COVID-19 demostró la importancia del 5G para la economía y el medio ambiente

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  • Durante la pandemia de COVID-19, la conectividad se ha convertido en una parte aún más importante de la infraestructura crítica, ayudando a las personas de una manera sin precedentes a trabajar, estudiar y socializar en línea.

  • De cara al futuro, los gobiernos deben hacer más para aprovechar el potencial del 5G si queremos salir reforzados de la pandemia y afrontar desafíos mayores, como el cambio climático.

  • Estas son dos de mis conclusiones de la serie en tres partes «5G Outlook Series» del Foro Económico Mundial, en cuya elaboración Ericsson, como parte de un grupo de trabajo multisectorial, participó.

La pandemia de COVID-19 ha demostrado cómo la conectividad se ha convertido en una parte aún más importante de la infraestructura crítica, ayudando a las personas de una manera sin precedentes a trabajar, estudiar y socializar en línea. El año pasado, el uso de banda ancha fija por parte de los consumidores aumentó una media de dos horas y media al día, y el de banda ancha móvil, una hora.

En su primer informe de la serie 5G Outlook, el Foro Económico Mundial destacó varias actividades detrás de ese aumento del uso: en la atención sanitaria, un incremento del 490 % en las consultas de telemedicina de urgencias; en la socialización, un aumento del 75 % en los juegos en línea; y en el comercio minorista, las transacciones en línea crecieron un 74 % a nivel mundial. En el mundo laboral, el Informe sobre la movilidad de Ericsson muestra que el 60 % de los trabajadores de oficina aumentó el uso de las videollamadas.

A pesar de los cambios repentinos y sin precedentes en los patrones y la demanda de tráfico, las redes funcionaron bien, y los operadores proporcionaron, por lo general, un rendimiento de red suficiente. Este sólido rendimiento se reflejó en la percepción de los usuarios: el 83 % afirmó que las TIC les ayudaron mucho, de una u otra forma, a sobrellevar los confinamientos.

Sin las inversiones realizadas en 4G y 5G, ninguno de los usos, incluidos la telemedicina, las videollamadas y los juegos, habría podido desarrollarse en la medida en que se ha visto durante la pandemia.

Con la vacunación en marcha, existe el riesgo de que la sociedad intente retomar la situación previa a la pandemia. Sin embargo, es evidente que el mundo no puede avanzar volviendo al statu quo prepandémico. Si queremos salir con fuerza de la COVID-19 y afrontar desafíos mayores, como el cambio climático, no solo debemos seguir impulsando la evolución digital, sino acelerarla, con el 5G en primera línea.

El 5G en primera línea de la evolución digital

Los gobiernos tienen un largo camino por recorrer para ayudar a desplegar el 5G si queremos usarlo para afrontar los desafíos económicos y medioambientales, a la vez que se mitiga la desigualdad. Con atributos como la alta velocidad y la baja latencia, y como facilitador de otras tecnologías, como el internet de las cosas y la inteligencia artificial, el 5G está concebido como una plataforma sobre la que las empresas pueden impulsar usos eficientes, de bajo coste y bajas emisiones.

Esto se observa, por ejemplo, en entornos fabriles, donde los usos del 5G se concentran en la calefacción, la ventilación y el aire acondicionado automatizados, el control de la iluminación y la gestión de edificios. Muchos de estos usos del 5G, así como los beneficios económicos y medioambientales que se derivan de ellos, se analizan en 5G Smart Factory de Ericsson.

En una línea similar dentro de la agricultura, existen varios casos de uso del 5G en los que el uso de sensores y otros dispositivos conectados permite a los agricultores producir más resultados mientras consumen menos recursos naturales escasos, como el agua.

Un ejemplo de ello es Agroscope, un centro de investigación agrícola en Suiza. El centro ha desplegado sensores en tiempo real que miden la humedad del suelo, el crecimiento de los cultivos, los datos meteorológicos y los movimientos de los animales. Estos sensores han permitido a los agricultores reducir la cantidad de fertilizante nitrogenado en aproximadamente un 10 %, sin pérdida correspondiente en el rendimiento de los cultivos.

La banda ancha y el 5G, como la Comisión Europea deja claro, sientan las bases de la transformación ecológica y digital de la economía, independientemente de si hablamos de transporte y energía, sanidad y educación, o de la fabricación y la agricultura.

Los beneficios del 5G

Pocos países han sido tan rápidos como Suiza en ver el potencial del 5G y comprometerse con él. En 2019, Swisscom activó la primera red comercial 5G europea y, hoy en día, el 90 % de la población está cubierta por el 5G.

Ahora verán beneficios en la competitividad económica, con empresas que obtienen ventajas por ser pioneras; en el nivel educativo, con un aprendizaje en línea reforzado mediante la RV; y verán beneficios medioambientales gracias a la reducción de emisiones. El 5G es escalable y, si otros países utilizaran Suiza como modelo, los beneficios globales serían enormes.

A escala mundial, desde el punto de vista medioambiental, la tecnología digital puede acelerar la reducción de las emisiones globales hasta en un 15 % para 2030, si bien solo es responsable del 1,4 % de las emisiones globales. Desde el punto de vista económico, «algunos analistas del sector han sugerido que el 5G añadirá 3,8 billones de dólares de producción bruta para 2035, lo que sustentará 22,8 millones de nuevos empleos».

Pero con las recompensas llegan los riesgos. Uno de ellos es la amenaza de una desigualdad agravada, a través de la adopción desigual de la tecnología digital. Por ejemplo, a finales de 2026, Ericsson prevé 3500 millones de suscripciones 5G a nivel mundial, y América del Norte representará el 80 % de las suscripciones 5G, mientras que el África subsahariana, el 5 %.

Dado que, para 2030, prevemos que dos tercios de la fuerza laboral mundial dependerán de la conectividad 5G, es fundamental que trabajemos para cerrar la brecha de competencias digitales y promover una agenda que garantice la inclusión digital, un aspecto que también destaca la serie de informes.

Los gobiernos como catalizadores del 5G

Los gobiernos tienen un largo camino por recorrer para ayudar a desplegar el 5G. Como sostiene el informe: «Cuando los gobiernos pueden trabajar con el sector de las comunicaciones para sufragar los costes de despliegue de la red, es más probable que las naciones vean antes beneficios del 5G de forma generalizada en toda la economía. Democratizar el 5G de esta manera es una forma significativa de evitar una brecha digital impulsada por el 5G.»

Más concretamente, en lugar de centrarse en obtener tasas limitadas por el espectro y alargar los despliegues, los gobiernos deben considerarse a sí mismos catalizadores de la inversión. Deben centrarse en los mayores beneficios económicos y medioambientales que se derivan de liberar el espectro con rapidez, maximizar la oferta y lograr que las empresas estén operativas con el 5G.

El espectro, que es el sistema que transporta los datos desde el equipo del usuario hasta las estaciones base celulares y hasta el punto final de los datos, también debe asignarse de manera que incentive un despliegue amplio y rápido para garantizar un acceso equitativo. Además, deben eliminarse barreras como los retrasos en la concesión de permisos, las normas de emplazamiento y la armonización de los valores de exposición a radiofrecuencias. Hacerlo ayudará a acelerar la adopción del 5G.

Está claro que la COVID-19 demostró el enorme valor de nuestra infraestructura digital. Si la sociedad quiere salir más fuerte de la pandemia y afrontar desafíos mayores, los gobiernos deben actuar más como catalizadores y desbloquear el potencial del 5G.

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