parlamentaria de las mujeres tras la introducción de una cuota de género— suelen ir seguidos de aumentos del gasto público en salud.
Otros investigadores han demostrado que el aumento del número de mujeres en el parlamento se asocia con diversos resultados positivos en materia de salud. Entre ellos figuran el aumento de la esperanza de vida de las mujeres y la reducción de la mortalidad materna e infantil.
Estos impactos positivos son notables y tienen sentido. Existe un amplio debate sobre exactamente qué constituye una «cuestión de mujeres», pero hay buenas razones para incluir la salud en esa categoría. Las encuestas del África subsahariana muestran que tanto las ciudadanas como las parlamentarias tienen más probabilidades de considerar la salud una cuestión prioritaria que sus homólogos varones.
Además, esta «brecha de género» en las prioridades es mayor entre legisladores y legisladoras que entre ciudadanos y ciudadanas. En resumen, si ampliar la representación política de las mujeres tiene que surtir efecto en algún ámbito, debería ser en el sector sanitario (y, por supuesto, en los derechos de las mujeres).
Preguntas pendientes
Sin embargo, también hay malas noticias. Aún no está claro exactamente cómo se producen estos impactos positivos en el desarrollo. En el caso de las investigaciones que muestran el vínculo entre los «repentinos aumentos por cuotas» y el gasto en salud, por ejemplo, existe una correlación, pero las afirmaciones sobre efectos causales siguen siendo cuestionables.
Se necesita urgentemente nueva investigación que esclarezca exactamente cómo las mujeres en la política marcan la diferencia. Esto es importante para justificar la campaña en curso por aumentar la representación política de las mujeres en todo el mundo. También permitirá a los donantes internacionales ayudar a las mujeres en política a generar un impacto positivo. Es difícil ayudar a alguien a alcanzar sus objetivos si no se conocen las tácticas de que dispone.
Con esto en mente, una colaboración en curso entre la Universidad de Birmingham y la Fundación Westminster para la Democracia —con el apoyo del Instituto para la Innovación Global— ha comenzado a plantear preguntas importantes sobre las mujeres en los parlamentos africanos. Entre ellas, si las parlamentarias tienen un impacto incluso cuando no alcanzan una «masa crítica» y, de ser así, qué estrategias y tácticas emplean para superar su escaso número.
Nuestra investigación en curso sugiere que las instituciones parlamentarias —incluidos los comités parlamentarios y las bancadas de mujeres— desempeñan un papel importante para ayudar a las políticas africanas a influir en los resultados del desarrollo. Actualmente estudiamos cómo las mujeres de Malaui utilizaron estas instituciones para impulsar algunos cambios importantes en la Ley sobre el VIH y el sida.
Generar los conocimientos necesarios requerirá mucha más investigación, incluida la realizada por expertos de África. Parte de estos conocimientos ya existe en la región. Situar a los expertos africanos al frente de las nuevas investigaciones ayudará a la comunidad internacional a desarrollar programas que vayan más allá de «simplemente añadir mujeres» a la política. También ayudará a las políticas africanas a marcar la diferencia pese a las dificultades.

