La mala visión es una de las tres principales causas de discapacidad en el mundo.
Personas más pobres, mujeres y mayores: más probabilidades de verse afectadas.
En algunos países, la atención oftalmológica es obligatoria para los niños.
La visión desempeña un papel significativo en la vida, en cada etapa de la misma. Conecta e influye en muchos ámbitos de la vida, como la educación, el empleo y la recreación. El 80% del aprendizaje se produce a través de la visión, lo que afecta directamente al éxito de una persona en la vida.
A nivel mundial, de los 7700 millones de habitantes, se estima que 2500 millones de personas padecen deficiencia visual. Esto representa una parte significativa de la población mundial que necesita atención oftalmológica y otros servicios, y que se enfrenta a barreras en su vida cotidiana. La Organización Mundial de la Salud sitúa la mala visión entre las tres principales causas de discapacidad en el mundo, y las personas que padecen mala visión no pueden acceder a la atención oftalmológica o desconocen que podrían necesitarla.
La mala visión está asociada a la pobreza. Las personas con un nivel socioeconómico más bajo, y en consecuencia con menores niveles de logro educativo, vivienda precaria, menores ingresos y menores posibilidades de acceder a los servicios de salud, tienen más probabilidades de sufrir deficiencia visual. Por el contrario, otros estudios han demostrado que un mayor nivel de ingresos o de riqueza se asociaba a un mayor acceso a los servicios de atención oftalmológica y a menores tasas de deficiencia visual.
La mala visión está asociada al género. Más mujeres que hombres soportan la carga de la deficiencia visual, por distintas razones: menores niveles de acceso a los servicios generales de salud debido a su menor condición social; debido a las dificultades de los métodos con los que se prestan los servicios de atención oftalmológica (que no satisfacen las necesidades de las mujeres); o simplemente porque las mujeres tienen más probabilidades de contraer determinadas enfermedades debido a los roles de género, como, por ejemplo, la ceguera causada por el tracoma, que es entre dos y cuatro veces más frecuente en las mujeres que en los hombres.
La mala visión está asociada a la edad, en particular en lo que respecta a comprender que uno padece mala visión. Se cree que el 30% de los niños padecen mala visión, lo que afecta inherentemente a su capacidad para aprender a largo plazo y a su salud. Los niños con mala visión se encuentran en una desventaja considerable en la escuela, ya que el 80% de todo el aprendizaje se produce a través de la visión. Diversos estudios informan de asociaciones entre los problemas de visión, el bajo rendimiento escolar y una menor calidad de vida.[10] Estos estudios indican que el 44% de los padres no es consciente de que los problemas de comportamiento de los niños pueden tener su origen en una deficiencia visual, y que esta puede afectar significativamente a su salud futura.

Abordar la mala visión desde una perspectiva “de abajo arriba”
1. Abogar por la atención oftalmológica
Las organizaciones comunitarias desempeñan un papel cada vez más central en la representación y defensa de los grupos e individuos marginados, especialmente en lo relativo a la salud y los servicios de salud, y realizan contribuciones significativas. Una estrategia consiste en presionar a los gobiernos y a las autoridades locales para que hagan obligatoria la atención oftalmológica para todos los niños que ingresan en la escuela (como ocurre en algunos países), integren la atención oftalmológica en los planes estratégicos nacionales de salud, apoyen investigaciones de alta calidad sobre la atención oftalmológica y hagan de esta una parte integral de la cobertura sanitaria universal. Asimismo, se trata de sensibilizar, involucrar y empoderar a las personas y comunidades, en especial a las poblaciones desatendidas, como las mujeres, los migrantes, los pueblos indígenas y las personas con determinados tipos de discapacidad, sobre la importancia de la detección temprana de las afecciones oculares, la necesidad de prevenir y abordar la deficiencia visual y la forma en que pueden empoderarse para acceder a los servicios de atención oftalmológica. Y utilizar campañas para intentar reducir los conceptos erróneos y el estigma entre los niños y sus padres, y animar a los padres a que revisen los ojos de sus hijos.
2. Involucrar a las organizaciones comunitarias en alianzas público-privadas
Desde una perspectiva de arriba abajo, las alianzas mundiales, las alianzas público-privadas y la filantropía empresarial constituyen contribuciones importantes para el éxito de los programas que abordan la salud visual. Como ejemplo, Vision 2020, una iniciativa de la Organización Mundial de la Salud desarrollada entre 1999 y 2020, ha aumentado la conciencia sobre la pérdida de visión e incrementado el compromiso con la prevención de la ceguera y la cooperación entre la OMS, los gobiernos y las organizaciones no gubernamentales. Le siguió la resolución 62.7 de la Asamblea Mundial de la Salud y su plan de acción para la prevención de la ceguera y la deficiencia visual evitables.
Me enorgullece dirigir el proyecto sin ánimo de lucro “Young Shapers of Albania” , fundado por un grupo de jóvenes miembros del Hub de Global Shapers del Foro Económico Mundial en Tirana. Se han comprometido a erradicar la mala visión en todo el país y actualmente están implementando una iniciativa de Vision for Life Essilor en Albania, basada en el compromiso asumido por Essilor de erradicar la mala visión a nivel mundial para 2050. En un proyecto de tres meses, 527 docentes han sido capacitados para realizar pruebas de Snellen/agudeza visual en 21 escuelas primarias; 5000 personas se sometieron a pruebas de agudeza visual. De ellas, 800 niños fueron visitados por oftalmólogos. Quienes lo necesitaban recibieron su primer par de gafas antes de la víspera de Año Nuevo.
Factores de cambio
La buena noticia de todo esto es que casi la mitad de quienes padecen una deficiencia visual tienen afecciones oculares prevenibles si se diagnostican en una fase temprana. Esto significa que basta con una detección temprana para cuidar la salud visual. Y, a menudo, solo hace falta un par de gafas para vivir una vida libre de mala visión.

