Casi tres años después del inicio de la pandemia, los mitos y la desinformación sobre la COVID-19 siguen muy extendidos.
Aquí, un virólogo y un investigador de salud pública desmontan algunos mitos comunes sobre la COVID: desde la idea de que el virus se está volviendo más leve hasta la creencia de que las vacunas no son eficaces.
Una respuesta eficaz de salud pública debería combinar vacunas actualizadas contra este blanco cambiante con la limitación de las infecciones para ralentizar la evolución viral, afirman.
Casi tres años después del inicio de la pandemia, los mitos y la desinformación siguen muy extendidos. Aquí, un virólogo y un investigador de salud pública desmontamos algunos mitos comunes sobre la COVID.
Mito 1: El virus se está volviendo más leve
Existe un mito muy extendido en la era de ómicron según el cual SARS-CoV-2 (el virus que causa la COVID-19) se está volviendo «más leve».
Es cierto que las primeras variantes de ómicron (BA.1 y BA.2) tenían menos probabilidades que delta de causar una enfermedad grave, en parte porque era más probable que infectaran las vías respiratorias altas que las bajas. Esto significa que las infecciones por ómicron no afectaban a los pulmones con tanta agresividad como delta.
Pero los resultados de la enfermedad dependen fundamentalmente de la inmunidad y, en este sentido, el Reino Unido tiene una situación privilegiada. Cuando BA.2 llegó a Hong Kong en la primavera de 2022, la menor cobertura de vacunación provocó un brote devastador.
Incluso en la población de Inglaterra, ampliamente vacunada, hubo casi 29.000 muertes por COVID entre enero y principios de noviembre de 2022, además de decenas de miles de hospitalizaciones.
Puede que el riesgo individual haya disminuido, pero el elevado número de infecciones y reinfecciones por ómicron tiene un impacto considerable en la población. Las subvariantes siguen escapando a la inmunidad de los anticuerpos, y algunas (como BA.5) parecen haber recuperado una preferencia por las vías respiratorias bajas. Esto, junto con otros factores, aumentó el riesgo de hospitalización con BA.5 en comparación con BA.2.
Así que SARS-CoV-2 no es intrínsecamente leve, ni necesariamente se está volviendo más leve. También debemos recordar que millones de personas no pueden responder eficazmente a las vacunas o corren un riesgo mayor. Una respuesta eficaz de salud pública debería combinar vacunas actualizadas contra este blanco cambiante con la limitación de las infecciones para ralentizar la evolución viral.
Mito 2: La COVID solo afecta a las personas mayores y vulnerables
Una razón común por la que la gente no se vacuna es percibir un bajo riesgo personal de infección. De nuevo, una alta prevalencia amplifica los riesgos individuales, aunque sean pequeños. En las personas jóvenes, incluso una infección leve puede provocar COVID persistente, que afecta a hasta uno de cada cinco adultos de entre 18 y 64 años.
Este mito resulta particularmente problemático en relación con los niños. Los niños son mucho menos propensos que los adultos a padecer una COVID grave, pero, entre las enfermedades infecciosas pediátricas, la COVID es una causa importante de muerte y enfermedad. Los niños también pueden desarrollar COVID persistente. A pesar de la falta de contundencia de los mensajes del Gobierno británico, muchos organismos sanitarios de todo el mundo recomiendan vacunar a los niños contra SARS-CoV-2.
Mito 3: Lavarse las manos basta para evitar la propagación de la COVID
SARS-CoV-2 se propaga a través de partículas diminutas de humedad suspendidas en el aire, llamadas aerosoles. Las gotículas (por ejemplo, las que se expulsan al estornudar) y los fómites (objetos contaminados por gotículas) también influyen, pero no son la principal vía de propagación.
Por tanto, la ventilación y las mascarillas son fundamentales para reducir la transmisión de la COVID. Sin embargo, lavarse y desinfectarse las manos han sido medidas contra la COVID más populares.
Algunas organizaciones tardaron en aceptar la transmisión por el aire. Por eso, los mensajes difundidos al inicio de la pandemia, incluidos los del Gobierno británico, hicieron demasiado hincapié en la importancia de lavarse las manos.
Un fenómeno psicológico conocido como «efecto de primacía» describe cómo las personas se ven más influidas por las primeras cosas que experimentan y conservan esos conceptos. Parece que el enfoque inicial en las gotículas y los fómites quedó grabado en la mente de la gente, incluso después de saber que SARS-CoV-2 se transmitía por el aire.
La higiene de manos es importante para reducir la transmisión de otras enfermedades, pero no basta para los virus que se transmiten por el aire.
Mito 4: Las mascarillas no funcionan
Las mascarillas funcionan porque protegen a quien las lleva y a los demás. Pero, como ocurre con todas las medidas de mitigación, nunca son eficaces al 100 %. Las mascarillas funcionan mejor junto con otras medidas y deben llevarse correctamente.
Las mascarillas van desde las de tela hasta las quirúrgicas, pasando por los respiradores FFP2/N95 y FFP3/N99. Cualquier barrera ayuda, pero las mascarillas de tela limitan principalmente las gotículas y hacen poco para proteger a quien las lleva de los aerosoles. Las mascarillas quirúrgicas con capas no tejidas son mucho mejores, aunque siguen ofreciendo una protección limitada en comparación con los respiradores.
Si se llevan correctamente, los respiradores FFP2 y FFP3 filtran el 95 % y el 99 % de las partículas, respectivamente, incluso las del tamaño de los aerosoles. De este modo, protegen a quien los lleva y a los demás.
Mito 5: Las vacunas no reducen la transmisión
Delta provocó un número notable de infecciones posvacunación en personas vacunadas, y la reinfección ahora es común con ómicron. Esto se debe a la evolución de mutaciones que evaden los anticuerpos en la proteína de la espícula de SARS-CoV-2, junto con la disminución natural de los anticuerpos.
La investigación respalda de forma sistemática que la vacunación reduce tanto la transmisión de ómicron como la gravedad de la enfermedad. Los estudios muestran que, aunque no elimina por completo el riesgo, las personas vacunadas que contraen infecciones posvacunación tienen menos probabilidades de transmitir el virus a otras personas.
Mito 6: Las vacunas se desarrollaron con demasiada rapidez
Los ensayos de las vacunas contra la COVID no se aceleraron indebidamente. La extraordinaria cooperación, la amplia financiación y un diseño innovador agilizaron el proceso. Pero el mayor cuello de botella habitual —el reclutamiento de pacientes— se evitó gracias a la enorme cantidad de personas expuestas a SARS-CoV-2.
Se estima que las vacunas salvaron 20 millones de vidas en todo el mundo en 2021. Pero, por eficaces que sean, las vacunas, como todos los medicamentos, no son perfectas.
Hasta octubre de 2022, la Oficina Nacional de Estadística del Reino Unido registró 56 muertes en Inglaterra y Gales relacionadas con las vacunas contra la COVID. Todas estas muertes son tragedias. Los sistemas de notificación de pacientes, como el sistema de tarjeta amarilla de la Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios, muestran cifras más altas antes de las investigaciones.
¿Cómo está contribuyendo el Foro Económico Mundial a mejorar la atención sanitaria?
El Centro para la Salud y la Atención Sanitaria conecta a líderes para comprender los desafíos que afrontan los sistemas de salud de todo el mundo, incluidos el acceso, la equidad, la resiliencia y la preparación.
Mediante un diálogo de confianza y la colaboración público-privada, el Centro permite que sus socios se coordinen en torno a prioridades compartidas y promuevan acciones colectivas para mejorar los resultados de salud.
Cuando millones de personas se vacunan, en raras ocasiones se producen reacciones graves y potencialmente mortales. Esto se debe en parte a nuestra diversidad genética, aunque también contribuyen otros factores.
Entre las reacciones poco frecuentes se encuentran la anafilaxia (reacciones alérgicas a los componentes de la vacuna), los coágulos sanguíneos y la miocarditis y la pericarditis (inflamación del músculo cardíaco o del saco que lo rodea).
Tras millones de inoculaciones, quedó claro que la vacuna de AstraZeneca podía provocar coágulos sanguíneos poco frecuentes en las venas. Si no se tratan, pueden ser mortales. Son más frecuentes en adultos jóvenes, pero actualmente el Reino Unido utiliza principalmente vacunas de ARNm.
La miocarditis tras la vacunación con ARNm ha suscitado preocupación, sobre todo en varones adolescentes, pero generalmente es poco frecuente, leve y desaparece por sí sola. En cambio, la miocarditis causada por una infección por COVID es más frecuente, duradera y mucho más propensa a requerir cuidados intensivos. En otras palabras, los beneficios de la vacunación contra la COVID superan claramente los riesgos.

