El número de estudios que han encontrado una relación entre una enfermedad y una composición específica del microbioma intestinal parece seguir aumentando. Hasta hace poco, sin embargo, casi todos estos estudios han analizado enfermedades individuales de forma aislada. Pero la mayoría de las personas suele tener más de un problema de salud a la vez: lo que en la jerga médica se denomina “comorbilidades”.
En nuestro último estudio, publicado en Nature Communications, estudiamos la composición de los microbios intestinales en una serie de enfermedades. Lo que descubrimos nos sorprendió. El tipo de microbios (como Enterobacteriaceae) que aumentaba en una enfermedad aumentaba en prácticamente las 38 enfermedades estudiadas. Además, algunos microbios que podrían considerarse “microbios intestinales sanos” se redujeron en las 38 enfermedades estudiadas.
Utilizamos datos de la cohorte TwinsUK, un grupo único de gemelos británicos de edad avanzada que han compartido su historial de salud y numerosas muestras biológicas durante más de 25 años. Son voluntarios que, como todos los que hemos vivido bastante tiempo, han acumulado problemas de salud con los años: el 96 % de los 2700 que han donado muestras de heces tiene uno o más problemas de salud.
El hallazgo más llamativo de nuestro análisis fue que los microbios no eran específicos de enfermedades individuales, sino del estado de salud general. Desde una perspectiva biológica, esto tiene sentido. El entorno que prefiere cada bacteria es bastante específico; cualquier cosa que lo altere, aunque sea ligeramente, implica que algunas bacterias sensibles no sobrevivirán.
Por ejemplo, el colon es un entorno sorprendentemente pobre en oxígeno (anaerobio). Muchas enfermedades provocan una inflamación de bajo grado, lo que significa que los pequeños vasos sanguíneos se dilatan y los glóbulos blancos salen hacia los tejidos, incluido el intestino. Los glóbulos blancos utilizan el oxígeno como arma, por lo que los niveles de oxígeno en el colon aumentan. Esto puede ser tóxico para las bacterias intestinales normales, que evolucionaron para condiciones estrictamente anaerobias. Un ejemplo es la amigable (aunque de nombre aterrador) bacteria Faecalibacteria Prausnitsii que desaparece en presencia de casi cualquier enfermedad.
Aún se desconoce el efecto en cadena que la pérdida de estos microbios beneficiosos tiene sobre la salud de una persona. Puede que sean simplemente marcadores de buena salud, o que contribuyan activamente a ella. Si de verdad contribuyen a una buena salud, los médicos tendrán que intervenir pronto en el proceso de la enfermedad para mantener vivas estas bacterias beneficiosas. Esto podría implicar tomar prebióticos (alimento para las bacterias beneficiosas) y probióticos al mismo tiempo.
En el futuro, los investigadores podrían incluso encontrar la manera de aislar tus bacterias intestinales sanas y cultivarlas fuera del intestino. Una vez cultivadas en cantidad suficiente, podrían reintroducirse en tu intestino para mejorar tu salud. Es probable que una combinación personalizada de bacterias intestinales sanas sobreviva mejor en tu intestino que un implante aleatorio de cualquier bacteria beneficiosa.
Atención en la comunidad
Una familia de bacterias que aumentó en todas las enfermedades que estudiamos fue Enterobacteriaceae. Estas bacterias están adaptadas para sobrevivir en entornos con más oxígeno que el colon normal, e incluyen bacterias como E. coli, que pueden causar enfermedades muy graves. Además, albergan un alto número de genes resistentes a los antibióticos.

Las bacterias pueden transferirse genes especiales entre sí (transferencia horizontal de genes) para sobrevivir a un ataque masivo de antibióticos. Por tanto, si resulta que las bacterias que portan estos genes también se encuentran en personas con múltiples enfermedades, esto influye en cómo prestamos una atención segura y eficaz a los pacientes, manteniendo el control de las infecciones. Por ejemplo, reunir a un grupo de personas vulnerables en un hospital probablemente creará más oportunidades para que evolucionen cepas virulentas de bacterias. Quizá necesitemos invertir más en tratar a las personas de forma segura en sus propios hogares.
Sensores bacterianos y censo de bacterias
Nuestros hallazgos sugieren que todos podríamos beneficiarnos de ser más conscientes de lo que llevamos exactamente dentro de nosotros. En concreto, sugieren dos cosas.
Primera, las bacterias son buenos sensores de nuestra salud general. Así, en el futuro, podríamos considerar pruebas de heces de venta libre para vigilar nuestra salud general. Una alerta temprana, como una disminución de las bacterias anaerobias, podría ayudarnos a anticiparnos a los problemas. Las pruebas posteriores podrían indicarnos si alguna de las medidas que hemos tomado funciona. Si no es así, podemos cambiar de estrategia.
Segunda, deberíamos hacer un censo periódico de las bacterias que albergamos, especialmente aquellas asociadas a genes resistentes a los antibióticos. La ciencia todavía está en sus inicios, pero conocer la situación de estos microbios podría ayudarnos a preservar los antibióticos para cuando realmente los necesitemos.

