Cómo una «estrategia económica del cuarto sector» puede ayudarnos a construir un futuro mejor para todos

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  • Un enfoque emergente de la economía combina lo mejor del sector público (los gobiernos), el sector privado (con fines de lucro) y el sector social (las organizaciones sin ánimo de lucro).

  • Esta evolución ha difuminado los límites entre estos tres sectores y ha puesto de relieve un cuarto sector adicional.

  • Aunque todavía está fragmentado y en formación, este incipiente cuarto sector señala un camino para abordar las deficiencias del sistema actual.

Cuando los líderes del G20 se reunieron virtualmente a finales del año pasado para la cumbre de Riad, bajo el lema «Hacer realidad las oportunidades del siglo XXI para todos», uno de los principales temas de la agenda fue abordar la crisis persistente de la COVID-19 y sus repercusiones económicas y sociales. En su propia reunión virtual reciente, los líderes del G7 declararon su intención de «trabajar juntos para dar forma a una recuperación que promueva la salud y la prosperidad de nuestra gente y de nuestro planeta». Estas conversaciones han tenido lugar en un momento difícil y extraordinario, que ha llevado a muchos a reevaluar los cimientos mismos de nuestra economía y sociedad. Los esfuerzos para contener las sucesivas olas de COVID-19 han obligado a los gobiernos a tomar decisiones de suma cero entre salvar vidas y proteger los medios de vida, con daños inevitables en ambos ámbitos. Familias de todo el mundo lloran a sus seres queridos mientras afrontan un desempleo creciente, mercados volátiles y una recesión mundial.

La pandemia y sus consecuencias también han dejado al descubierto las profundas desigualdades y la falta de sostenibilidad inherentes a nuestros sistemas económicos. De hecho, muchas de las deficiencias de estos sistemas que contribuyeron a facilitar la aparición de la pandemia están agravando sus efectos e impedirán una solución sostenible.

Los mercados ilegales y no regulados de fauna silvestre podrían haber permitido que el virus saltara a los seres humanos; la contaminación atmosférica es un factor clave de la tasa de mortalidad; las comunidades vulnerables con menor acceso a una atención sanitaria de calidad y a la prosperidad económica —muchas de las cuales ahora se consideran «trabajadores esenciales»— están enfermando gravemente y muriendo a tasas más altas; y cuestiones de vida o muerte, como la preparación ante pandemias y el acceso a equipos médicos de protección, se han visto comprometidas por fallos del mercado y una coordinación deficiente, mientras las restricciones comerciales y las prácticas proteccionistas limitan el acceso a las vacunas y ralentizan su distribución, dejando atrás a millones de personas.

Debemos construir una economía mejor

Sin embargo, toda crisis presenta una oportunidad de transformación, si la aprovechamos deliberadamente. Desde que comenzó esta crisis, el G20 y otros gobiernos han movilizado billones de dólares de los contribuyentes para responder a la pandemia y estabilizar y reactivar sus economías. Esto ha exigido un gasto público sin precedentes, que tendrán que pagar las generaciones futuras. Las decisiones sobre cómo se gastan estos fondos están dando forma al futuro. ¿Deberían utilizarse para mantener a flote modelos de negocio que han estado agravando nuestros desafíos sociales y medioambientales? ¿O deberían destinarse a impulsar la innovación y la creación y el desarrollo de empresas que, en cambio, ayuden a avanzar hacia una economía más equitativa y sostenible?

Este dilema no es nuevo. En 2019, 183 directores ejecutivos de Business Roundtable publicaron una declaración en la que pedían a las empresas centradas exclusivamente en el valor para los accionistas que actuaran en beneficio de todas las partes interesadas. También hemos escuchado voces tan diversas como la de Greta Thunberg y la del movimiento juvenil mundial a favor del medioambiente, así como la del senador republicano estadounidense Marco Rubio, quien advirtió que la búsqueda incesante del valor para los accionistas estaba convirtiendo a los trabajadores en partidas de un libro contable.

El Manifiesto de Davos 2020 del Foro Económico Mundial sostenía que el propósito de una empresa es involucrar a todas sus partes interesadas —empleados, clientes, proveedores, comunidades locales y la sociedad en general— en la creación de valor compartido y sostenido. Más recientemente, una coalición de líderes empresariales mundiales, que representa unos ingresos anuales conjuntos de más de 100.000 millones de dólares, ha propuesto una hoja de ruta para «construir mejor el sistema económico», en lugar de limitarse a «reconstruirlo».

Ya existe una excelente base sobre la cual construir. Durante décadas, millones de personas y organizaciones pioneras han creado empresas sociales y sostenibles para abordar muchos de los desafíos del mundo. Esto ha exigido replantear y transformar aspectos de las finanzas, las empresas, la medición, las políticas, la producción, el consumo y otros ámbitos, para servir mejor al bien común. La inversión de impacto, la empresa social, la presentación de informes ESG, la filantropía de riesgo, la economía circular y la financiación combinada son solo algunos ejemplos.

Este mosaico de innovaciones, en el que participan innumerables organizaciones y redes de todo el mundo, está impulsando la aparición de un nuevo enfoque de la economía y la empresa que combina lo mejor del sector público (los gobiernos), el sector privado (las empresas con fines de lucro) y el sector social (las organizaciones sin ánimo de lucro). Esta evolución ha difuminado los límites entre estos tres sectores y ha puesto de relieve un cuarto sector adicional. En conjunto, se estima que este sector en expansión representa hasta el 10% del PIB de Estados Unidos y Europa.

En conjunto, se estima que este cuarto sector en expansión representa hasta el 10% del PIB de Estados Unidos y Europa.

Jennifer Blanke, Michelle Muschett y Heerad Sabeti

El cuarto sector comprende las empresas que a veces se denominan «orientadas a un propósito» o «en beneficio de la sociedad». Entre ellas se encuentran cooperativas, empresas sociales, sociedades de beneficio público, bancos de desarrollo comunitario y sociedades de interés comunitario, entre muchas otras. Ofrecen alimentos saludables, atención sanitaria y vivienda asequibles, educación de calidad, transporte y energía ecológicos, acceso digital, servicios sociales, agua y saneamiento, servicios financieros y muchos otros productos y servicios esenciales. Al mismo tiempo, crean empleos de calidad, pagan impuestos, realizan inversiones, contribuyen a innumerables causas e innovan con nuevos productos en ámbitos que los mercados tradicionales suelen pasar por alto o no priorizar, como los medicamentos y equipos médicos de bajo costo.

El cuarto sector señala el camino

Aunque todavía está fragmentado y en formación, este cuarto sector emergente señala un camino para abordar las deficiencias del sistema actual.

Los gobiernos podrían aprovechar estas décadas de innovación y la amplia demanda de ciudadanos, consumidores, directores ejecutivos, empleados, inversores, emprendedores sociales y jóvenes por igual para impulsar un crecimiento económico sostenible y más equitativo que permita hacer frente a los desafíos venideros. Es necesario reconocer, formalizar y ampliar este nuevo sector mediante mecanismos regulatorios y financieros adecuados.

En pocas palabras, nuestro sistema actual todavía no ofrece un marco fiscal y jurídico adecuado para las organizaciones que utilizan el mercado para generar beneficios sociales o medioambientales. Además, el ecosistema de apoyo especializado del que dependen las empresas para operar con éxito —que incluye mercados financieros, políticas y regulación, sistemas de formación y educación, normas de medición y presentación de informes, entre otros elementos— está demasiado fragmentado y es demasiado incipiente para estos nuevos modelos organizativos. Si diseñan cuidadosamente los incentivos y las políticas adecuados, los gobiernos pueden ampliar el sector y sus efectos positivos con rapidez y de forma exponencial.

Esta agenda puede parecer ambiciosa, pero lleva décadas gestándose. Ya existe una masa crítica de empresas e infraestructura del cuarto sector, que podría movilizarse y ampliarse fácilmente para afrontar los numerosos desafíos de la respuesta a la COVID-19 y la recuperación. Cada año, millones de emprendedores sociales ponen en marcha nuevas empresas del cuarto sector en todo el mundo. Liberar todo este potencial exige intervenciones estratégicas de los responsables de formular políticas para pasar de un proceso orgánico y autoorganizado a uno deliberado. Esto ayudará tanto a reconstruir la economía como a reinventarla con una estructura renovada que facilite el crecimiento sostenible, mejore la resiliencia y refuerce la resistencia ante futuras crisis.

Un ejemplo destacado de cómo acelerar esta agenda es la Alianza de Respuesta a la COVID para Emprendedores Sociales: creada al inicio de la pandemia, reúne apoyos para 90.000 emprendedores sociales y busca acelerar el establecimiento de este nuevo sector emergente.

¿Qué es la Alianza de Respuesta a la COVID para el Emprendimiento Social?

Mientras los líderes del G20 trazan planes para ofrecer oportunidades a todos los ciudadanos y los líderes del G7 preparan su cumbre de junio, cuyo objetivo es ayudar a que «el mundo combata el coronavirus y luego se reconstruya mejor, y cree un futuro más verde y próspero», tienen una oportunidad extraordinaria de reorientar nuestros importantes recursos colectivos hacia la reconstrucción con un nuevo propósito digno. Si no es ahora, cuando la humanidad está unida en el trauma y hemos realizado el mayor gasto de emergencia de recursos de nuestra historia, ¿cuándo? La economía se reconstruirá; asegurémonos de que se reconstruya mejor.

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