El mundo aún se está recuperando de la perturbación socioeconómica causada por la COVID-19, mientras otros brotes de enfermedades siguen afectando a muchos países.
Los países pueden prepararse para este tipo de riesgo y contrarrestarlo, como demostró Rwanda en 2024 al contener un brote del virus de Marburgo.
La vigilancia nacional de enfermedades es clave, y la cooperación público-privada puede garantizar que sea eficaz y financieramente sostenible.
La vigilancia nacional eficaz de enfermedades es la piedra angular de la seguridad sanitaria pública mundial. Todos los esfuerzos para prevenir y mitigar el impacto de epidemias, pandemias y otras emergencias dependen de sólidas capacidades de vigilancia de enfermedades.
La amplia perturbación socioeconómica causada por la pandemia de COVID-19 puso de relieve la necesidad de renovar el seguimiento de enfermedades y crear soluciones más interconectadas. Formó parte de una tendencia al aumento de los brotes de enfermedades infecciosas, impulsada por el incremento del comercio y los viajes, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la transmisión de patógenos de animales a seres humanos, la urbanización, las crisis humanitarias y el posible uso de armas biológicas. La probabilidad de otro brote de una enfermedad nueva sigue siendo alta: la cruda realidad es que un patógeno de este tipo podría propagarse por todo el mundo en menos de 36 horas.
Solo en 2024, el mundo fue testigo de múltiples brotes de enfermedades. Continuó el repunte mundial del cólera, hubo varios brotes de mpox y un brote de Marburgo, así como el resurgimiento de mosquitos portadores de enfermedades como la malaria, el dengue, el virus del Nilo Occidental y la encefalitis equina del este, en países de ingresos altos y bajos. El virus de Oropouche apareció en nuevas zonas geográficas el año pasado; también hubo una pandemia de H5N1, así como brotes de polio en zonas de conflicto donde ya se había eliminado.
Crear redes nacionales de respuesta
Como dijo el microbiólogo francés Louis Pasteur: «la suerte favorece a la mente preparada». En efecto, los países pueden prepararse eficazmente para este tipo de riesgo y contrarrestarlo. En 2024, por ejemplo, Rwanda contuvo con éxito un brote de uno de los patógenos de alta letalidad más devastadores del mundo: el virus de Marburgo.
El liderazgo y la inversión de Rwanda a lo largo de los años para fortalecer la capacidad nacional de identificar y responder a las amenazas biológicas permitieron una respuesta rápida. Esta incluyó la administración de una nueva vacuna, cuyos ensayos clínicos comenzaron nueve días después de detectarse el brote. Contó con el apoyo de varias alianzas público-privadas, incluida la Misión de los 100 días, para desarrollar rápidamente una vacuna contra patógenos nuevos.
¿Cómo podemos aprovechar estos éxitos para salvar aún más vidas? ¿Qué debe establecerse para garantizar que todas las sociedades estén protegidas por una infraestructura integral de bioseguridad?
La única forma de estar verdaderamente preparados es «ganar tiempo» identificando los riesgos de enfermedad y los brotes lo antes posible. En este sentido, el éxito de Rwanda al contener el virus de Marburgo pone de relieve una idea fundamental: la preparación eficaz ante pandemias no consiste únicamente en capacidades individuales, sino en crear sistemas interconectados y adaptables que puedan responder rápidamente a las amenazas emergentes.
Aunque las alianzas público-privadas específicas y las inversiones nacionales son esenciales, solo representan una parte de un ecosistema mundial de salud complejo. El verdadero desafío y la oportunidad consisten en transformar esfuerzos aislados en una red cohesionada, guiada por inteligencia, que pueda anticipar, detectar y neutralizar posibles riesgos biológicos antes de que se conviertan en crisis de gran escala. Esto debe hacerse de manera sostenible para los socios de los sectores privado y público.
Cómo puede contribuir la industria
Establecer una red de inteligencia sobre enfermedades de este tipo plantea importantes desafíos. Para empezar, las soluciones público-privadas deben ser integrales. La COVID-19 demostró que las enfermedades infecciosas pueden tener un impacto catastrófico en todas las industrias. Disponer de información precisa sobre cómo afectan las enfermedades a las operaciones empresariales, los clientes y los trabajadores es fundamental para garantizar la seguridad y la resiliencia.
La industria también tiene un papel importante en la contribución a la inteligencia sobre enfermedades y en la mitigación del riesgo de pandemias. Por ejemplo, diversos datos que recopilan las empresas —relacionados con las ventas de productos, las imágenes satelitales, las operaciones, los viajes, las aguas residuales y las redes sociales— pueden ayudar a predecir brotes cuando se combinan con datos de salud pública.
Las tecnologías y capacidades que permiten desarrollar sistemas de alerta temprana y detección, y garantizar su funcionamiento para que alimenten sistemas de respuesta eficaces, también se encuentran en el sector privado. Entre ellas figuran el aprendizaje automático, la inteligencia artificial, las telecomunicaciones y el desarrollo de vacunas, tratamientos y diagnósticos. Sin embargo, actualmente la financiación de los sistemas de inteligencia sobre enfermedades proviene casi exclusivamente del sector público, lo que los hace vulnerables al abandono entre emergencias de salud pública.

Una solución para la vigilancia de enfermedades
Para abordar estos desafíos, la Alianza de Preparación para la Bioseguridad mediante Inteligencia, Datos y Compromiso Global (BRIDGE) fue puesta en marcha en mayo de 2024 por el Foro Económico Mundial y la Asamblea Mundial de la Salud. BRIDGE busca mitigar el riesgo de pandemias mediante la promoción de redes de vigilancia de enfermedades interoperables, intersectoriales y financieramente sostenibles.
Estas redes conectarían los sistemas de información existentes y permitirían compartir datos de forma segura y protegida, respetando la privacidad y la soberanía. Para ello, BRIDGE colabora con socios tecnológicos y con distintos sectores para elaborar un «plan de acción» que identifique posibles herramientas, tecnologías y procesos.
Además, para abordar específicamente la sostenibilidad financiera, BRIDGE también estudiará cómo estos sistemas de alerta temprana y vigilancia de enfermedades pueden generar valor para un amplio conjunto de socios en periodos sin pandemia, mediante el desarrollo de casos de uso, modelos de negocio e incentivos.
Un grupo de organizaciones y empresas comprometidas con mejorar la vigilancia de enfermedades se ha unido a BRIDGE para colaborar en la identificación de nuevas soluciones que mitiguen el riesgo de pandemias. Entre ellas figuran Abbott, Anglo American, la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI), Deloitte, Ginkgo Bioworks, The Global Fund, Henry Schein, IQVIA, Luma Group, Microsoft, The Pandemic Fund, Planet Labs, Siemens Healthineers, la Academia Nacional de Medicina de Estados Unidos y la Organización Mundial de la Salud. Para dar estructura a estos esfuerzos, BRIDGE trabajará con dos a cuatro «países líderes» a fin de apoyar y acelerar sus planes y prioridades nacionales.
Esto proporcionará un punto de partida único para emprender acciones intersectoriales concretas que ayuden a hacer converger la salud pública, la bioseguridad y la biodefensa, y permitan actuar para construir la próxima generación de preparación.
Anne Strickland, directora de Operaciones Comerciales y Estrategia en Ginko Bioworks, y Gaurav Garg, director asociado de Salud Pública Mundial en IQVIA AG, también contribuyeron a este artículo.

