5 pasos para crear un mundo libre de tuberculosis

A woman receives a flu vaccination by injection for seasonal flu, after a sharp jump in cases of the virus H1N1, at a subway station in Mexico City, March 4, 2016. REUTERS/Tomas Bravo
Every year, ten million people are affected with TB which makes it the leading cause of death by infection.Image: REUTERS/Tomas Bravo
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A pesar de ser prevenible y curable, la tuberculosis infecta a más de diez millones de personas cada año y es la causa más común de muerte por un agente infeccioso en la época moderna. La comunidad internacional debe adoptar cinco acciones específicas para erradicar de una vez por todas el azote de la tuberculosis.

Cuando Mabruka tenía 18 años, un día volvió a casa del colegio y empezó a toser sangre. Llevaba unos dos meses encontrándose mal y, cuando acudió a un centro de salud, describió síntomas como pérdida de peso, fatiga, dificultad para respirar, fiebre, sudores nocturnos, escalofríos, pérdida de apetito y dolor al respirar y toser. A Mabruka se le diagnosticó tuberculosis (TB) y se le prescribió un régimen diario de 9-10 pastillas. El tratamiento duró seis meses, durante los cuales no pudo asistir al colegio.

Sorprendentemente, la experiencia de Mabruka fue casi la misma que la de alguien que contraía la tuberculosis en la década de 1950, cuando se descubrieron los primeros tratamientos. Debido a la falta de innovación terapéutica desde entonces, a las malas condiciones de vida y a la pobreza generalizada, millones de personas en todo el mundo siguen privadas de su derecho a vivir libres de tuberculosis.

Más de diez millones de personas contraen la enfermedad cada año. A pesar de ser prevenible y curable, es la principal causa de muerte entre las personas que viven con VIH y la causa más común de muerte por un agente infeccioso en la época moderna.

El tratamiento estándar de la tuberculosis está anticuado de forma inaceptable. El proceso es tan largo y los efectos secundarios tan desagradables que, en ausencia de programas de tratamiento comunitarios, muchas personas con tuberculosis dejan de tomar sus medicamentos a mitad del régimen. Una de las consecuencias ha sido un aumento de resistencia a los antimicrobianos (RAM), que ahora es una de las principales amenazas para la salud mundial.

Image: The Conversation

En 2016, la tuberculosis multirresistente causó la muerte de 240 000 personas. Más de la mitad de las personas con TB-MDR no tienen acceso a un tratamiento eficaz. Y para quienes sí lo tienen, el tratamiento suele durar al menos dos años, siempre que se encuentre un medicamento capaz de combatir las bacterias resistentes.

La Agenda de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas tiene como objetivo poner fin a la tuberculosis para 2030. Sin embargo, el liderazgo y la inversión mundiales necesarios para alcanzar ese objetivo han brillado por su ausencia. Al ritmo actual de progreso, tardaremos hasta 2180 en poner fin a una de las amenazas de salud pública más antiguas del mundo.

La comunidad internacional debe adoptar cinco acciones específicas para erradicar de una vez por todas el azote de la tuberculosis. Para empezar, hay que cerrar las brechas de los sistemas de salud existentes, de modo que todas las personas tengan acceso a servicios de prevención, diagnóstico y tratamiento de la tuberculosis. Los líderes políticos y de la sociedad civil deben hacer más para defender la salud como un derecho humano. Y deben centrarse especialmente en la RAM, que supone una amenaza para las generaciones actuales y futuras por igual.

En segundo lugar, los responsables de las políticas y los proveedores de atención sanitaria deben transformar la respuesta estándar a la tuberculosis para hacerla más equitativa, basada en los derechos, no discriminatoria y centrada en las personas, no solo en los entornos sanitarios, sino también en los lugares de trabajo, las escuelas y las cárceles. Esto es especialmente importante para las poblaciones vulnerables, incluidos los niños y las personas que viven con VIH. Pero, en términos más generales, el objetivo final debe ser la cobertura sanitaria universal, para proteger a las personas de los gastos sanitarios potencialmente catastróficos asociados a la tuberculosis y a la TB-MDR.

En tercer lugar, debemos comprometernos a realizar las inversiones necesarias para acabar con la tuberculosis, reconociendo que hacer lo correcto también tiene sentido desde el punto de vista financiero. La ONU estima que, a largo plazo, “cada dólar invertido en la tuberculosis genera hasta 30 dólares mediante la mejora de la salud y el aumento de la productividad”.

La cuarta prioridad es aprovechar el sector privado. Para impulsar la innovación y los nuevos descubrimientos, necesitamos con urgencia más alianzas entre gobiernos, empresas (en particular, los fabricantes de medicamentos) y organizaciones de la sociedad civil. El objetivo debe ser desarrollar regímenes de tratamiento mejores y menos tóxicos que actúen más rápido que los disponibles actualmente.

Por último, la comunidad internacional debe comprometerse con un liderazgo mundial más decidido y responsable. Sin rendición de cuentas, los objetivos y los compromisos tienen poco sentido. Hay que presionar a los gobiernos para que mejoren los niveles de vida. Eso significa garantizar el acceso a alimentos nutritivos, a un medio ambiente limpio y a la educación, y fomentar unas condiciones económicas saludables. Alcanzar esos objetivos contribuirá en gran medida a reducir la carga de la tuberculosis.

Importantes organizaciones sanitarias mundiales, como El Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, Unitaid, el Plan de Emergencia del Presidente de los Estados Unidos para el Alivio del Sida, y otras, apoyan a los países en esta agenda. Pero, con una brecha de financiación mundial de 2300 millones de dólares al año, el esfuerzo por poner fin a la tuberculosis no puede dejarse solo en manos de unas pocas organizaciones.

En los últimos 15 años, los países que han logrado avances significativos en la lucha contra la tuberculosis son la excepción. Para que el progreso se convierta en la norma mundial, necesitaremos crear una masa crítica de países que hayan abordado tanto los determinantes estructurales de la tuberculosis como asignado fondos adecuados a los tratamientos. Concretamente, eso significa identificar el 40 % de los casos de tuberculosis (el 60 % de los cuales se dan en personas que viven con VIH) que se pasan por alto cada año.

El 26 de septiembre, la Asamblea General de las Naciones Unidas celebrará su primera reunión de alto nivel sobre la tuberculosis, y los Estados miembros emitirán una declaración política de intenciones para abordar esta cuestión. Les instaríamos a reflexionar sobre las cinco medidas expuestas anteriormente. El camino hacia un mundo libre de tuberculosis empieza ahí.

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