¿Es una semana laboral dividida en 3 días la forma de que la gente vuelva al trabajo?

People practice social distancing inside an elevator prior to arriving to their work places at World Trade Center, after the government announced that private and state companies will reopen their offices after almost two months of lockdown amidst concerns about the spread of coronavirus disease (COVID-19) in Colombo, Sri Lanka May 11, 2020.
Sri Lankan office workers social distancing inside an elevator, May 2020Image: REUTERS/Dinuka Liyanawatte
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  • Una organización del Reino Unido propone dividir la semana laboral en dos turnos de tres días.

  • Haría los lugares de trabajo más seguros y permitiría que más personas volvieran al trabajo, según la RSA.

  • Nueva Zelanda estudia una semana laboral más corta; las pruebas previas fueron positivas.

A medida que las escuelas y los lugares de trabajo empiezan a reabrir en todo el mundo, cada vez resulta más evidente que el mundo al que estamos saliendo será muy distinto del que dejamos atrás, y que muchos de los cambios podrían quedarse para siempre.

Esta «nueva normalidad» se basa en una concepción actualizada de la seguridad personal. Mientras se cierne una profunda recesión y la educación de más de 1000 millones de niños en todo el mundo sigue suspendida, hay que encontrar un nuevo tipo de equilibrio entre reactivar las economías y prevenir la transmisión de un virus altamente contagioso y mortal.

Con este fin, la Royal Society of Arts (RSA), una organización con sede en el Reino Unido, ha propuesto un nuevo enfoque para la semana laboral: dividirla en dos. Al dividir a los empleados en dos grupos, cada uno de los cuales trabajaría un turno consecutivo de tres días, con limpieza profunda de los espacios de trabajo entre turno y turno, sería mucho más fácil mantener el distanciamiento físico en las oficinas. Según sostiene la RSA, este cambio también ayudaría a que más personas se reincorporen al trabajo en un momento de menor demanda de mano de obra, además de reducir la congestión en las carreteras y aumentar la adopción de opciones de ciclismo y transporte público.

Algunas empresas, especialmente en Asia, ya han probado la división de las plantillas de esta manera. En Corea del Sur, Credit Suisse dividió a sus empleados en dos grupos separados ya en febrero. Otros grandes bancos adoptaron un enfoque similar.

Como en tantos otros ámbitos, la pandemia de COVID-19 ha acelerado tendencias que ya empezaban a ganar cierta tracción antes del brote, como el paso al teletrabajo. Una encuesta de la Universidad de Montreal reveló que muchas personas consideran que son en realidad más productivas e innovadoras cuando trabajan desde casa. La crisis habrá obligado a abordar el asunto a muchas empresas que no habían adoptado previamente el teletrabajo o que solo lo habían probado tímidamente; ahora parece que se convertirá en parte de la nueva normalidad.

La caída de las horas trabajadas en todo el mundo sugiere una enorme pérdida de productividad.Image: CCSA/OIT

¿Podría ocurrir lo mismo con la semana laboral más corta, tal como prevé la RSA? La idea ha ganado tracción en otros lugares. La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, planteó la idea de una semana de cuatro días como una forma de impulsar el turismo nacional. No es una política gubernamental: ella la ha descrito como una cuestión «que realmente corresponde a empleadores y empleados» –pero ya se ha probado en Nueva Zelanda, con resultados prometedores. En 2018, una empresa llamada Perpetual Guardian llevó a cabo una prueba de dos meses de una semana laboral de cuatro días en colaboración con la Universidad de Tecnología de Auckland; los resultados fueron tan exitosos que la empresa anunció su deseo de hacer el cambio permanente. Informó de una mayor productividad, menores niveles de estrés y un mejor equilibrio entre vida laboral y personal entre sus empleados.

Un estudio de empresas europeas que realizaron pruebas similares el año pasado obtuvo resultados parecidos, pero también hubo inconvenientes. Casi tres cuartas partes de los directivos encuestados afirmaron que, pese a las ventajas, la implantación de una semana de cuatro días también presenta obstáculos importantes, como la burocracia, los problemas contractuales y los desafíos de dotación de personal.

Pero en un mundo trastocado por la COVID-19, esas barreras no parecen tan importantes ni insalvables. La propuesta de la RSA no trata, después de todo, de mejorar el equilibrio entre vida laboral y personal; se trata más bien de un intento de modelar una forma de reincorporar al trabajo al mayor número posible de personas, de la manera más segura posible. La pandemia nos ha obligado a todos a reevaluar y reconsiderar aspectos fundamentales de nuestras vidas que quizá dábamos por sentados, y nos ha ofrecido una tabula rasa sobre la que hacerlo. ¿Podría una semana laboral más corta convertirse en parte de la nueva normalidad? Dados los enormes cambios que ya estamos experimentando e incorporando a nuestra vida diaria, la pregunta debe ser: ¿por qué no?

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