Durante la pandemia, los padres de EE. UU. se han enfrentado a desafíos particulares, ya que cerraron las guarderías y las escuelas.
En general, tanto las madres como los padres que trabajan y tienen a su cargo hijos menores de 18 años se han visto afectados por igual, según un estudio de Pew.
Al principio, las mujeres fueron las más afectadas, pero durante los primeros seis meses de la COVID-19, los hombres también redujeron sus horas de trabajo.
La recesión provocada por la COVID-19 ha trastocado la vida de los trabajadores estadounidenses, millones de los cuales siguen sin empleo pese al reciente repunte de la contratación. Los padres que trabajan se han enfrentado a desafíos particulares, ya que muchas escuelas y guarderías de Estados Unidos cerraron sus puertas debido al brote de coronavirus. Un nuevo análisis de datos gubernamentales del Pew Research Center revela que, durante los primeros seis meses de la pandemia, la participación laboral de madres y padres con hijos menores de 18 años en casa se vio afectada de manera similar.
La proporción de madres y padres que trabajan —es decir, que tienen empleo y están trabajando— disminuyó entre 2019 y 2020, pero la caída fue comparable en ambos grupos. La proporción de madres que no formaban parte de la población activa aumentó algo más que la de los padres, pero, entre quienes trabajaban, los padres parecen haber reducido sus horas de trabajo más que las madres.
Estudios anteriores revelaron que algunas madres —más que los padres— estaban reduciendo sus horas de trabajo o se tomaban una licencia laboral al comienzo de la pandemia. Sin embargo, durante los primeros seis meses del brote, la pandemia de COVID-19 afectó de manera similar a madres y padres en el mercado laboral, y la amplia brecha existente entre ambos en cuanto a participación laboral prácticamente no cambió. La proporción de madres y padres con empleo que estaban trabajando se desplomó con el inicio del brote de coronavirus y solo se había recuperado parcialmente hasta septiembre de 2020. La brecha de género en septiembre (22 puntos porcentuales) fue ligeramente mayor que en febrero (20 puntos), pero en septiembre de 2019 ya existía una brecha similar.
Los resultados del mercado laboral por sí solos no reflejan plenamente las experiencias de los padres, como la pérdida de tiempo libre o el estrés adicional que supone compaginar el trabajo, el cuidado de los hijos y la enseñanza en línea. Dado que las madres ya asumían una mayor responsabilidad en el cuidado de los hijos que los padres, es probable que las tareas adicionales durante la COVID-19 —cuando muchas escuelas, guarderías y campamentos de verano cerraron, al menos temporalmente— hayan recaído más sobre ellas. Es posible que estos efectos varíen entre madres y padres, y que la brecha de género en este ámbito cambie a medida que se prolongue el brote de coronavirus.
Estos son cinco datos sobre cómo se vio afectada durante los primeros seis meses del brote de COVID-19 la actividad laboral de mujeres y hombres con hijos en casa. El análisis se centra en la proporción de madres y padres que trabajaban —es decir, que tenían empleo y estaban trabajando— en septiembre de 2020 y en cómo se compara con la situación de septiembre de 2019.
1. En septiembre de 2020, la proporción de madres y padres con empleo que estaban trabajando era menor que en septiembre de 2019. Entre las madres, esta proporción bajó del 69,0 % al 63,4 % y, entre los padres, del 90,5 % al 85,6 % durante ese período. La caída de la proporción de madres que trabajaban fue similar a la de los padres: 5,6 frente a 4,9 puntos porcentuales.
Las madres y los padres con empleo que no están trabajando pueden ausentarse por vacaciones, enfermedad, licencia de maternidad o paternidad, cuidado de los hijos u otras obligaciones familiares, entre varios motivos. Como también pueden tomarse vacaciones o una licencia por enfermedad por razones familiares, nuestro análisis no intenta distinguir entre los motivos de las ausencias laborales. En septiembre de 2020, la proporción de personas ausentes del trabajo era del 2,9 % entre las madres y del 2,1 % entre los padres. La proporción aumentó en la misma medida para madres y padres respecto de septiembre de 2019.
La recesión sí aumentó el desempleo en todos los grupos. Entre las madres, la proporción de la población en edad de trabajar —de 16 años o más— que no tenía empleo aumentó del 2,2 % en septiembre de 2019 al 4,7 % en septiembre de 2020. Los padres registraron un aumento similar de la proporción sin empleo: del 1,7 % al 4,5 %.
Una diferencia clave entre madres y padres es la proporción que no forma parte de la población activa, es decir, que no tiene empleo ni busca trabajo activamente. En septiembre de 2020, el 29,1 % de las madres no formaba parte de la población activa, frente a solo el 7,8 % de los padres; una disparidad que se explica en parte por el cuidado de los hijos y otras obligaciones familiares. Esta proporción era mayor que en septiembre de 2019 tanto entre las madres como entre los padres, y el aumento fue ligeramente mayor entre las madres que entre los padres (2,6 frente a 1,6 puntos porcentuales).
2. Entre las madres, quienes tenían hijos de 3 años o más registraron una disminución ligeramente mayor de la proporción con empleo que estaban trabajando; entre los padres, la disminución de esta proporción fue mayor entre quienes tenían hijos menores de 3 años. En consonancia con la brecha de género en el cuidado de los hijos, es menos probable que las madres con hijos menores de 3 años estén trabajando. En septiembre de 2020, el 53,9 % de estas madres tenía empleo y estaba trabajando, frente al 70,4 % de las madres cuyo hijo menor tenía entre 14 y 17 años. Estas proporciones disminuyeron desde septiembre de 2019 en todos los grupos de madres; la caída entre las madres con hijos de 3 a 5 años o de 6 a 13 años (6,7 puntos porcentuales en cada grupo) fue mayor que entre las demás madres.
Entre los padres con hijos menores de 3 años, la proporción que trabajaba cayó del 91,9 % en septiembre de 2019 al 85,0 % en septiembre de 2020. La disminución de la actividad laboral fue más moderada entre los padres con hijos mayores. Por ejemplo, entre los padres con hijos de 14 a 17 años, la proporción total que trabajaba bajó del 87,5 %% en septiembre de 2019 al 85,1 % en septiembre de 2020.
Detrás de estas tendencias en la participación laboral de madres y padres hubo cambios en su participación en la población activa. La participación en la población activa disminuyó más entre las madres con hijos de 3 a 5 años o de 6 a 13 años, así como entre los padres con hijos menores de 3 años. Las ausencias del trabajo apenas cambiaron entre madres y padres, independientemente de la edad de sus hijos.
3. Durante la recesión provocada por la COVID-19, la proporción de madres negras, asiáticas e hispanas que trabajaban disminuyó más que la de las madres blancas. Entre los padres, la proporción con empleo disminuyó más entre los padres negros e hispanos que entre los blancos y asiáticos.
En septiembre de 2019, el 73,2 % de las madres negras estaba trabajando, una proporción mayor que la de las madres blancas, asiáticas e hispanas. Para septiembre de 2020, la proporción de madres negras que trabajaban era del 65,8 %, una caída de 7,4 puntos porcentuales. Las madres asiáticas e hispanas registraron caídas de 7,3 y 8,0 puntos, respectivamente, en la proporción con empleo. La disminución de esta proporción entre las madres blancas —4,1 puntos porcentuales— también es notable, aunque menor, en consonancia con las tendencias generales entre las mujeres.
Durante el mismo período, la actividad laboral disminuyó más entre los padres negros e hispanos que entre los demás padres. En septiembre de 2019, el 81,6 % de los padres negros y el 92,2 % de los padres hispanos tenían empleo y estaban trabajando. Para septiembre de 2020, trabajaba el 75,3 % de los padres negros y el 85,0 % de los hispanos. La disminución de la proporción de padres blancos y asiáticos que trabajaban fue menor.
La participación laboral disminuyó más entre las madres negras, asiáticas e hispanas que entre las madres blancas porque una mayor proporción dejó de formar parte de la población activa y también aumentó más el desempleo entre septiembre de 2019 y septiembre de 2020. De manera similar, durante este período fue más probable que los padres negros e hispanos dejaran de formar parte de la población activa que los padres blancos y asiáticos, y el desempleo aumentó más entre los padres negros, asiáticos e hispanos que entre los blancos.
4. Los padres con empleo que estaban trabajando redujeron sus horas laborales un poco más que las madres. De septiembre de 2019 a septiembre de 2020, el promedio de horas semanales trabajadas por los padres bajó de 43,3 a 40,5, casi tres horas por semana. Al mismo tiempo, las madres redujeron su promedio de horas semanales de 36,8 a 35,0, cerca de dos horas por semana. El cambio en las horas de trabajo de madres y padres no varió de manera significativa según la edad del hijo menor que vivía en casa.
La diferencia clave entre madres y padres es que las madres pasan mucho menos tiempo trabajando, y la brecha de género en este aspecto se mantiene prácticamente intacta. Las exigencias de la vida familiar influyen mucho en esta disparidad, como demuestra en parte el hecho de que las mujeres con hijos más pequeños trabajan menos horas, mientras que la edad de los hijos no influye en las horas trabajadas por los padres.
Otra manifestación de la brecha de género en las horas de trabajo es que las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de trabajar a tiempo parcial. En septiembre de 2019, el 21,0 % de las madres trabajaba a tiempo parcial, frente al 3,9 % de los padres. En septiembre de 2020, las proporciones que trabajaban a tiempo parcial eran del 20,3 % entre las madres y del 4,3 % entre los padres. Es probable que la ligera disminución de la proporción de madres que trabajaban a tiempo parcial se deba a que el empleo disminuyó con más fuerza entre quienes trabajaban a tiempo parcial que entre quienes trabajaban a tiempo completo durante la recesión provocada por la COVID-19.
5. Debido a la recesión provocada por la COVID-19, la proporción de hombres en general que trabajan está en un mínimo histórico. Entre las mujeres, la proporción que trabaja es la más baja desde mediados de la década de 1980, cuando la participación femenina en la población activa era mucho menor y aún iba en aumento.
En septiembre de 2020, el 49,2 % de las mujeres de 16 años o más tenía empleo y estaba trabajando, frente al 54,0 % de septiembre de 2019. Entre los hombres, la proporción que trabajaba bajó del 65,3 % en septiembre de 2019 al 60,5 % en septiembre de 2020, el nivel más bajo registrado desde 1976, cuando comenzaron a publicarse los datos.
Cabe señalar que las madres y los padres con hijos menores de 18 años en casa incluidos en este análisis tienen más probabilidades de trabajar que las mujeres y los hombres en general. Una razón es que, en promedio, estos padres son más jóvenes que las mujeres y los hombres en general de 16 años o más: en septiembre de 2020, la edad media de las madres era de 39 años, frente a 48 años para las mujeres en general. La edad media de los padres era de 42 años, frente a 46 años para los hombres en general.
Nuestro análisis de la participación laboral de madres y padres revela que, durante los primeros seis meses del brote de COVID-19, la brecha de género en este ámbito quizá reflejaba más los patrones de larga data del mercado laboral que una nueva dinámica derivada del brote. Cuando los cierres de negocios alcanzaron su punto máximo en abril y mayo, los investigadores descubrieron que, entre los padres casados con hijos menores de 13 años en casa, las madres redujeron sus horas de trabajo aproximadamente una hora más que los padres entre febrero y abril.
Otro estudio estimó que las madres con empleo y con hijos en edad escolar tenían más probabilidades de tomarse una licencia laboral si vivían en estados que impusieron cierres antes. Sin embargo, el estudio también observó que las madres de los estados que cerraron antes no modificaron su participación en la población activa de manera distinta a los padres. Mientras tanto, una encuesta del New York Times realizada en abril reveló que tanto las mujeres como los hombres dedicaban más tiempo de lo habitual a las tareas domésticas y al cuidado de los hijos, aunque el reparto era prácticamente el mismo que antes de la aparición de la COVID-19.
De cara al futuro, el impacto de la recesión provocada por la COVID-19 en los padres que trabajan, especialmente en las madres, podría intensificarse si se mantienen los cierres de negocios y escuelas. En una encuesta realizada en julio por la Junta de la Reserva Federal, el 23 % de las madres con empleo y el 15 % de los padres con empleo dijeron que esperaban reducir sus horas de trabajo si las escuelas no reanudaban las clases presenciales en otoño. Otro 4 % de las madres que trabajaban y el 2 % de los padres que trabajaban dijeron que quizá dejarían sus empleos.






