Cómo las nuevas tecnologías pueden situar a África a la vanguardia de la atención sanitaria

People watch as a drone, of US company Zipline, takes-off from an operations center in Muhanda, Rwanda October 12, 2016, on its way to deliver blood supplies to remote hospitals. Picture taken October 12, 2016. REUTERS/James Akena - D1BEUHWYMGAB
One of the world's first drones carrying blood for transfusions lands near Kigali, RwandaImage: REUTERS/James Akena
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La Cuarta Revolución Industrial podría transformar por completo la atención sanitaria.

Desde los macrodatos hasta la genómica, la convergencia de avances tecnológicos en los ámbitos físico, digital y biológico está cambiando las herramientas y técnicas más fundamentales de la medicina y la salud pública. IBM ya combina, con su proyecto Watson, cantidades sin precedentes de datos clínicos y sociales para transformar los ensayos de medicamentos y los sistemas de gestión de enfermedades. La secuenciación del ADN ya forma parte de la atención médica habitual en países de todo el mundo.

Como médico, veo un denominador común en los cambios que se avecinan: un enfoque de la atención sanitaria cada vez más centrado en el paciente. Una mejor información y una tecnología más adaptable permiten contar con herramientas y métodos más personalizados para promover el bienestar.

Los sistemas sanitarios del mundo desarrollado, muchos de los cuales se basan en paradigmas de atención del siglo XX, podrían tener dificultades para adaptarse a un mundo de atención «de abajo arriba». Pero en África, donde los sistemas sanitarios se están desarrollando rápidamente, la Cuarta Revolución Industrial podría afianzarse en la atención sanitaria.

Pese a todos los recursos y las ventajas tecnológicas del mundo rico, muchos sistemas sanitarios de Europa y América del Norte siguen anclados en viejas formas de pensar. Se centran en la costosa atención secundaria y terciaria, y hacen hincapié en el tratamiento en lugar de la prevención. Sus normas y procesos dificultan aprovechar plenamente las tecnologías nuevas y ubicuas, como el teléfono inteligente que todos llevamos en el bolsillo. Todo esto es comprensible. Los países altamente industrializados llevan mucho tiempo haciendo negocios de determinada manera en el sector sanitario. Es difícil transformar los sistemas heredados.

Los países africanos tienen la oportunidad de abrir camino hacia un paradigma de atención del siglo XXI. Ya se centran mucho en la atención preventiva. Pensemos en la administración masiva de medicamentos contra enfermedades parasitarias, la quimioprofilaxis contra la malaria y los antirretrovirales profilácticos para prevenir la infección por VIH.

África ya utiliza la tecnología para gestionar las limitaciones de recursos humanos, por ejemplo, mediante servicios de mensajería que permiten a los médicos apoyar a distancia a asistentes de parto capacitados. En todo el continente, servicios basados en teléfonos móviles como SMS For Life han transformado las cadenas de suministro de medicamentos contra la malaria y otros fármacos, reduciendo considerablemente el desabastecimiento de tratamientos.

Estas transformaciones son necesarias. Con el crecimiento de las economías y la urbanización, las enfermedades no transmisibles (ENT) plantean nuevos retos a los sistemas sanitarios emergentes de África. Por ejemplo, las ENT como la diabetes y las cardiopatías ya son responsables de al menos el 40 % de las muertes en Sudáfrica. Se prevé que, en poco más de una década, estas enfermedades sean la principal causa de mortalidad en África.

Creemos que hacer frente a la «doble carga de enfermedad» de África, que comprende tanto las ENT como las enfermedades infecciosas, exigirá desarrollar y adoptar sistemas médicos asequibles y de alta calidad que animen a las personas a cuidar de su propia salud. Las tecnologías móviles y los nuevos avances en atención personalizada nos ayudarán a lograrlo.

Ya se están produciendo cambios en países como Ghana, donde el programa ComHIP busca que los pacientes con hipertensión accedan a la atención sanitaria desde la comunidad, en lugar de acudir al hospital regional, que a menudo está abarrotado y queda lejos.

En toda África, los dispositivos móviles y la telemedicina ayudan al personal de enfermería comunitario a tomar decisiones y garantizan una conexión fluida, cuando hace falta, con los trabajadores sanitarios comunitarios y los médicos. Los mensajes de texto y de voz se utilizan para educar a los pacientes, reducir los factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares y promover la adherencia al tratamiento. Ruanda se convirtió hace poco en el primer país del mundo en incorporar drones a su sistema sanitario para transportar sangre destinada a transfusiones. Tanzania aplica ahora un modelo similar.

Zipline, una empresa de robótica con sede en California, transporta sangre en drones Image: REUTERS/James Akena

Pero no todas las soluciones inteligentes son de alta tecnología. Kigali, la capital de Ruanda, celebra un día sin automóviles cada mes para promover la prevención y el bienestar mediante los paseos a pie y en bicicleta. Pocas ciudades europeas o estadounidenses han logrado hacerlo.

Por supuesto, la doble carga va más allá de África. Los países de Asia y América del Sur afrontan el envejecimiento de la población y los persistentes retos que plantean las enfermedades infecciosas. También están poniendo en marcha programas innovadores que pueden servir de modelo para África y el resto del mundo.

Solo un tercio de los ciudadanos de la India tiene acceso a la atención sanitaria moderna. Aproximadamente dos tercios de la población del país viven en zonas rurales. En este contexto, Novartis creó un programa llamado Arogya Parivar («familia saludable» en hindi) para reclutar y formar a habitantes de aldeas remotas como «educadores sanitarios». Estas personas ayudan a informar a las comunidades sobre la buena salud, la prevención de enfermedades y la importancia de buscar tratamiento a tiempo. Los equipos locales colaboran con médicos para organizar jornadas de salud en aldeas remotas. Se trata de clínicas móviles que ofrecen acceso a pruebas de detección, diagnósticos y terapias. El programa también está probando un proyecto de atención sanitaria electrónica que conecta a los habitantes de las aldeas con médicos de centros de atención primaria. Así, los servicios sanitarios de calidad llegan más cerca de las comunidades remotas.

Arogya Parivar tuvo tanto éxito que desde entonces hemos replicado el programa en Kenia y Vietnam. Desde 2010, las actividades de divulgación rural de estos programas han llevado educación sanitaria a más de 30 millones de personas y beneficios directos para la salud a tres millones de pacientes mediante el diagnóstico y el tratamiento. La aparición de nuevas tecnologías sanitarias transversales reforzará estas innovaciones sistémicas.

Muchos gobiernos africanos aspiran a lograr la cobertura sanitaria universal mediante un sistema de atención primaria eficiente, equitativo e innovador. Es una buena noticia. Mientras los sistemas sanitarios de Europa y América del Norte afrontan una demanda extraordinaria debido al rápido envejecimiento de la población, es posible que adopten innovaciones sencillas desarrolladas en África y otras partes del mundo en desarrollo. En la nueva era de la atención personalizada «de abajo arriba», los países en desarrollo tienen una gran oportunidad de liderar.

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