Cómo afrontan el confinamiento por coronavirus las personas pobres de las zonas rurales de India

Women walk through an empty street during nationwide lockdown in India to slow the spread of the coronavirus, in Jugyai village in the central state of Madhya Pradesh, India, April 8, 2020.
Women walk through a deserted village in India during the lockdown, April 2020Image: REUTERS/Danish Siddiqui
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  • La COVID-19 y el confinamiento han mermado drásticamente los ingresos y amenazan la seguridad alimentaria de la población rural de India.

  • La ayuda prometida por el Gobierno todavía no ha llegado a muchos hogares.

  • Como muestran estos ejemplos, invertir en las redes de mujeres y en el emprendimiento podría ser el mejor camino a seguir.

Ha pasado más de un mes desde que el primer ministro de India, Narendra Modi, anunció un confinamiento total en todo el país con apenas unas horas de aviso. En el momento del anuncio, el país apenas tenía unos cientos de casos de COVID-19. Sin embargo, Modi consideró que el país no podía permitirse un brote del virus. Y tenía razón, dado que nuestro acceso a la atención sanitaria y su calidad se encuentran entre los más bajos del mundo.

Mann Deshi es una organización de mujeres rurales dedicada al empoderamiento económico de las mujeres. Estamos en Mhaswad, una zona de Maharashtra propensa a la sequía. Gestionamos el primer banco cooperativo del país para mujeres rurales y dirigido por ellas, 20 escuelas de negocios y cámaras de comercio que ayudan a las microempresarias a crear y hacer crecer sus empresas. También gestionamos una emisora de radio comunitaria que llega a unas 100.000 personas.

El primer ministro pidió a las comunidades que se unieran y se apoyaran mutuamente. Para las personas pobres, con escasos recursos económicos y sin ingresos, es una petición enorme. Pero nos ha inspirado profundamente ver a nuestro alrededor miles de actos de bondad y resiliencia. Los pequeños agricultores y los agricultores marginales han comenzado a distribuir gratis sus productos entre las familias vulnerables de sus aldeas; los vecinos, que apenas tienen suficiente para alimentar a sus propias familias, han empezado a compartir las verduras de sus huertos; y cuando nuestros trabajadores de base elaboraron una lista de más de 10.000 familias que sufrían inseguridad alimentaria, un generoso financiador y voluntarios de la comunidad dieron un paso al frente para ayudar a las más vulnerables con alimentos y artículos de higiene esenciales.

Casos confirmados de coronavirus, recuperaciones y muertes en IndiaImage: Statista

La ayuda alimentaria inmediata es una preocupación, y la seguridad también. Como los ingresos de la mayoría de las mujeres se habían agotado, nuestro personal sobre el terreno se planteó la posibilidad de fabricar mascarillas para que algunas pudieran ganarse la vida. Roopali Pavnikar, cuyo negocio de confección de camisetas se había suspendido, ofreció sus máquinas para cortar grandes paños de tela. Ranjana Kulshetty, que fabrica bolsas de yute, ofreció sus 10 máquinas de coser para empezar a hacer mascarillas. Al difundirse la noticia sobre estas mujeres, otras dieron un paso al frente y se ofrecieron a conseguir materiales, producir y distribuir mascarillas, impartir formación y supervisar la calidad. Mientras la mayoría intentaba encontrar la manera de llegar a fin de mes, estas empresarias de distintas regiones compraron máquinas de coser y cortar (una inversión posiblemente arriesgada) y empezaron a subcontratar trabajo y contratar empleados. En pocas semanas, 286 mujeres habían producido más de 300.000 mascarillas de alta calidad. Nuestra plataforma —a través de la cual proporcionamos capital inicial, información sobre seguridad y calidad y acceso a canales de distribución— ofreció a las mujeres la oportunidad de asumir el liderazgo y desarrollar sus empresas.

No es de extrañar que el recaudador del distrito, la máxima autoridad gubernamental de la zona, se pusiera en contacto con nosotros. Tiene a su cargo a tres millones de personas y afronta una enorme escasez de equipos de protección individual (EPI) y mascarillas N95. ¿Podríamos ayudar a suministrarlos al hospital del distrito y a las clínicas locales?

Trabajamos con activistas de salud social acreditadas (ASHA), que vigilan la salud de sus aldeas. Son trabajadoras sanitarias de primera línea de nuestro país: decenas de miles de mujeres que viven en todas las aldeas de India y van de puerta en puerta para vigilar la salud de sus comunidades. Lamentablemente, también están entre las trabajadoras gubernamentales peor pagadas. Durante este periodo, visitan con regularidad hasta 100 hogares cada una, recopilan información médica detallada e informan al estado de los casos de COVID-19 o de los casos sospechosos. Y lo hacen sin ningún equipo de protección. Hemos distribuido mascarillas y desinfectante a unas 1.200 mujeres y estamos organizando un servicio de asesoramiento y apoyo para ellas.

Casi una cuarta parte de la población de India vive por debajo del umbral de pobreza y hasta 500 millones de personas trabajan en el sector informal, y salen adelante con ingresos diarios o semanales. Entre ellas se encuentran las tiendas de comestibles de barrio, nuestros microempresarios de base y nuestros agricultores, que hacen todo lo posible por atender muchas de nuestras necesidades. Son fundamentales para nuestras vidas y para la salud de nuestra economía. Lamentablemente, las ayudas públicas ofrecidas son sumamente insuficientes y, hasta la fecha, no han llegado a muchas de las personas que las necesitan. Millones pasan hambre por falta de trabajo y, sin dinero para sembrar la próxima cosecha, se cierne una enorme crisis alimentaria.

Nuestra experiencia ofrece posibles soluciones.

En primer lugar, invertir en las redes de mujeres fortalece la resiliencia desde las bases, protege a las personas vulnerables y permite que surjan soluciones innovadoras impulsadas desde abajo. Nuestro enfoque ha consistido en centrarnos en el emprendimiento de las mujeres, proporcionándoles capital de trabajo y programas de formación. Cuando las mujeres dirigen empresas y obtienen y controlan más ingresos, se convierten en quienes toman decisiones en sus familias y comunidades. Esto anima a otras mujeres a hacer lo mismo.

En segundo lugar, estas redes ofrecen a los actores estatales y no estatales la oportunidad de colaborar de manera productiva con grandes grupos de mujeres de base como socias. Así se generan buena voluntad y confianza en las capacidades y los conocimientos especializados locales y externos, para diseñar conjuntamente soluciones que beneficien a todas las partes. Nuestro programa de fabricación de mascarillas es un ejemplo de un modelo que puede ampliarse con facilidad y rapidez gracias a una inversión privada inicial adicional. Puede beneficiar a miles de microempresarios y a sus clientes, y canalizar recursos para alcanzar objetivos de desarrollo. Nuestra radio comunitaria es una plataforma que permite a las autoridades gubernamentales llegar a un gran número de personas a través de una fuente local de confianza y, al mismo tiempo, ofrece a esos mismos grupos la oportunidad de interactuar con las autoridades. Cuando destaca la extraordinaria labor de servicio que prestan los trabajadores gubernamentales de primera línea, genera confianza y fortalece los vínculos.

En tercer lugar, nuestro banco cooperativo está desarrollando un producto de financiación con recibos de depósito en almacén para las agricultoras, que ofrecerá una forma de combatir la inseguridad alimentaria y garantizar que los agricultores también obtengan medios de vida dignos.

Los distritos, los estados y las naciones deben centrar su atención en invertir en el emprendimiento de las mujeres de base y en sus redes. Ahora más que nunca.

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