Última actualización: 11 de marzo de 2020.
Una serie de confinamientos estrictos restringió los movimientos de la población.
Se utilizaron aplicaciones de redes sociales para controlar los desplazamientos de las personas.
Las nuevas tasas de infección son ahora inferiores a las de alrededor de otros 15 países.
Los primeros informes de un brote llegaron el 31 de diciembre de 2019. Una semana después se confirmó que se estaba propagando un nuevo coronavirus. En ese momento, no se había registrado ninguna muerte relacionada con el virus. Pero eso cambió pronto.
En cuestión de semanas, el número de fallecimientos aumentó rápidamente y China se convirtió en el epicentro de la preocupación mundial por el coronavirus. Pero ahora, que la Organización Mundial de la Salud califica el coronavirus de pandemia, la disminución de los nuevos contagios podría convertir al país en un caso de estudio sobre cómo controlar la COVID-19.
«China ha hecho un trabajo increíble para frenar la propagación del virus», explica David Aikman, director representante jefe del Foro Económico Mundial en China. «Me impresiona ver el delicado equilibrio que busca el Gobierno chino entre reactivar el crecimiento económico y proteger la salud pública, y creo que muchos países podrían aprender de la experiencia de China».
Pero ¿cómo actuó para contener el virus?
Confinamiento
El 23 de enero, Wuhan y otras 15 ciudades de la provincia de Hubei fueron sometidas a una estricta cuarentena después de que la zona se viera desbordada por los contagios de coronavirus. Se movilizó a trabajadores sanitarios de toda China para prestar ayuda y se construyeron dos hospitales en poco más de una semana para atender al creciente número de pacientes.
El confinamiento afectó a más de 50 millones de personas. Se suspendieron los servicios de transporte público, incluidos autobuses, trenes, vuelos y ferris. En Wuhan también se cerraron el aeropuerto, la estación de tren y el sistema de metro, y nadie podía salir de la ciudad sin permiso.
Poco después también cerraron las fábricas, las oficinas y las escuelas. Además, las autoridades utilizaron plataformas sociales y aplicaciones populares para vigilar los desplazamientos, con un sistema de semáforo verde, amarillo y rojo en los teléfonos móviles que ayudaba a los funcionarios a determinar si se debía permitir que los usuarios pasaran los controles de las estaciones de tren y otros puntos de control.
Sin duda, estas medidas fueron estrictas, pero parecen estar dando resultado.
«Algunas de las medidas más eficaces que ha adoptado China para reducir la tasa de transmisión consisten en fomentar el teletrabajo, cerrar las escuelas y prohibir las grandes concentraciones», explica Aikman.
La labor de la ciudadanía también ha sido importante: lavarse las manos, reducir los desplazamientos y no sobrecargar los sistemas sanitarios. «La combinación de políticas de arriba abajo y el compromiso de abajo arriba de la gente común para combatir la propagación del virus está demostrando ser muy eficaz».
China registra ahora sus tasas más bajas de infección por COVID-19 desde diciembre, con menos casos nuevos que otros 15 países. En todo el país, la gente está volviendo al trabajo y el presidente Xi Jinping ha visitado Wuhan por primera vez desde que comenzó el brote.
Cuarentena inmediata
China no es el único país asiático que ha logrado contener el coronavirus.
Singapur no perdió tiempo en tomar medidas enérgicas contra la COVID-19 y prácticamente ha conseguido detener su avance. Allí se han confirmado algo más de 150 casos de coronavirus. Las tasas de infección han sido moderadas y las de recuperación, impresionantes. Un total de 93 personas se han recuperado por completo y han recibido el alta hospitalaria.
Al igual que China, las autoridades de Singapur no han dudado en tomar medidas firmes cuando ha sido necesario. Su condición de Estado insular ofrece varias ventajas para controlar los puntos de entrada y salida. Los ciudadanos que regresaron a Singapur desde países afectados fueron puestos inmediatamente en cuarentena. Quienes mentían sobre los lugares en los que habían estado corrían el riesgo de tener problemas con las autoridades.
En febrero, el Ministerio de Salud anunció que dos residentes de Singapur habían sido acusados en virtud de la Ley de Enfermedades Infecciosas por proporcionar información falsa sobre su estado de salud y sus datos de viaje. Estos delitos pueden conllevar multas superiores a 7.000 dólares, seis meses de prisión o ambas penas.
Otro hombre, que incumplió una orden de cuarentena de 14 días, perdió su condición de residente permanente de Singapur y la Autoridad de Inmigración y Controles Fronterizos le prohibió volver a entrar en el país.


