Cada año, más de 600 000 personas reciben un diagnóstico de cáncer de cuello uterino, y aproximadamente la mitad fallece a causa de esta enfermedad, a pesar de que es prevenible.
Un enfoque integral de prevención, detección temprana y tratamiento podría eliminarla como problema de salud pública en el plazo de una generación.
Con motivo del Día de Acción por la Eliminación del Cáncer de Cuello Uterino 2023, reflexionamos sobre algunos de los avances logrados, los desafíos que persisten y lo que puede hacerse para avanzar hacia el cumplimiento de sus ambiciosos objetivos.
En un mundo en el que más de 600 000 mujeres reciben un diagnóstico de cáncer de cuello uterino cada año, y aproximadamente la mitad fallece a causa de esta enfermedad prevenible; la acción urgente es imperativa.
El cáncer de cuello uterino, causado por determinadas cepas del virus del papiloma humano (VPH), es el cuarto cáncer más común entre las mujeres a nivel mundial. Sin embargo, con un enfoque integral de prevención, detección temprana y tratamiento, los expertos prevén que la enfermedad puede ser eliminada como problema de salud pública en el plazo de una generación.
Han transcurrido tres años desde que 194 países acordaron por primera vez eliminar un cáncer, y la Organización Mundial de la Salud (OMS) puso en marcha la Estrategia Mundial para Acelerar la Eliminación del Cáncer de Cuello Uterino.
Hoy, con motivo del Día de Acción por la Eliminación del Cáncer de Cuello Uterino 2023, reflexionamos sobre algunos de los avances logrados, los desafíos que persisten y lo que puede hacerse para avanzar hacia el cumplimiento de sus ambiciosos objetivos.
Disparidades mundiales e impacto del cáncer de cuello uterino
La eliminación del cáncer de cuello uterino, definida por la OMS como menos de 4 casos por cada 100 000 habitantes, ha registrado avances notables en países desarrollados como Australia, Finlandia y Suecia.
Sin embargo, la alarmante realidad del impacto del cáncer de cuello uterino persiste en otros lugares: el 90 % de los nuevos casos y defunciones registrados en 2020 se produjeron en países de ingreso bajo y mediano. De hecho, es la principal causa de muerte por cáncer en las mujeres en el África subsahariana.
El cáncer de cuello uterino es la neoplasia con la mayor variación entre países en la mortalidad de todos los cánceres. Por lo general, con un diagnóstico precoz y acceso a un tratamiento de alta calidad, puede lograrse una supervivencia a cinco años de más del 80 % en los casos en estadio inicial.
Mientras que Australia registró una tasa de mortalidad por cáncer de cuello uterino estandarizada por edad (ASR) de aproximadamente 1,6 por cada 100 000 habitantes en 2019, la tasa media de mortalidad de los 10 países con las ASR más altas —todos ellos ubicados en África— es de aproximadamente 43 por cada 100 000 habitantes, es decir, 27 veces superior a la de Australia.
No debemos olvidar tampoco que las repercusiones del cáncer de cuello uterino van más allá de sus consecuencias para la salud, ya que la enfermedad puede tener un profundo impacto social, provocando discriminación y pérdida de la imagen corporal, de la función sexual y de la feminidad.
Además, un estudio reciente realizado en Etiopía puso de manifiesto la carga económica: el 45,7 % de las personas declararon haber perdido ingresos y el 71 % se enfrentó a dificultades financieras debido a los gastos médicos.
Por tanto, eliminar el cáncer de cuello uterino no solo es un imperativo sanitario, sino también un factor determinante para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres.
La estrategia de la OMS para la eliminación del cáncer de cuello uterino
La OMS propone un enfoque integral basado en tres pilares —vacunación, detección y tratamiento— junto con una estrategia 90-70-90:
El 90 % de las niñas recibe la vacuna completa contra el VPH antes de los 15 años
El 70 % de las mujeres se somete a una prueba de alto rendimiento a los 35 años y de nuevo a los 45 años
El 90 % de las mujeres con enfermedad cervical detectada recibe tratamiento (el 90 % de las mujeres con lesiones precancerosas recibe tratamiento y el 90 % de las mujeres con cáncer invasivo recibe atención)
Al alcanzar los objetivos 90-70-90 para 2030, la OMS calcula que, para 2120, podrían evitarse más de 62 millones de defunciones por cáncer de cuello uterino.
Países que actúan con éxito contra el cáncer de cuello uterino
Pese a formar parte de la región más afectada por la prevalencia, la incidencia y las defunciones por cáncer de cuello uterino, varios países africanos han dado pasos audaces hacia su eliminación.
En 2011, Ruanda se convirtió en el primer país africano en introducir una campaña nacional de vacunación contra el VPH, y el programa ha mantenido de forma constante una cobertura superior al 90 %. Más de 1,2 millones de niñas y mujeres han recibido la vacunación completa con dos dosis.
Mientras tanto, en octubre, Nigeria se convirtió en el último país en introducir la vacuna contra el VPH en su sistema de inmunización rutinaria, con el objetivo de llegar a 7,7 millones de niñas “en la mayor ronda única de vacunación contra el VPH en África”.
Zambia, que también reconoce la carga de la enfermedad, estableció un Programa Nacional de Prevención del Cáncer de Cuello Uterino en 2006, lo que demuestra la importancia de la movilización comunitaria y la alfabetización en salud.
El programa de detección comenzó con dos clínicas y ha evolucionado hasta contar hoy con cerca de 160 clínicas que realizan cribados a casi 300 000 mujeres al año.
Se necesitan más acciones para eliminar el cáncer de cuello uterino
Sin embargo, persisten desafíos, como la escasa priorización, la insuficiencia de recursos humanos y la financiación inadecuada, que obstaculizan los avances.
En África, solo 16 países han introducido la detección basada en el VPH a nivel subnacional, y aproximadamente el 70 % de la población africana carece de acceso a la radioterapia para el tratamiento; esta cifra aumenta drásticamente a más del 85 % si se excluyen Sudáfrica, Egipto y Marruecos.
Por tanto, es urgente tomar más medidas, tanto en África como en otras regiones. Los países de todo el mundo deben dar prioridad al cáncer de cuello uterino, elaborar estrategias integrales y garantizar enfoques centrados en el paciente para alcanzar los objetivos mundiales de eliminación.
La comunidad más amplia dedicada a la atención oncológica, que incluye a la sociedad civil, el mundo académico, las organizaciones sin ánimo de lucro y el sector privado, debe unirse en una colaboración y coordinación más profundas para respaldar las estrategias nacionales.
La colaboración, clave para alcanzar los objetivos de eliminación
Las colaboraciones público-privadas son fundamentales para fortalecer los sistemas de salud y optimizar los recursos limitados. Por ello, es esencial una mayor coordinación entre las partes interesadas para gestionar con eficiencia la complejidad de los programas de control del cáncer de cuello uterino.
Las colaboraciones público-privadas también son esenciales para desarrollar y respaldar la resiliencia de los sistemas de salud, así como para garantizar un uso sostenible y eficiente de los limitados recursos humanos y financieros en estos entornos complejos.
¿Qué hace el Foro Económico Mundial para mejorar los sistemas de salud?
El Centro de Salud y Atención Sanitaria reúne a líderes para comprender los desafíos que enfrentan los sistemas de salud en todo el mundo, incluidos el acceso, la equidad, la resiliencia y la preparación.
Mediante un diálogo basado en la confianza y la colaboración público-privada, el Centro permite a los socios alinearse en torno a prioridades compartidas e impulsar una acción colectiva para mejorar los resultados sanitarios.
Dado que el cáncer de cuello uterino sigue siendo la principal causa de muerte por cáncer en las mujeres de 42 países de ingreso bajo y mediano en todo el mundo, nuestra responsabilidad colectiva es clara.
Ha llegado el momento de que la comunidad mundial trabaje de forma colaborativa para garantizar que ninguna mujer fallezca a causa del cáncer de cuello uterino. Sin embargo, el camino hacia la eliminación exige un compromiso inquebrantable, estrategias innovadoras y un frente unido contra esta enfermedad prevenible.
