Las encuestas telefónicas realizadas en la República Democrática del Congo (RDC) han puesto de manifiesto el impacto social y económico adverso de las perturbaciones relacionadas con la COVID-19.
Si bien estos problemas afectaron en mayor medida a los hogares de menores ingresos, las mujeres también se vieron afectadas de forma desproporcionada.
A continuación, se analiza cómo golpeó la pandemia a la RDC, pero también cómo puede volver a la normalidad.
Desde el inicio de la pandemia de COVID-19, hemos estudiado sus efectos en la República Democrática del Congo (RDC) mediante encuestas telefónicas de alta frecuencia a hogares realizadas en Kinshasa, Kasái y Kasái Central, y en el este de la RDC (Beni, Bunia, Goma y Lubero). En general, hemos constatado que las perturbaciones relacionadas con la pandemia de COVID-19 tienen repercusiones sociales y económicas adversas, como la disminución de los ingresos laborales y no laborales y las estrategias de afrontamiento perjudiciales que se derivan de ello, así como alteraciones en los mercados de bienes y servicios y en los servicios sanitarios y educativos.
Lo más evidente es que la pérdida de empleos y la reducción de los ingresos no laborales han provocado una caída de los ingresos. De hecho, tras el brote de la pandemia de COVID-19, una proporción significativa de los cabezas de familia o de sus miembros no trabajaba. En Kinshasa, casi la mitad de los cabezas de familia declaró no haber trabajado, principalmente por motivos relacionados con la pandemia de COVID-19, mientras que más del 10 % de los hogares sufrió la pérdida de empleo de algunos de sus miembros. Esto también ocurre en el este de la RDC, donde cerca de una cuarta parte de los encuestados declaró haber perdido su empleo a causa de la COVID-19 en junio de 2020.
Al mismo tiempo, la proporción de hogares que recibían remesas en Kinshasa disminuyó del 24,3 % antes del brote de COVID-19 al 16,3 % en abril de 2020, con una tendencia descendente tanto en las cuantías como en la frecuencia. En el este de la RDC, observamos descensos de las remesas en la mitad de los hogares en lo que respecta a las transferencias procedentes del extranjero, y en el 80 % de los hogares en lo que respecta a las transferencias familiares procedentes del país.
Para agravar la situación de los pobres, la alteración de los mercados de bienes y servicios ha provocado inflación en el país, con una tasa de inflación acumulada en 2020 de casi el 16 % frente al 4,6 % del año anterior. Observamos patrones similares en ciudades como Kinshasa (16,6 %) y Goma (16,4 %), lo que denota una reducción de los ingresos relativos y, en consecuencia, un deterioro del bienestar de los hogares.
En consecuencia, los hogares han sufrido una pérdida de ingresos tras el brote de la pandemia. La disminución de los ingresos absolutos y relativos provocó un aumento de la pobreza. De hecho, según las simulaciones, la tasa de inflación del 16,6 % registrada en Kinshasa en 2020 podría haber provocado un aumento de la pobreza de 7 puntos porcentuales. Asimismo, la caída de las remesas podría aumentar la incidencia de la pobreza hasta en 1,4 puntos porcentuales en el caso extremo en que se eliminaran todas las remesas.
La reducción de los ingresos y el acceso limitado a los mercados han provocado un aumento de la inseguridad alimentaria y del hambre. De hecho, el 85 % de los hogares de Kinshasa parece haber reducido su consumo de alimentos, mientras que la inseguridad alimentaria grave se mantuvo elevada en el este de la RDC, con una prevalencia del 63 % a finales de 2020, frente a cerca del 70 % en los meses anteriores. Durante el mismo periodo, la proporción de hogares afectados por la inseguridad alimentaria en Kasái y Kasái Central fue de alrededor del 87 %.
Las alteraciones de los servicios básicos, especialmente en los sectores de la educación y la salud, probablemente han agravado los efectos adversos de la pandemia, lo que ha aumentado la desigualdad y la vulnerabilidad. Por ejemplo, el acceso muy limitado y desigual a herramientas digitales como internet y la titularidad de cuentas con un proveedor de servicios de dinero móvil impidió que la mayoría de los escolares de Kinshasa participaran en actividades de aprendizaje a distancia durante el cierre de las escuelas y que se beneficiaran de las oportunidades de transferencia de dinero. En el este de la RDC, solo 4 de cada 10 hogares declararon tener hijos que participaban en alguna forma de actividad de aprendizaje a distancia en agosto de 2020.
Aunque los hogares más pobres parecen haber sido los más afectados, la situación siguió siendo más preocupante para los hogares encabezados por mujeres. Por lo tanto, para revertir los efectos adversos de la crisis y limitar sus efectos duraderos en las personas pobres y vulnerables, conviene centrarse en este último grupo.
Datos principales de la COVID-19 en Kinshasa e inflación acumulada en la RDC
¿Cómo puede la RDC recuperar la normalidad? Solo con la vacunación masiva de la población. Hemos constatado cierta reticencia de la población congoleña a vacunarse, pues solo cerca del 39 % de los hogares de Kinshasa están dispuestos a hacerlo. Las principales razones para no aceptar las vacunas son la desconfianza hacia la comunidad internacional (44 %), la desconfianza general hacia las vacunas (36,3 %) y las preocupaciones sobre la seguridad de las vacunas, incluidos los riesgos para la salud de adultos y niños (20 %). En general, los hogares más pobres parecían estar más dispuestos que otros a vacunarse. Esto puede deberse a que tienen menos acceso a la información, incluidos los mensajes controvertidos difundidos por las redes sociales. La disposición a vacunarse también es mayor en los hogares encabezados por mujeres que en los encabezados por hombres.
Los hogares del este de la RDC muestran menos reticencia a aceptar la vacuna. Al igual que en el caso de Kinshasa, esta mayor tasa de aceptación de la vacuna puede explicarse por el hecho de que los encuestados del este se cuentan entre los más pobres —ya que todos ellos son elegibles para las transferencias sociales— y tienen experiencia previa con pandemias, en especial con el ébola. Dentro de este grupo, casi el 70 % de los encuestados estaría dispuesto a vacunarse a sí mismo y a otros miembros del hogar una vez que las vacunas en fase de prueba estén disponibles de forma gratuita. Cabe señalar que, entre quienes rechazan la vacuna, los motivos más citados fueron la preocupación por la seguridad de la vacuna (77,5 %) y la desconfianza hacia la comunidad internacional (32,5 %).
Para que la vacunación tenga éxito, es imprescindible informar mejor a la población congoleña, especialmente a la de Kinshasa, sobre sus beneficios y sobre la necesidad de luchar contra la pandemia a escala mundial.

