Los voluntarios pueden seguir con sus actividades cotidianas mientras sus computadoras ayudan a encontrar curas para enfermedades como el cáncer, el Parkinson y la gripe.
El proyecto sobre la COVID-19 ha recurrido a la colaboración masiva de más de 1 millón de dispositivos para ayudar a clasificar decenas de miles de moléculas.
La ciencia ciudadana ha experimentado un auge en los últimos años con el avance de la electrónica de consumo, pero existe desde la década de 1900.
Más de 200 000 voluntarios de todo el mundo están ayudando a encontrar posibles tratamientos para la COVID-19, al ejecutar simulaciones en sus computadoras y portátiles domésticos.
Mientras ya se están empezando a administrar las vacunas, la búsqueda de un tratamiento eficaz para las personas infectadas con el virus continúa.
La iniciativa es una colaboración entre la organización de computación distribuida Folding@home y COVID Moonshot, un proyecto de colaboración masiva para acelerar el desarrollo de antivirales contra la COVID-19. Amazon Web Services (AWS, por sus siglas en inglés), la plataforma de computación en la nube bajo demanda de Amazon, ha donado servidores al proyecto.
Sprint final
La computación distribuida permite que cualquier persona con una computadora doméstica, un portátil o una máquina virtual contribuya con potencia de cálculo a una causa común; en este caso, a simular el proceso de ‘plegamiento’ de las proteínas. La iniciativa sobre la COVID-19 ha aprovechado la potencia de cálculo de más de 1 millón de dispositivos personales. Los voluntarios de Folding@home participan en “sprints” de una semana, durante los cuales pueden optar por dedicar toda su potencia de cálculo a ejecutar simulaciones moleculares.
Estos “sprints” “han ayudado a clasificar decenas de miles [de] posibles moléculas que sintetizar para abordar preguntas complejas sobre la optimización de la unión de los compuestos principales de COVID Moonshot”, afirman Maggie Carter y Grace Kitzmiller, del Programa de Respuesta ante Desastres de AWS.
El proyecto ha reunido una de las mayores bases de datos públicas de simulaciones de proteínas del mundo, que Folding@home comparte ahora como un conjunto de datos abierto en AWS, para que los investigadores de todo el mundo puedan acceder fácilmente a estos datos y acelerar la búsqueda de terapias contra la COVID-19.
“Cuantos más voluntarios se sumen al esfuerzo, más diseños potenciales se podrán evaluar y más rápido podrá Moonshot identificar una terapia potente y segura para llevarla a ensayos clínicos”, afirman Carter y Kitzmiller.
Auge del científico ciudadano
Folding@home está gestionado por un consorcio de laboratorios de investigación dirigido por expertos en simulación de proteínas en el Bowman Lab, parte de la Universidad de Washington en St. Louis, Misuri. Desde su lanzamiento en el año 2000, el consorcio ha estudiado numerosas enfermedades con la ayuda de voluntarios, o ‘científicos ciudadanos’.
“Mientras usted sigue con sus actividades cotidianas, su computadora trabajará para ayudarnos a encontrar curas para enfermedades como el cáncer, la ELA [esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad neurológica poco frecuente], el Parkinson, el Huntington, la gripe y muchas otras”, explica Folding@home en su sitio web.
Cuando la COVID-19 se convirtió en una pandemia mundial, la organización reorientó sus esfuerzos para centrarse por completo en comprender mejor el virus.
Antes de la pandemia, 30 000 dispositivos ejecutaban Folding@home; para mayo de 2020, esa cifra había aumentado a más de 1 millón.
Una comunidad global
La ciencia ciudadana ha experimentado un auge a medida que la tecnología ha dotado a los consumidores de dispositivos y aplicaciones para capturar, procesar y compartir datos, entre ellos cámaras, grabadoras de audio y sistemas de navegación por satélite.
Según la revista Nature, los orígenes de la ciencia ciudadana se remontan a la década de 1900, cuando una sociedad de conservación de aves persuadió a los estadounidenses de contar aves en lugar de cazarlas.
Hoy en día, millones de personas en todo el mundo contribuyen a la investigación científica a través de proyectos y plataformas de ciencia ciudadana.
Entre ellos se encuentran Zooniverse, una comunidad en línea con 1,6 millones de usuarios registrados que contribuyen a proyectos de investigación dirigidos por cientos de investigadores. Entre los proyectos figuran la clasificación de animales en el Serengeti, el descubrimiento de nuevos exoplanetas mediante el telescopio espacial Kepler, la contribución a la comprensión de la estructura social y las historias de vida de las ballenas beluga en Canadá, y la creación de un archivo de registros del Holocausto.


