Cómo el aire limpio podría combatir la COVID-19 y mejorar la concentración

People in an office working.
Employees at the Google head offices in California have improved air quality due to a filtration system.Image: Unsplash/Alex Kotliarskyi
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  • La mala calidad del aire puede afectarnos más de lo que pensamos.

  • Algunas empresas, entre ellas Google, han tomado medidas para mejorar la calidad del aire de sus empleados.

  • Con medidores de CO2, métodos de filtración del aire y sistemas de flujo de aire de nuevo diseño, la calidad del aire en interiores puede mejorar notablemente.

A veces, lo mejor que se puede hacer es invisible.

Como combatir el cólera garantizando que el agua potable no estuviera contaminada por aguas residuales, como ocurrió en Londres en la década de 1840.

O establecer un sistema de comercio de derechos de emisión, que redujo las emisiones, a pesar de que el exprimer ministro Tony Abbott lo criticó calificándolo de “supuesto mercado de la no entrega de una sustancia invisible a nadie”.

El aire libre de contaminación es tan invisible como el agua no contaminada, pero la defensa del aire aún no está tan ampliamente aceptada como la del agua.

La contaminación atmosférica de los vehículos a motor mata a unos 280 australianos al año, y, sin embargo, la gasolina australiana puede contener 15 veces más azufre que la gasolina vendida en Estados Unidos, Reino Unido, Europa, Corea, Japón y Nueva Zelanda. Australia prevé adoptar en 2024 la norma que otros países aplicaron en 2015.

Y la mala calidad del aire nos perjudica de formas que van más allá de la muerte.

La mala calidad del aire perjudica el rendimiento

Un nuevo estudio realizado en seis países con trabajadores de oficina, desde China hasta Estados Unidos, reveló que, cuando la ventilación es deficiente y los niveles de material particulado son altos, los trabajadores rinden peor o más lentamente en pruebas de sumas y restas y de codificación de palabras por colores.

Otro estudio sobre la relación entre la calidad del aire en interiores y los jugadores de ajedrez de competición reveló que, cuando la concentración de partículas finas con un diámetro inferior a 2,5 micrómetros (0,0025 mm, más conocidas como PM2,5) aumenta al máximo, los jugadores son un 26 % más propensos a cometer errores.

El efecto es peor si los jugadores se quedan sin tiempo.

Los empleadores inteligentes lo reconocen. Cuando Google se trasladó a una nueva sede en Mountain View, California, se le ofreció un sistema de filtración del aire que reducía los contaminantes a 0,0001 partes por mil millones. Optó por cero partes por mil millones, y pagó más por conseguirlo.

Si el rendimiento y la educación importan (y así es: el lunes el Gobierno puso en marcha una nueva investigación sobre la productividad), deberíamos tratar el aire limpio como una inversión en productividad, por encima de su indudable beneficio para contener la propagación de la COVID.

Aquí va mi gran idea. El programa de A$14 000 millones Construyendo la revolución educativa que puso en marcha el Partido Laborista durante la crisis financiera mundial ayudó tanto a combatir la crisis como a dejar a Australia con miles de salas polivalentes escolares.

En cuanto a legados, no está mal. Las salas se han usado para asambleas y obras de teatro, y para el cuidado antes y después de la jornada escolar.

Pero un programa diseñado para contener la propagación de la COVID que dejara a Australia con escuelas y lugares de trabajo en los que sus ocupantes pudieran pensar con claridad y rara vez contrajeran infecciones aportaría un dividendo duradero.

Muchas escuelas tienen ventanas que se pueden abrir, al igual que algunos lugares de trabajo. Pero en invierno y por motivos de seguridad a menudo están cerradas y no se vuelven a abrir.

La profesora distinguida Lidia Morawska, directora del Laboratorio Internacional de Calidad del Aire y Salud de la Universidad Tecnológica de Queensland, afirma que el aire exterior contiene normalmente unas 420 partes por millón de dióxido de carbono.

Una mejor calidad del aire puede ayudar a mejorar la productividad Image: The Conversation/Science Magazine

Por encima de unos cientos de partes por millón en interiores, los aerosoles que transportan virus circulan en lugar de dispersarse. En salas y oficinas cerradas pueden viajar grandes distancias y permanecer suspendidos durante horas. Por encima de 1000 partes por millón (y en interiores, muchas veces 1000 ppm es lo habitual), nuestra capacidad de concentración disminuye.

Para combatir la COVID en las aulas, las autoridades educativas de Victoria, Nueva Gales del Sur, Queensland, Australia Occidental, Australia Meridional, Tasmania y el ACT y el Territorio del Norte afirman que están dispuestas a instalar purificadores de aire donde sea necesario.

El ACT reutiliza los que compró para filtrar el humo durante los incendios forestales de 2020. Victoria ha sido la que más ha avanzado y ha encargado 51 000 a Samsung.

Estos filtros de aire de alta eficiencia para partículas (HEPA, por sus siglas en inglés) funcionan eliminando partículas ultrafinas en lugar de introducir aire del exterior.

Los purificadores portátiles son una solución provisional

Como solución provisional para combatir la COVID, la profesora Morawska considera que los purificadores son adecuados. Pero afirma que, en cuanto pase la COVID, es probable que se guarden en los armarios y no se utilicen hasta la próxima vez. Es poco probable que produzcan un beneficio duradero.

Alemania ha instalado medidores de carbono en sus escuelas Image: Unsplash/Matthias Heyde

Una solución mucho más barata y quizá más duradera sería comprar o exigir medidores de dióxido de carbono (C0₂) económicos (los medidores portátiles pueden costar menos de 100 $) para cada aula, oficina y tienda.

Los medidores de uso intensivo se pueden montar en las paredes y configurar para que se iluminen en rojo cuando el aire esté contaminado. Hay en escuelas de toda Alemania.

Los medidores de C0₂ hacen más que supervisar el dióxido de carbono.

Al calcular cuánto hay en las salas donde ha habido personas, miden la ventilación. Son una buena guía para saber si el aire circula y si los virus y las toxinas se están diluyendo.

Instalar medidores y asegurarse de que sus lecturas se muestren quizá sea una de las intervenciones más rentables para combatir la COVID que existen, y nos deja el beneficio duradero de un aire tan seguro como lo es nuestra agua.

Los medidores hacen visible lo invisible

El coste inicial sería bajo en comparación con los 14 000 millones de dólares gastados en salas polivalentes escolares.

El beneficio duradero sería la conciencia de cuándo y dónde necesitamos abrir ventanas e invertir en la instalación de mejores sistemas de flujo de aire, y de cuándo y dónde no.

El coste de la mala calidad del aire en interiores no solo se puede medir en miles de millones, sino en miles de millones al año. A finales de la década de 1990, la CSIRO calculó un coste de 12 000 millones de dólares al año. Dos décadas después, los coronavirus y el humo de los incendios forestales lo harían aún mayor.

Se nos ha ofrecido una oportunidad rentable de hacer visible lo invisible y prolongar nuestra productividad y esperanza de vida. Creo que deberíamos aprovecharla.

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