Búsqueda de una vacuna contra el coronavirus: cómo nos estamos preparando para producir suficientes dosis para todo el mundo

Scientists are seen working at Cobra Biologics, they are working on a potential vaccine for COVID-19, following the outbreak of the coronavirus disease (COVID-19), in Keele, Britain, April 30, 2020. REUTERS/Carl Recine - RC2ZEG9UZJND
There are 102 candidate vaccines being explored as a means of ending the COVID-19 pandemic,Image: REUTERS/Carl Recine - RC2ZEG9UZJND
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  • La carrera por encontrar una vacuna contra la COVID-19 está en marcha: ocho de las más de 100 posibles vacunas ya han llegado a ensayos clínicos en humanos.

  • En el Reino Unido, la Universidad de Oxford está desarrollando una de las dos principales vacunas candidatas.

  • La farmacéutica AstraZeneca ha afirmado que desarrollará, fabricará y distribuirá la vacuna en todo el mundo.

  • Pero, para ello, debe ampliar su producción sin afectar a la fabricación de otras vacunas, según escriben dos expertos.

Se están explorando 102 vacunas candidatas como medio para poner fin a la pandemia de COVID-19, a 30 de abril. Ocho de ellas ya han llegado a ensayos clínicos en humanos, y otras 94 se encuentran en la fase de evaluación preclínica.

Estos candidatos también se dividen en ocho categorías diferentes de estrategias de desarrollo de vacunas que se están explorando. Aunque todavía no garantiza el éxito, esto equivale, en la práctica, a diversificar nuestras apuestas biológicas con la esperanza de que una de las estrategias dé resultado.

Pero si y cuando se encuentre una vacuna eficaz, aún tendremos que fabricar suficientes dosis para inmunizar a un gran número de personas en todo el mundo. Cuánto tiempo llevará esto y qué implicará dependerá de qué estrategia resulte eficaz, porque las distintas vacunas se fabrican de formas diferentes.

Pese a las críticas por la falta de preparación en materia de equipos de protección individual y pruebas, el Reino Unido se ha adelantado a la hora de identificar posibles vacunas candidatas. Está liderando el esfuerzo por aumentar la producción, habiendo invertido más que ningún otro país en ello, según el secretario de Sanidad, Matt Hancock.

Las dos principales vacunas candidatas del Reino Unido, desarrolladas respectivamente por la Universidad de Oxford y el Imperial College de Londres, utilizan enfoques muy distintos que ya se estaban investigando en laboratorio para otras enfermedades.

La candidata de Oxford, ChAdOx1 nCoV-19, utiliza un adenovirus de chimpancé modificado genéticamente como “vector” para transportar al organismo humano la secuencia genética de una proteína del coronavirus de la COVID-19. Después, el organismo puede aprender a reconocer el coronavirus y comenzar a producir anticuerpos para combatirlo. Esta es la misma técnica que el equipo desarrolló previamente para el coronavirus MERS, estrechamente relacionado, que mostró resultados prometedores en pruebas con animales y en las primeras fases de ensayos en humanos.

La candidata del Imperial, en cambio, es lo que se conoce como vacuna de ARN autoamplificable. Está diseñada para inducir a las células musculares a producir la proteína del coronavirus, que a su vez estimula el sistema inmunitario para producir los anticuerpos.

Normalmente, el desarrollo de una vacuna lleva años, pero los ensayos clínicos en humanos de la candidata de Oxford ya están en marcha, solo tres meses después de que se publicara la secuencia genética del coronavirus para su estudio. Esto se debe a una plataforma especializada de fabricación de adenovirus adaptada como parte del trabajo del EPSRC UCL-Oxford Future Vaccine Manufacturing Research Hub (Vax Hub), así como a métodos de secuenciación genética de nueva generación que han permitido al equipo avanzar a una velocidad vertiginosa.

La farmacéutica AstraZeneca ha anunciado que desarrollará, fabricará y distribuirá la vacuna (si resulta eficaz) en todo el mundo. Pero, para ello, deberá encontrar la forma de ampliar la producción sin afectar de forma crítica al suministro de otras vacunas vitales.

Las instalaciones de fabricación a escala mundial son expertas en producir millones de dosis de vacunas contra la gripe, el sarampión y la poliomielitis. Cuentan con estrategias preestablecidas para aumentar la producción en momentos de mayor demanda, como ocurre con la temporada anual de gripe invernal. Pero vivimos tiempos sin precedentes, y la demanda mundial de una vacuna contra el coronavirus segura y eficaz será de una magnitud nunca vista, lo que probablemente provocará importantes cuellos de botella en la producción y la distribución.

La producción de vacunas requiere procesos de fabricación complejos que implican el cultivo de organismos vivos que, a su vez, generan el virus modificado genéticamente en el que se basa la vacuna. Y debemos hacer bien la fabricación. Estas vacunas se administrarán a personas sanas para generar inmunidad frente al virus. Cualquier fallo pondría en riesgo su seguridad y provocaría una pérdida de confianza pública a largo plazo.

Pero hay motivos para un optimismo prudente. Mientras esperamos los resultados de los ensayos clínicos de la vacuna de Oxford, entre bastidores se ha desplegado una intensa actividad para adaptar las tecnologías y los procesos de fabricación existentes con el fin de producir el vector de adenovirus del que depende.

Junto a AstraZeneca, empresas británicas consolidadas en la producción de vectores virales, como Oxford Biomedica y Cobra Biologics, han adaptado sus instalaciones de fabricación. El Gobierno del Reino Unido ha puesto en marcha un grupo de trabajo sobre vacunas para coordinar los esfuerzos de ampliación de la producción, ha financiado con 14 millones de libras un grupo de fabricación de vacunas liderado por la industria y ha acelerado la puesta en marcha de un Centro de Fabricación e Innovación de Vacunas (VMIC) con una inversión de 65 millones de libras.

Proceso de fabricación de vacunas

El proceso de fabricación de la vacuna de Oxford comenzará con la incorporación de la proteína de superficie del coronavirus al vector de adenovirus. Después, se utilizarán “células productoras”, habitualmente células embrionarias renales humanas (HEK), como minifábricas para producir las partículas del vector. Las células productoras se cultivarán a gran escala en un biorreactor, un recipiente que controla de forma estricta las condiciones ambientales para optimizar el crecimiento celular.

A continuación, las células se someterán a una serie de etapas para purificar y concentrar el vector de adenovirus final, que incluyen filtración y centrifugación (hacerlo girar a gran velocidad para separar las distintas partículas). Por último, la solución se formulará como producto utilizable y se mantendrá estable almacenándola a una temperatura de entre 2 °C y 8 °C.

Sin embargo, la concentración final de la solución puede variar significativamente, y la falta de un proceso de fabricación eficaz para resolver este problema es lo que limita la producción actual a escala masiva. Este será el gran desafío al que se enfrentará AstraZeneca para trasladar el proceso de Oxford, desarrollado en laboratorio, a algo parecido a la fabricación industrial.

Es importante destacar que los cimientos para ello ya han sido establecidos por ingenieros y científicos británicos. La financiación de la investigación sostenida y flexible para la fabricación de vacunas será fundamental para mitigar el impacto de este coronavirus y prepararnos para futuros brotes.

Por supuesto, todos estos esfuerzos solo se pondrán en práctica si se confirma que la vacuna de Oxford (o potencialmente otra de la misma categoría) funciona. Otras vacunas candidatas, como la desarrollada por el Imperial, requerirán un proceso de fabricación sustancialmente diferente. En estos tiempos sin precedentes, los expertos mundiales en vacunas deberán trabajar con una rapidez e innovación sin precedentes para ofrecer una forma de salvar potencialmente millones de vidas y devolver la sociedad a la normalidad.

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