Así es como la música nos ayuda a superar los momentos difíciles

A woman wearing headphones stands on the Ponte Sant'Angelo bridge during sunset, amid the coronavirus disease (COVID-19) outbreak, in Rome, Italy, May 8, 2020. REUTERS/Guglielmo Mangiapane - RC2IKG9ZPX39
People are using music as an escape during lockdown.Image: REUTERS/Guglielmo Mangiapane
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  • Durante la pandemia de COVID-19, los sitios de streaming han registrado un aumento de las búsquedas de música alegre y nostálgica.

  • A lo largo de la historia, la música ha ayudado a las personas a aceptar y superar los momentos difíciles.

¿Han cambiado durante la pandemia de coronavirus la música que escuchamos y los motivos por los que la escuchamos?

Más allá de las pruebas bien documentadas de la creación de música durante la pandemia a distancia y a través de las redes sociales, los críticos musicales han señalado que parece haber una mayor preferencia por la música reconfortante, conocida y nostálgica.

Los datos de los principales servicios de streaming y de las empresas que los analizan podrían respaldar esta idea.

En Spotify, la popularidad de los éxitos de las listas cayó un 28 por ciento entre el 12 de marzo y el 16 de abril. En cambio, los usuarios de Spotify buscan música instrumental y «chill». En la primera semana de abril, Spotify registró un aumento del 54 por ciento de «usuarios que creaban listas de reproducción con temas nostálgicos, así como un repunte de la popularidad de la música de los años cincuenta, sesenta, setenta y ochenta».

Más de la mitad de quienes participaron en una encuesta realizada por Nielsen Music/MRC Data a finales de marzo de 2020 dijeron que buscaban «consuelo en contenidos conocidos y nostálgicos» al ver televisión y escuchar música. La encuesta se basó en respuestas de 945 consumidores de 13 años o más en Estados Unidos, además de respuestas en línea.

Como investigadora que ha examinado el poder de la música en tiempos de crisis —más recientemente, explorando la música de personas refugiadas de la guerra civil de El Salvador durante la década de 1980—, creo que este trabajo puede ayudarnos a comprender nuestro aparente deseo de recurrir a música conocida como apoyo psicológico durante este período difícil.

Volver a conectar con nosotros mismos

En un momento en que muchas personas se enfrentan tanto a una mayor soledad como a más ansiedad, la música conocida ofrece tranquilidad porque nos recuerda quiénes somos. Ya sea un éxito que bailábamos con nuestros amigos adolescentes o una pieza orquestal evocadora que tocaba nuestra abuela, la música ilumina los recuerdos de quienes fuimos.

La música nos permite crear un relato emocional entre el pasado y el presente cuando nos cuesta expresarlo con palabras. Su familiaridad nos consuela cuando el futuro parece incierto.

La música nos ayuda a reconectar con nuestra identidad. También nos ayuda, como todas las artes, a emprender una búsqueda de sentido que de otro modo no podríamos expresar. De este modo, contribuye a fortalecer nuestra resiliencia ante las dificultades.

Las personas han recurrido a la música con estos fines filosóficos y psicológicos incluso en épocas y lugares en los que podría pensarse que sería lo último que les pasaría por la cabeza.

En uno de los ejemplos más extremos entre muchos, los sobrevivientes de los campos de concentración nazis cuentan que cantaban canciones conocidas para reforzar su sentido de identidad y su identidad religiosa, cuando ambas estaban gravemente amenazadas.

Sobrevivir a la guerra civil

Mi investigación actual examina el uso de la música con estos fines durante la década de 1980 por parte de personas refugiadas de la guerra civil de El Salvador. Agricultores de subsistencia (campesinos/campesinas), que huyeron de la opresión gubernamental y se refugiaron en campamentos de Honduras, me han contado que consideraban la música esencial para su supervivencia psicológica.

Músicos salvadoreños actúan en el campamento de refugiados de Colomoncagua, Honduras, en 1985, durante una visita humanitaria del músico canadiense Bruce Cockburn.Image: Foto cedida por Meyer Brownstone/Oxfam Canadá

Músicos salvadoreños actúan en el campamento de refugiados de Colomoncagua, Honduras, en 1985, durante una visita humanitaria del músico canadiense Bruce Cockburn. (Foto cedida por Meyer Brownstone/Oxfam Canadá).

En una tierra nueva y a veces peligrosa, lejos de su hogar asolado por la guerra, los campesinos y las campesinas interpretaban, escuchaban y bailaban canciones folclóricas antiguas y nuevas para mantener el vínculo con la identidad que tenían antes de la guerra en el país que habían dejado atrás. A veces se adaptaban canciones folclóricas tradicionales con nuevas letras para documentar la persecución de las personas refugiadas.

Así, las canciones ofrecían tanto un medio para mantener la identidad como un relato emocional de acontecimientos traumáticos difíciles de describir con palabras. Esto ayudaba a las personas refugiadas a afrontar los retos del presente y un futuro incierto.

Norberto Amaya

En 2019, ayudé a realizar una investigación para un breve documental sobre Norberto Amaya, un destacado cantautor salvadoreño refugiado. La historia de Amaya muestra cómo los músicos salvadoreños aprovecharon la música para ayudar a sus compatriotas refugiados a afrontar los retos psicológicos de su situación. La película fue una colaboración entre Western University y Juan Bello, de Triana Media, con el apoyo del Consejo de Investigación de Ciencias Sociales y Humanidades.

Las canciones de las personas refugiadas de la guerra civil de El Salvador dejan claro que la música, antigua o nueva, cumple una función vital para quienes afrontan adversidades, tanto en el plano personal como en el cultural.

Conexión con la comunidad

La pandemia de COVID-19 ha golpeado mucho más a algunas comunidades que a otras y ha demostrado cómo las desigualdades existentes se hacen aún más evidentes en tiempos de crisis. Sin embargo, en todas las comunidades afectadas, la pandemia puede desencadenar sentimientos de ansiedad relacionados con traumas anteriores y con las separaciones actuales.

Escuchar música que conocemos bien nos recuerda a los amigos y familiares que nos han convertido en quienes somos. En nuestra situación actual, aunque distinta de la que vivieron las personas refugiadas de la guerra civil salvadoreña, la música conocida también permite reconectar tanto con la identidad personal como con una comunidad mucho más amplia de familiares, amigos y desconocidos que también aman esas canciones. Esto nos ayuda a gestionar mejor el aislamiento y la ansiedad.

Este aparente instinto humano de buscar mecanismos que permitan reconectar con la cultura es acertado. Los especialistas en trauma creen que, para algunas personas, las prácticas culturales conocidas pueden ser incluso más eficaces que el tratamiento psiquiátrico para ayudarles a afrontar acontecimientos potencialmente traumáticos.

La poeta y activista estadounidense Maya Angelou escribió una vez, con gran emoción:

La música fue mi refugio. Podía arrastrarme hasta el espacio entre las notas y acurrucarme de espaldas a la soledad.

Sin duda, muchas personas pueden identificarse con ese sentimiento. Quizá aún no tengamos palabras para expresar nuestra respuesta a la situación en la que se encuentra actualmente la humanidad. Pero la música nos calma en estos momentos difíciles y nos ofrece un medio para empezar a procesar nuestras emociones, mantenernos conectados con quienes éramos antes de la pandemia y participar en algo más grande que nosotros mismos, incluso mientras vivimos separados.

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