Muchas personas cuentan que tienen sueños vívidos durante la pandemia de coronavirus.
Este experto en sueño cree que podría deberse a una sobrecarga de información nueva y emociones.
La otra noche di a luz a una hogaza de pan de centeno negro.
Más tarde, corrí por un centro comercial al aire libre en una misión urgente, pero me interrumpieron en una zapatería, donde el cajero mantenía como rehenes a los clientes durante un juego para romper el hielo.
Por último, retomé mi último año de universidad, donde derramé leche por el borde de la litera de mi hermandad y vi cómo se convertía en una pócima psicodélica.
Entonces, me desperté.
Durante el último mes, mi vida real se ha vuelto monótona para los sentidos debido a las órdenes de «quedarse en casa» relacionadas con el coronavirus en lo que suele ser la ciudad que nunca duerme. Antes solía correr por encima y por debajo de los puentes de la ciudad de Nueva York y recorrer sus distritos solo para llegar al trabajo, y ahora me doy la vuelta en la cama y me conecto. Antes me despertaba con el olor de las panaderías y los locales de barbacoa de nuestros barrios; ahora huelo a Lysol. Y antes oía los bocinazos de los coches; ahora oigo el microondas.
Pero estos días mi vida onírica, aunque siempre ha sido colorida, es particularmente grandiosa.
Hablé con otras personas que han tenido experiencias similares y con un experto en sueño para averiguar por qué.
Muchas personas cuentan que tienen sueños profundos, vívidos, memorables y muy realistas
Cuando pedí a mis amigos de Facebook que me contaran sus experiencias actuales con los sueños, más de 20 respondieron durante la noche con palabras como «vívido», «realista» y «memorable».
«Estoy durmiendo profundamente y teniendo el tipo de sueños que tenía de niña: muy detallados, con tramas reales que puedo recordar y relatar, en lugar de una rareza generalizada», dijo una amiga.
Otra persona dijo que una noche tuvo un sueño tan vívido que se lo contó a su familia. «La mayoría compartió los sueños extrañamente vívidos que habían tenido esa misma noche», dijo.
Una persona dijo que nunca sueña, pero que todo cambió en las últimas dos semanas. Otra confesó que sus «sueños son tan reales que creo que de verdad han ocurrido».
Aunque algunas personas recordaron sueños relacionados con el coronavirus o que resultaban estresantes por otros motivos, otras dijeron que agradecían esa vía de escape. «Espero con ganas mis aventuras nocturnas», me contó otra neoyorquina.
Otra expresó un sentimiento parecido: recuerda que, en un sueño reciente, estaba en un bar al aire libre de categoría con amigos del trabajo, «pasándolo bien y socializando». «Estuvo bien».
Un experto en sueño me dijo que los sueños podrían ayudarnos a procesar información y emociones
Michael Grandner, director del programa de investigación sobre sueño y salud de la Universidad de Arizona, me dijo que probablemente intervienen dos factores. El primero tiene que ver con el papel del cerebro en el aprendizaje, el procesamiento de las emociones y la formación de recuerdos.
«Los sueños son el modo en que nuestro cerebro procesa, organiza e integra las cosas y les encuentra sentido», dijo. Y ahora todos intentamos encontrarle sentido al mundo. «Nos han arrojado a este nuevo entorno y estamos tratando de averiguar cuál es nuestro lugar en él».
Que ese procesamiento dé lugar a sueños agradables o llenos de pánico podría tener que ver con cuánta cobertura informativa has visto y con si has controlado tu ansiedad de otras maneras, por ejemplo, hablando con familiares y amigos, según sugiere un estudio sobre los sueños de estudiantes universitarios después del 11-S.
Otro factor importante podría ser el cambio de horarios: Grandner observa que muchas personas duermen hasta más tarde estos días, ya que las tareas habituales de prepararse para ir al trabajo o a la escuela y desplazarse hasta allí ya no les ocupan tiempo.

«Duermen como una persona jubilada», dijo Grandner.
Eso no es malo: el tiempo extra, sobre todo por la mañana, puede permitir que el cerebro complete uno o dos ciclos REM más, el tipo de sueño profundo durante el cual se producen la mayoría de los sueños más vívidos. «Antes parábamos la película antes de llegar a la parte interesante», dijo Grandner. «Ahora quizá ya no lo hacemos».
Al final, sospecha que estas proyecciones de medianoche podrían volverse menos frecuentes o emocionantes a medida que nuestros cuerpos se pongan al día y se adapten. Por ahora, son sueños de «rebote». «Es como cuando llevas un rato conteniendo la respiración», dijo; «esas primeras respiraciones son buenas».
