La mayoría de los directores ejecutivos no tienen una estrategia de salud mundial. Eso debe cambiar

A staircase looking like a snail is pictured in a Munich building 'Haus der Bayrischen Wirtschaft' on February 14, 2012. REUTERS/Michaela Rehle (GERMANY - Tags: SOCIETY) - RTR2XTZ0
Many companies are hitting environmental targets, but very few are striving towards health goals.Image: REUTERS/Michaela Rehle
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¿Por qué solo el 9% de las empresas de la lista Fortune 500 del mundo tiene una estrategia de salud mundial, mientras que el 74% tiene una estrategia ambiental?

La respuesta radica en la relación, muy distinta, que el sector privado mantiene con la comunidad ambiental frente a su relación con la comunidad de salud mundial.

Mediante una combinación de desafío y participación constructiva, los activistas ambientales han logrado que el sector privado adopte la sostenibilidad como una obligación y una oportunidad a la vez. En cambio, la comunidad de salud mundial a menudo encuentra difícil involucrar incluso a las empresas directamente vinculadas a la atención sanitaria, y en gran medida no ha logrado implicar al sector privado en general en la misión de la comunidad de mejorar la salud y el bienestar de las personas en todo el mundo.

Junto con Kathryn Horneffer y Ryan Morhard, hace poco completamos un análisis de los informes y sitios web de las empresas de la lista Fortune 500, que mostró que los profesionales de la salud mundial pueden fijarse en el movimiento climático en busca de inspiración y orientación sobre cómo colaborar mejor con la comunidad empresarial. Aunque cualquier análisis de este tipo es indicativo y no definitivo, muestra el éxito del movimiento climático y el relativo fracaso del movimiento de salud mundial.

No siempre fue así. En 2002, los líderes ambientales de las Naciones Unidas advirtieron de que solo un pequeño número de empresas tenía en cuenta cuestiones ambientales y sociales en sus operaciones. Desde entonces, una combinación de activismo, regulación y liderazgo empresarial ha transformado el panorama: la mayoría de las grandes empresas cuenta ahora con estrategias ambientales explícitas, con métricas claras sobre las que informan.

Lo notable es que esto se extiende más allá de los sectores para los que el daño al medio ambiente representa una oportunidad de negocio (como las energías alternativas) o que se consideran parte del problema (como la aviación y la energía). Hoy en día, la mayoría de las grandes empresas multinacionales se involucran e informan sobre cuestiones ambientales.

Image: Cortesía de Kathryn Horneffer, Ashish K. Jha, Ryan Morhard y Peter Sands

El contraste con la salud es notable. Solo el 4% de las empresas que estudiamos especifica algún tipo de objetivo de salud, mientras que el 55% se compromete con un objetivo de reducción de emisiones. Si excluimos del análisis los sectores más evidentes —farmacéuticas, fabricantes de alimentos y bebidas, y proveedores de atención sanitaria—, casi ninguna otra empresa parece considerar que necesita una estrategia de salud (6%) o un informe de impacto en la salud (1%).En apariencia, estas empresas consideran las cuestiones de salud igual de merecedoras de filantropía corporativa que las cuestiones ambientales, con una proporción idéntica —32%— que señala cada área como foco de sus donaciones corporativas. Sin embargo, el cambio climático y los problemas ambientales más amplios se tratan ahora como prioridades empresariales, con estrategias y métricas, mientras que la salud mundial no.

Necesitamos transformar las actitudes empresariales hacia la salud mundial de la misma manera que han cambiado en materia ambiental. Sin embargo, lograr este cambio requerirá que no solo los líderes empresariales modifiquen su mentalidad, sino también los líderes de la comunidad de salud mundial. En este momento, muchos en la comunidad de salud mundial miran al sector privado con profunda desconfianza. Otros (incluidos nosotros y nuestros coautores del análisis antes mencionado) sostendrían que alcanzar el tercer Objetivo de Desarrollo Sostenible de la ONU —consistente en “garantizar vidas saludables y promover el bienestar para todos en todas las edades”—requerirá una amplia participación de múltiples partes interesadas, y que necesitamos con urgencia el dinamismo, la innovación y los recursos del sector privado.

La comunidad de salud mundial debe preguntarse por qué no ha logrado involucrar con éxito al sector privado, qué debe reclamar y cómo cambiar la relación. Deberíamos examinar con más sistematicidad lo que ha hecho la comunidad ambiental y ver dónde podemos adoptar su enfoque. Cabe argumentar que los ambientalistas han sido mucho más activos a la hora de involucrar a los sectores que causan problemas ambientales, tanto desafiándolos como animándolos a formar parte de la solución. La comunidad climática también ha sido eficaz al lograr una amplia aceptación de métricas específicas para medir el impacto ambiental de una empresa.

Al mismo tiempo, los líderes empresariales deberían preguntarse cuál debe ser su responsabilidad y qué pueden aportar para mejorar la salud mundial. La mayoría de las empresas tienen una comprensión relativamente rudimentaria de su vulnerabilidad a los riesgos para la salud; por ejemplo, muchas no comprenden cómo las enfermedades podrían afectar al comportamiento de los clientes, a la productividad del personal o a las cadenas de suministro. Medir y gestionar los riesgos y cargas para la salud de forma más sistemática sería un buen punto de partida. Asimismo, muchas empresas deberían analizar el impacto en la salud de sus actividades y lo que podrían hacer para mejorar la salud de las comunidades en las que operan.

La buena salud es un poderoso impulsor de la productividad, mientras que los riesgos relacionados con la salud, como los brotes de enfermedades infecciosas, pueden causar enormes trastornos a las empresas. Mejorar el medio ambiente mundial ya se considera un buen negocio; lo mismo debería ocurrir con la mejora de la salud mundial.

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