Cómo la COVID-19 impulsa una revolución largamente esperada en la educación

George Washington University student Jillian Kislow takes the final test of her semester in Techniques of Data Analysis online, during the global outbreak of the coronavirus disease (COVID-19), in Pasadena, California, U.S., May 5, 2020
While traditional institutions once viewed online education as a threat, it has come to their rescueImage: REUTERS/Mario Anzuoni
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  • La pandemia ha obligado a las universidades a trasladar sus cursos en línea.

  • Sin embargo, esto es solo un paso en el camino hacia un nuevo paradigma educativo.

  • Cabe esperar que surja un nuevo modelo una vez superada la COVID-19.

La pandemia que ha paralizado las economías de todo el mundo también ha golpeado con fuerza los sistemas educativos de países en desarrollo y desarrollados. Unos 1.500 millones de estudiantes — cerca del 90% de todos los alumnos de primaria, secundaria y educación terciaria del mundo — ya no pueden acudir físicamente a la escuela. El impacto ha sido drástico y transformador, ya que los educadores se apresuran a poner en marcha soluciones viables a corto plazo para la enseñanza y el aprendizaje a distancia, especialmente en los mercados emergentes, donde los estudiantes y las escuelas se enfrentan a retos adicionales relacionados con la financiación y la infraestructura disponible.

Si bien cada nivel educativo afronta retos específicos, es posible que sea el segmento de la educación superior el que, por necesidad, desencadene una revolución del aprendizaje. Las universidades son singulares, ya que sus estudiantes tienen edad suficiente para afrontar las exigencias del trabajo en línea y, además, dominan la tecnología lo bastante como para desenvolverse en nuevas plataformas. El verdadero desafío reside en las instituciones en las que están matriculados. ¿Pueden las universidades tradicionales, de campus, adaptarse eligiendo las tecnologías y los enfoques adecuados para educar e involucrar a sus estudiantes? Los éxitos y fracasos que se produzcan deberían darnos a todos una mejor comprensión de lo que es posible.

En este momento, aplicaciones de videoconferencia como Zoom y Webex son un salvavidas para las universidades. Sin embargo, los profesores siguen teniendo dificultades para mantener el mismo nivel de implicación con los estudiantes que tendrían en un entorno de aula. Necesitan encontrar soluciones, y con rapidez, para evitar una caída en la calidad de la educación que imparten. Las plataformas de educación en línea, como Coursera, cliente de la IFC con presencia mundial, pueden desempeñar un papel útil aprovechando su experiencia en diseño de programas en línea, elección de plataformas tecnológicas y marketing digital para desarrollar los mejores contenidos, junto con los agentes tradicionales o para ellos.

Con el segmento en línea todavía representando una pequeña fracción del mercado mundial de educación superior, valorado en 2,2 billones de dólares (menos del 2%, según la empresa de inteligencia de mercado HolonIQ — el mercado está maduro para la disrupción. Es probable que el interés de los estudiantes por la oferta en línea aumente a causa de la COVID-19. Incluso antes de la pandemia, muchas universidades ya registraban descensos en la matriculación de programas presenciales y un aumento paralelo en la demanda de sus cursos en línea. Con la COVID-19 estamos viendo cómo los disruptores de ayer pueden convertirse en los salvavidas de hoy. Mientras que las instituciones tradicionales alguna vez consideraron la educación en línea como una amenaza, ahora ha acudido en su rescate.

La adopción de soluciones en línea en los últimos meses ha sido sin precedentes. A corto plazo, los educadores aplican una solución de «primeros auxilios», al pasar por completo de la enseñanza presencial a la remota, un cambio al que se han visto obligados por el cierre repentino y obligatorio de los campus. Pero pronto se dan cuenta de que el aprendizaje a distancia es solo un primer paso experimental en el largo camino hacia una educación en línea concebida como tal, que incluya herramientas eficaces de participación de los estudiantes y formación del profesorado. Algunas de las alianzas surgidas entre universidades, empresas de educación en línea y proveedores tecnológicos podrían perdurar más allá de la pandemia.

Por dolorosa y estresante que sea esta época, puede dar forma a un renacimiento largamente esperado y bienvenido de nuestros sistemas educativos. La pandemia ha sido, en cierto modo, un gran igualador, al dar a todas las partes interesadas (educadores, estudiantes, responsables de políticas y la sociedad en general) de los países desarrollados y en desarrollo una mejor comprensión de las vulnerabilidades y deficiencias de los sistemas educativos actuales. Ha subrayado lo indispensable que es para nuestras poblaciones tener alfabetización digital para funcionar y progresar en un mundo en el que el distanciamiento social, una mayor digitalización de los servicios y comunicaciones más centradas en lo digital pueden convertirse cada vez más en la norma. Más fundamentalmente, la COVID-19 nos obliga a cuestionar nociones arraigadas sobre cuándo, dónde y cómo impartimos la educación, sobre el papel de los colegios y las universidades, la importancia del aprendizaje permanente y la distinción que establecemos entre estudiantes tradicionales y no tradicionales.

Esta pandemia también ha hecho que la gente se dé cuenta de lo dependientes que somos de los llamados trabajadores de baja cualificación para mantener nuestras vidas en marcha. Durante los cierres, confinamientos y toques de queda, son estos trabajadores quienes están en primera línea, trabajando en varios turnos para garantizar el suministro y atender nuestras necesidades básicas. Con el tiempo, la automatización seguirá ocupando estos empleos. Aunque siempre habrá servicios prestados por trabajadores de baja cualificación, la mayoría de los nuevos empleos exigirán niveles de cualificación más altos. Poder reciclarse y mejorar sus competencias en este mundo que cambia rápidamente no solo es una necesidad, sino un imperativo económico.

La COVID-19 ha golpeado nuestro sistema educativo como un rayo y lo ha sacudido hasta sus cimientos. Del mismo modo que la Primera Revolución Industrial forjó el sistema educativo actual, cabe esperar que de la COVID-19 surja un modelo educativo distinto.

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