El acceso a la atención sanitaria en Asia-Pacífico está cada vez más limitado debido a una serie de presiones crecientes.
Las tecnologías digitales pueden aliviar la presión sobre la demanda, la oferta, los costes y la calidad.
Los profesionales de la salud y los responsables de formular políticas deben colaborar para implementar la tecnología a gran escala.
En Asia-Pacífico, el acceso a la atención sanitaria depende menos de las necesidades que de la geografía, los ingresos, la edad y el diseño del sistema. A pesar de décadas de avances en los resultados de salud y la cobertura, los sistemas de la región afrontan una convergencia de presiones que se intensifican en lugar de aliviarse: una demanda creciente, una oferta limitada, costes cada vez mayores y una calidad de la atención desigual.
Más de 4.800 millones de personas viven en Asia-Pacífico. Se prevé que casi la mitad vivirá con menos de 8,30 dólares al día en 2025, lo que limita su capacidad para acceder a una atención oportuna y adecuada. Las enormes distancias, las zonas remotas y la geografía insular complican la prestación de servicios desde el punto de vista logístico. La población envejece rápidamente en algunas economías, mientras que otras siguen lidiando con problemas de salud materna e infantil. El cambio climático aumenta la frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos, altera la prestación de atención e impulsa nuevos patrones de enfermedad. La escasez de personal persiste y las comunidades rurales y remotas soportan la mayor carga.
Estas fuerzas interactúan en cuatro ámbitos estrechamente vinculados —la demanda, la oferta, los costes y la calidad— y crean una espiral cada vez más asfixiante de la que muchos sistemas de salud tienen dificultades para salir. La tecnología por sí sola no resolverá estos desafíos. Sin embargo, si se implementan de forma deliberada, a gran escala y con la equidad como eje central, la salud digital y las tecnologías avanzadas ofrecen una de las herramientas más poderosas disponibles para cambiar el rumbo.
Por qué el acceso está bajo presión
La demanda de atención sanitaria en Asia-Pacífico crece con rapidez. El envejecimiento de la población está acelerando la prevalencia de enfermedades crónicas y complejas. Para 2050, hasta el 40 % de la población de Japón y Corea del Sur tendrá 65 años o más. En India crecen rápidamente los casos de diabetes, enfermedades cardiovasculares y cáncer, mientras que las enfermedades no transmisibles ya causan casi el 80 % de todas las muertes en algunas economías. Si no se interviene, el coste de tratar estas enfermedades seguirá aumentando.
Al mismo tiempo, la oferta sigue siendo limitada. La Organización Mundial de la Salud prevé un déficit mundial de 11 millones de trabajadores sanitarios para 2030, y Asia-Pacífico está particularmente expuesta. La escasez de profesionales clínicos se agrava por el agotamiento, la sobrecarga administrativa y la migración hacia los centros urbanos y los sistemas que ofrecen salarios más altos. Construir hospitales o formar a nuevos profesionales ayuda, pero ninguna de estas medidas permite responder con suficiente rapidez a la demanda.
Como resultado, los costes aumentan más rápido que los resultados. Se prevé que la inflación sanitaria en toda la región supere el 12 % en 2025, impulsada por la escasez de personal, las presiones inflacionarias y el diseño ineficiente de los sistemas. En muchas economías, los elevados gastos directos siguen impidiendo el acceso de las poblaciones de ingresos bajos y medios.
Y, pese al aumento del gasto, la calidad sigue siendo desigual. Los resultados varían considerablemente dentro de cada economía y entre ellas, y a menudo dependen del lugar donde viven las personas, más que de la atención que necesitan. La fragmentación de los sistemas, la insuficiente inversión en datos interoperables y el uso limitado de tecnologías basadas en la evidencia impiden que los sistemas de salud presten una atención uniforme y de alta calidad a gran escala.
Cuatro vías impulsadas por la tecnología
La salud digital y las tecnologías avanzadas ofrecen una vía práctica para afrontar simultáneamente las cuatro presiones: reducir la demanda, ampliar la oferta, contener los costes y mejorar la calidad.
1. Reducir la demanda manteniendo a las personas más sanas
La mayor oportunidad está en la prevención. Las herramientas digitales de prevención, detección y autocuidado permiten intervenir antes, controlar mejor las enfermedades y mejorar la salud de la población.
En toda la región, las plataformas de detección basadas en inteligencia artificial ya están teniendo impacto. En India, las pruebas portátiles de detección del cáncer de mama basadas en IA permiten detectar la enfermedad de forma temprana en entornos comunitarios. En Nueva Zelanda, las plataformas nacionales de divulgación digital utilizan datos demográficos y geoespaciales para orientar las campañas de detección y vacunación, mejorando la equidad y reduciendo al mismo tiempo la carga administrativa.
La monitorización remota de pacientes, las terapias digitales y las tecnologías de salud para consumidores permiten que las personas con enfermedades crónicas cuiden su salud de forma segura en casa, reduciendo los ingresos hospitalarios evitables y las visitas a urgencias. Los programas de alfabetización en salud difundidos a través de plataformas móviles y redes sociales también aumentan la concienciación y promueven hábitos más saludables a gran escala.
2. Ampliar la oferta sin aumentar proporcionalmente la plantilla
La tecnología permite a los sistemas hacer más con recursos limitados. Las plataformas de telesalud conectan a los pacientes con profesionales clínicos sin importar la ubicación, mientras que la telerrobótica y la IA física extienden los conocimientos especializados a zonas rurales y remotas. En Japón y Taiwán, los sistemas de ecografía teledirigidos ya permiten que especialistas diagnostiquen a pacientes situados a cientos de kilómetros, lo que reduce drásticamente los desplazamientos y los tiempos de espera.
Los diagnósticos mejorados con IA agilizan la toma de decisiones y el triaje. En Singapur, las plataformas nacionales de diagnóstico por imágenes compartidas procesan decenas de miles de casos al mes y priorizan los urgentes en segundos en lugar de días. En India, los modelos de atención «figital» combinan sistemas de apoyo a la toma de decisiones basados en IA, dispositivos del internet de las cosas (IoT) y trabajadores de salud locales para prestar atención de alta calidad a un coste muy bajo en comunidades desatendidas.
A nivel organizativo, la IA agéntica y la automatización reducen la carga administrativa y liberan a los profesionales clínicos para que se centren en la atención. Las herramientas que automatizan la documentación, la programación de citas y las comunicaciones con los pacientes ya generan aumentos de productividad cuantificables y mejoran la sostenibilidad de la fuerza laboral.
3. Contener los costes mediante la eficiencia
Las historias clínicas electrónicas interoperables, la automatización robótica de procesos y el análisis predictivo reducen el desperdicio en todo el continuo asistencial. La automatización de la facturación y las reclamaciones puede eliminar miles de horas de trabajo manual cada año. Los hospitales inteligentes usan el IoT, la robótica y los gemelos digitales para optimizar la gestión de camas, el flujo de pacientes y el uso de activos, reduciendo la duración de las estancias y los costes operativos.
Las plataformas nacionales de cadenas de suministro aplican análisis predictivos al inventario y la logística para garantizar que los medicamentos y equipos esenciales lleguen a los centros adecuados en el momento oportuno, y minimizar al mismo tiempo las duplicaciones y las faltas de existencias.
4. Mejorar la calidad mediante una atención basada en datos
Los avances en genómica, biomarcadores digitales y medicina de precisión están transformando la calidad de la atención. Asia-Pacífico está desarrollando rápidamente programas de genómica a escala poblacional que permiten detectar enfermedades antes, realizar diagnósticos más precisos y elegir mejores tratamientos para poblaciones diversas que históricamente han estado infrarrepresentadas en los conjuntos de datos mundiales.
Los diagnósticos basados en IA mejoran la precisión y la uniformidad en radiología, patología e identificación de enfermedades raras. Los datos continuos de dispositivos ponibles y sensores permiten a los profesionales clínicos seguir la progresión de las enfermedades en entornos reales, ofrecer una atención más personalizada y reducir las intervenciones innecesarias.
Qué hace falta para tener éxito
La tecnología existe. El desafío consiste en adoptarla a gran escala y hacerlo de manera que fortalezca la equidad en lugar de ampliar las brechas.
Los responsables de formular políticas y los líderes del sector sanitario pueden acelerar los avances si armonizan los incentivos, la regulación y la inversión en torno a cuatro prioridades:
Integrar la prevención y el autocuidado mediante la financiación de programas digitales de prevención, detección y monitorización remota que trasladen la atención de los hospitales a las comunidades y los hogares.
Ampliar el refuerzo digital de la fuerza laboral mediante agentes de IA, automatización y telesalud, con el respaldo de modelos de pago y normas sobre el ámbito de práctica actualizados.
Invertir en datos e infraestructura interoperables para facilitar el intercambio seguro de datos, el análisis predictivo y el uso de la IA a gran escala.
Generar confianza mediante la gobernanza con normas claras para la protección de datos, la validación clínica, la transparencia y la rendición de cuentas en la atención asistida por IA.
La tecnología por sí sola no resolverá el desafío del acceso a la atención sanitaria en Asia-Pacífico. Pero, combinada con una orientación política sólida, un diseño inclusivo y un liderazgo comprometido con la transformación del sistema a largo plazo, puede cambiar radicalmente la forma de prestar atención. Cambiar de rumbo y acelerar la transformación digital de la atención sanitaria no es opcional. La salud de la región —y su prosperidad futura— depende de ello.

