La natalidad está cayendo en todo el mundo.
En muchos países, la COVID-19 ha frenado el crecimiento de la población al provocar un descenso de los nacimientos, la migración y la esperanza de vida.
Incluso antes de la pandemia, la urbanización ya estaba impulsando el descenso de la población.
A finales de mayo, el Gobierno chino anunció que las parejas de China podrían tener ahora hasta tres hijos. Este anuncio llegó solo cinco años después del sorprendente cambio de rumbo de la política del hijo único de 1980.
Es evidente que algo está ocurriendo.
Ese algo es que China ha sufrido un colapso de la fecundidad. Según el censo más reciente, publicado en mayo, China pierde unas 400.000 personas al año. China sigue afirmando que su población crece, pero incluso si estas proyecciones se aceptan tal cual, el descenso de la población que se preveía que comenzara hacia mediados de siglo podría empezar ya en 2030. Esto significa que China podría perder entre 600 y 700 millones de habitantes para 2100.
Así es: entre 600 y 700 millones de personas, es decir, alrededor de la mitad de su población total actual.
Los cambios demográficos de China no son exclusivos de las superpotencias. Según el censo más reciente de los Estados Unidos, la natalidad en EE. UU. ha descendido durante seis años consecutivos y un 19 % en total desde 2007. Al igual que China, la natalidad en EE. UU. se sitúa ahora muy por debajo de la tasa de reemplazo, en 1,6. (China se encuentra actualmente en 1,3). Para que un país reemplace naturalmente su población, su natalidad debe ser de al menos 2,1.
También se puede incluir en la lista de países con baja fecundidad a India, el segundo país más poblado del mundo, con una natalidad igual a la tasa de reemplazo (2,1). Asimismo, hay que incluir a Japón (1,3), Rusia (1,6), Brasil (1,8), Bangladés (1,7) e Indonesia (2,0).
Todavía existen grandes países con altas tasas de natalidad, como Pakistán (3,4) y Nigeria (5,1). Pero incluso estas cifras son inferiores a las de 1960, cuando Pakistán registraba 6,6 y Nigeria 6,4, y siguen descendiendo cada año.
El papel de la COVID-19 en el descenso de la natalidad
La pandemia de COVID-19 actúa como un factor modificador, pero no de la forma que sugerían los comentaristas y humoristas cuando comenzaron los confinamientos.
¿Recuerdas todas las bromas sobre personas confinadas en casa que darían lugar a un baby boom? Según van llegando los datos, está claro que en muchos países ha ocurrido lo contrario. Hoy en día, la mayoría de los hijos son deseados o planificados, sobre todo en el mundo desarrollado. Decidir tener un bebé depende de ser optimista sobre el futuro, y el optimismo es difícil de mantener durante una pandemia mundial. De hecho, el Instituto Brookings estima que 300.000 bebés no nacieron en EE. UU. como consecuencia de la inseguridad económica relacionada con la pandemia.
¿Podría tratarse de un fenómeno a corto plazo que se corregirá? Es posible. Algunos analistas prevén un pequeño baby boom una vez que las vacunas estén ampliamente disponibles y se levanten las restricciones. Pero incluso un pequeño baby boom difícilmente compensaría por completo el descenso. La experiencia demuestra que, cuando una pareja aplaza tener un hijo, por el motivo que sea, normalmente no lo recupera más adelante. El bebé que no nace sigue sin nacer.
El descenso de la fecundidad es solo una de las formas en que la pandemia está frenando el crecimiento de la población en muchos países desarrollados. La otra son las fronteras cerradas. En 2020, Australia registró su primer descenso de población desde la Primera Guerra Mundial, debido a controles fronterizos más estrictos relacionados con la COVID. Canadá concedió el estatus de residente permanente a 180.000 solicitantes en 2020, muy lejos del objetivo de 381.000, y la mayoría de los nuevos residentes permanentes ya se encontraban en el país con visados de estudiante o de trabajo.
Un tercer factor sombrío también influye: la mortalidad causada por la propia enfermedad. Los investigadores prevén que la esperanza de vida en los Estados Unidos ha disminuido un año completo como consecuencia de las muertes por COVID. Las minorías raciales se han visto especialmente afectadas: la esperanza de vida de los afroamericanos se ha reducido en dos años y la de los latinos en tres. Oficialmente, la pandemia es responsable de más de 3 millones de muertes, pero esta cifra podría ser mucho mayor, ya que algunos países podrían estar subnotificando las defunciones. Esto es probable, por ejemplo, en India, donde la pandemia se cobra 4.000 vidas al día; muchas autoridades creen que la cifra real es mucho más alta.
Más razones para el descenso de la natalidad
Como John Ibbitson y yo escribimos en Empty Planet: The Shock of Global Population Decline, las fuerzas que impulsan el descenso de la población están presentes desde, como mínimo, el cambio de siglo.
La fuerza más importante es la urbanización. La mayor migración de la historia de la humanidad se ha producido durante el último siglo y continúa hoy en día, ya que las personas se trasladan del campo a la ciudad. En 1960, una tercera parte de la humanidad vivía en una ciudad. Hoy, la proporción es casi del 60 %. Trasladarse del campo a la ciudad modifica las recompensas y los costes económicos de tener familias numerosas. En el campo, tener muchos hijos significa disponer de muchas manos para trabajar. En la ciudad, tener muchos hijos significa tener muchas bocas que alimentar. Por eso, cuando nos mudamos a la ciudad, hacemos lo económicamente racional: tenemos menos hijos.
Vivir en la ciudad también cambia la vida de las mujeres, al exponerlas a una versión de la vida distinta a la que vivieron sus madres y abuelas en el campo. Las mujeres urbanas tienen mucha más probabilidad de tener estudios y una carrera profesional, además de un acceso más fácil a los anticonceptivos. Una natalidad más baja es el resultado inevitable. Por eso, las madres primerizas de hoy son mayores y tienen menos hijos, y los embarazos adolescentes han disminuido drásticamente. En la mayoría de los países desarrollados, la tasa de natalidad de las mujeres mayores de 40 años ha superado la de las mujeres de 20 años o menos.
Cabe esperar que un gran momento decisivo del siglo XXI se produzca dentro de unas tres décadas, cuando la población mundial comience a disminuir. Es posible que la COVID haya adelantado el inicio de este descenso, pero desde luego no lo ha causado.
Por qué importa el descenso de la población
¿Por qué debería preocuparte el descenso de la población? Que haya menos personas es bueno para el clima, pero las consecuencias económicas son graves. En la década de 1960, había seis personas en edad de trabajar por cada jubilado. Hoy, la proporción es de tres a uno. Para 2035, será de dos a uno.
Algunos afirman que debemos aprender a moderar nuestra obsesión por el crecimiento, a consumir menos y a aprender a gestionar con una población más reducida. Suena muy atractivo. Pero ¿quién comprará lo que vendes? ¿Quién pagará tu atención sanitaria y tu pensión cuando envejezcas?
Porque, muy pronto, la humanidad será mucho más pequeña y envejecida de lo que es hoy.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para gestionar los riesgos emergentes de la COVID-19?
El autor es miembro de la Red de Expertos del Foro Económico Mundial.


