4 cambios radicales necesarios para lograr la cobertura sanitaria universal en todo el mundo

A healthcare worker holds out medicine.
As World Health Day approaches, we must take strides towards the development goal of accessible healthcare for all.Image: Unsplash
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El Día Mundial de la Salud de 2019 cae el 7 de abril, y la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado la cobertura sanitaria universal (CSU) como tema central de este año. La elección del tema es acertada, dada la priorización de la CSU por parte del actual director general de la OMS, el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus. Su institución estima que unos 400 millones de personas en todo el mundo carecen de acceso a servicios de salud esenciales, mientras que 150 millones sufren anualmente una catástrofe financiera por gastos de bolsillo en servicios de salud, y otros 100 millones caen por debajo de la línea de pobreza.

La CSU se refiere a sistemas de salud en los que cada persona tiene acceso a los servicios de salud que necesita, cuando y donde los necesita, sin enfrentar dificultades económicas. La CSU se distingue del “acceso universal a la salud” en que va más allá de la disponibilidad de servicios de salud gratuitos para revelar si las poblaciones utilizan o no los servicios disponibles para ellas.

La CSU figura como meta en el marco de la ONU de Objetivo de Desarrollo Sostenible n.º 3 (“Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades”), lo que refleja el reconocimiento mundial de que la CSU es fundamental para el desarrollo. Sin embargo, alcanzar las metas fijadas no requerirá simplemente la expansión de los sistemas de atención sanitaria existentes en todo el mundo. En cambio, la atención sanitaria tendrá que rediseñarse radicalmente. Estas son cuatro vías clave mediante las que los países deberán transformar de manera significativa sus sistemas de salud para lograr la CSU:

1. Atención primaria

La prestación de la CSU está estrechamente vinculada a las transiciones económicas y epidemiológicas en todo el mundo. En las últimas décadas se han producido cambios importantes: la mayor parte de la población mundial reside ahora en países de ingreso mediano, y la carga mundial de enfermedades ha pasado de las enfermedades infecciosas a las enfermedades crónicas no transmisibles, como las cardiovasculares, la diabetes, el cáncer y los trastornos de salud mental. Se espera que la CSU garantice la disponibilidad generalizada de tratamiento para estas complejas afecciones crónicas. Sin embargo, ningún sistema de salud podrá permitirse simplemente tratar la creciente demanda de atención de enfermedades crónicas. En cambio, es urgente invertir en sistemas sólidos de atención primaria que se centren en las “inversiones más rentables” en promoción de la salud y prevención de enfermedades.

2. Transformación de la fuerza laboral sanitaria

Los sistemas de salud solo funcionan con la disponibilidad de profesionales sanitarios cualificados. Se prevé que la economía mundial genere una demanda de 40 millones de nuevos profesionales sanitarios para 2030, mientras que solo los países de ingreso bajo y mediano bajo necesitan 18 millones más de profesionales sanitarios para lograr la CSU. Con base en las inversiones actuales en desarrollo de la fuerza laboral, se proyecta un déficit de más de 14,5 millones de profesionales sanitarios en 2030. Además, es probable que los futuros empleos se concentren en exceso en los países de ingreso alto, lo que dejará a las regiones de Asia Sudoriental y África con los déficits más graves, pese a la elevada demanda de su población. Cabe destacar que los médicos solo representan un pequeño porcentaje de la fuerza laboral sanitaria necesaria. También necesitamos inversión en una combinación de competencias más diversa y sostenible. Los países deberán transformar de manera sustancial e invertir en modelos de formación y prestación de la fuerza laboral para satisfacer las necesidades de la CSU; de lo contrario, el desajuste entre la oferta y la demanda de servicios sanitarios solo se ampliará.

3. Transparencia de precios de los medicamentos

La CSU exige que los medicamentos esenciales se suministren a todas las personas que los necesiten al menor costo posible. Los precios actuales de algunos medicamentos esenciales hacen que sean en gran medida inaccesibles, aunque no está del todo claro por qué los medicamentos siguen siendo tan caros. Sin este conocimiento, es difícil evaluar si los consumidores (tanto públicos como privados) están obteniendo un trato justo. Como parte del impulso a la CSU, la Asamblea Mundial de la Salud se dispone a debatir en mayo una resolución titulada “Mejorar la transparencia de los mercados de medicamentos, vacunas y otras tecnologías relacionadas con la salud”. La resolución, si se aprueba, pide a los gobiernos nacionales que exijan una mayor transparencia en los precios como parte de los procesos regulatorios, y también otorga a la OMS un mandato global claro para rastrear y comparar los precios de los medicamentos a nivel nacional y mundial. Sin embargo, probablemente será necesaria una acción más contundente para superar la reticencia de las compañías farmacéuticas a someterse a la transparencia de precios y garantizar la disponibilidad universal de medicamentos esenciales.

4. Énfasis en la equidad

La CSU exigirá que los sistemas de salud lleguen a las diversas poblaciones allí donde se encuentran, con los tratamientos y modalidades de prestación que necesitan y utilizarán, independientemente de la edad, el género, la ubicación geográfica o la situación económica. Esto requerirá nuevos enfoques para llegar a los grupos marginados, a los que los sistemas actuales a menudo no llegan. Por ejemplo, cualquier programa de CSU exitoso tendrá que tener en cuenta el impacto del creciente número de personas mayores y sus necesidades sanitarias y sociales específicas. En 2017, había 926 millones de personas mayores de 60 años en el planeta, y el 62 % vivía en países en desarrollo. Sin embargo, actualmente carecemos de datos sobre sus enfermedades, afecciones y estado de salud general, lo que significa que los gobiernos no pueden planificar eficazmente la prestación de los servicios de salud que necesitan. Asimismo, sin un compromiso político intencionado e incansable con la igualdad de género, que incluya la formación de más médicas y de otros profesionales sanitarios, es probable que los programas de CSU no logren satisfacer las necesidades específicas de niñas y mujeres.

Este artículo ha sido escrito por Heather Wipfli, cocuradora del Mapa de transformación sobre salud mundial

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