5 medidas que pueden adoptar las empresas para proteger la calidad del aire después de la COVID-19

A general view of freeways leading into downtown Los Angeles after California issued a stay-at-home order due to coronavirus disease (COVID-19) in Los Angeles, California, U.S., March 23, 2020.
The lockdowns have reduced air pollution across the world - here's how to keep it that wayImage: REUTERS/Lucy Nicholson
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  • La contaminación del aire causa unos 7 millones de muertes en todo el mundo cada año.

  • La crisis de la COVID-19 nos brinda la oportunidad de abordar este problema.

  • La tecnología y las políticas ya están disponibles: ahora les corresponde actuar a los gobiernos y al sector privado.

Estamos inmersos en una crisis mundial de salud pública cuyo alcance y desenlace final se desconocen. Tras un período de confinamiento en muchos países y la consiguiente desaceleración económica, vivimos tiempos de incertidumbre.

La demanda de respuestas claras crece día a día. Las preguntas giran en torno a cómo llegamos a esta crisis, cuándo se flexibilizarán las restricciones y cómo podemos reconstruir economías mejores. Hay mucho en juego y una gran incertidumbre.

Por difícil que resulte imaginarlo ahora, esta crisis podría tener algunos resultados positivos y ofrecer oportunidades para realizar cambios duraderos que salven vidas y aumenten nuestra resiliencia a largo plazo.

La contaminación del aire es un problema que lo ilustra a la perfección.

La OMS estima que la contaminación del aire provoca alrededor de siete millones de muertes prematuras cada año, en gran medida debido al aumento de la mortalidad por accidentes cerebrovasculares, enfermedades cardíacas, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, cáncer de pulmón e infecciones respiratorias agudas. Es más mortal que la malaria, la violencia, el VIH/sida, las drogas y el alcohol, y los accidentes de tráfico. Y casi con toda seguridad, que la COVID-19.

También están surgiendo algunos indicios que muestran que la tasa de mortalidad por coronavirus es más alta en lugares contaminados, donde la capacidad pulmonar de las personas se ha reducido tras años de exposición al aire tóxico. Este problema es grave y, junto con el cambio climático, merece abordarse con determinación, recursos suficientes y disposición a cambiar nuestros comportamientos.

La mala calidad del aire supone por sí misma un riesgo para la salud de los empleados. Se ha demostrado, por ejemplo, que la contaminación del aire en el centro de Londres puede causar el equivalente a más de 650.000 días de baja por enfermedad al año. A las ciudades con graves problemas de contaminación del aire les costará atraer talento, pues se las considerará lugares poco deseables para trabajar y vivir.

Y sus efectos van más allá de nuestra salud. El Banco Mundial ha calculado que la contaminación del aire le cuesta a la economía mundial 225.000 millones de dólares al año en ingresos laborales perdidos. La contaminación y la congestión del tráfico pueden perturbar las operaciones empresariales cotidianas, y un estudio reciente mostró que «es probable que la mala calidad del aire exterior repercuta negativamente en el rendimiento laboral, incluso si se trabaja en interiores, sentado ante un escritorio».

A medida que salimos de la crisis del coronavirus, tenemos la oportunidad de encaminarnos a abordar este problema. De hecho, creo que es de vital importancia encontrar la manera de tratar esta crisis como un catalizador del cambio.

Las empresas ya empiezan a implicarse en la lucha contra la contaminación del aire, motivadas por la oportunidad de innovar en tecnologías limpias, productos sostenibles y soluciones para un aire limpio, y porque los consumidores quieren marcas éticas que contribuyan al cuidado del medio ambiente. En Londres, Google ayuda a construir la red de sensores de contaminación del aire más grande del mundo para medir la calidad del aire a escala de barrio. En India, la Confederación de la Industria India está movilizando a líderes empresariales para que se comprometan a reducir la contaminación del aire. Gestores de activos de todo el mundo, incluido GIB UK, están diseñando soluciones para movilizar capital de inversión en apoyo del aire limpio. Y la Fundación IKEA ayuda a aumentar los fondos destinados a la filantropía colaborativa contra la contaminación del aire.

Las soluciones están disponibles. Ya hemos visto algunos avances: el hecho de que en Londres la Zona de Emisiones Ultrabajas ya haya reducido las emisiones de NOx en un tercio muestra con qué rapidez pueden apreciarse mejoras cuando los líderes políticos y empresariales muestran ambición y liderazgo. La necesidad de actuar es clara, y las tecnologías y políticas ya están disponibles.

Hay cinco medidas en las que el sector privado puede centrarse de inmediato:

1. Utilizar de manera inteligente los fondos de rescate recibidos del erario público, con el doble propósito de transformar nuestras industrias para que pasen a formar parte de una nueva economía con bajas emisiones de carbono.

2. Apoyar las estrategias nacionales de nuevos pactos verdes, reducir las emisiones de carbono e invertir en los trabajadores para que puedan adaptarse a las nuevas tecnologías.

3. Invertir en innovación. Las empresas que se adelanten a los acontecimientos remodelarán las economías con bajas emisiones de carbono. Tras la crisis financiera de 2008-09, vimos prosperar algunas industrias, como la solar.

4. Reducir los contaminantes e incluir su medición y reporte en la contabilidad de gases de efecto invernadero. Esto incluye involucrar a las partes interesadas de la cadena de suministro para que también reduzcan la contaminación del aire.

5. Promover las mejores prácticas y dar a conocer sus iniciativas exitosas.

Todos queremos construir un mañana en el que respirar aire limpio no sea solo un derecho humano, sino una realidad cotidiana para todos. Para lograrlo, debemos innovar y colaborar a fin de reducir las emisiones de forma mucho más ambiciosa que hoy. La necesidad de responder rápidamente ante un enemigo silencioso debe acompañarnos siempre. Es hora de actuar con decisión.

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