Neurosis de guerra. Estrés de combate. Agotamiento de batalla. Corazón de soldado. Estos son solo algunos de los antiguos nombres de la afección que ahora denominamos trastorno de estrés postraumático (TEPT). Todos esos nombres tienen algo en común: establecen una conexión directa entre el conflicto armado y los altos niveles de estrés.
No es de extrañar, entonces, que a menudo se piense que el TEPT solo afecta al personal de las fuerzas armadas. Pero esa es una idea errónea desafortunada que puede estar impidiendo que algunas personas con TEPT reciban el apoyo que podría ayudarlas a recuperarse.
Una investigación publicada en Lancet Psychiatry pone de relieve hasta qué punto es inexacta esta supuesta relación con el ámbito militar. Según sus conclusiones, uno de cada 13 niños y jóvenes del Reino Unido sufrirá TEPT en algún momento. Esto equivale, aproximadamente, a las conclusiones del Departamento de Asuntos de los Veteranos de Estados Unidos, que afirma que hasta un 6% de los niños y un 15% de las niñas que han vivido un trauma llegarán a sufrir TEPT.
Entre los signos del TEPT se incluyen:
Distraerse, irritarse o actuar impulsivamente
Tener dificultades para concentrarse
Verse atormentado por recuerdos de acontecimientos angustiosos y traumáticos
Dar vueltas a lo ocurrido y revivirlo, o sufrir pesadillas
Sentir culpa o desapego
Evitar deliberadamente situaciones que puedan desencadenar recuerdos
El efecto dominó
Esas cifras están muy bien, pero quizá se pregunte cuán frecuente es el TEPT y cómo llega alguien a padecerlo.
Según la Asociación Estadounidense de Psiquiatría: «El TEPT es un trastorno psiquiátrico que puede presentarse en personas que han vivido o presenciado un acontecimiento traumático, como una catástrofe natural, un accidente grave, un acto terrorista, una guerra o un combate, una violación u otra agresión personal violenta».
En términos generales, acontecimientos como los atentados terroristas son relativamente poco frecuentes, mientras que sufrir una agresión física o sexual, o presenciar un accidente grave, es más habitual. Y la palabra «presenciar» tiene un sentido amplio. Un informe académico publicado en el Reino Unido en 2007 buscó indicios de TEPT en un grupo de control de niños de Londres que habían visto imágenes del atentado del 11 de septiembre de 2001 contra el World Trade Center. Según sus conclusiones, hasta un 14,5% de los niños declaró tener síntomas de TEPT —pensamientos intrusivos, temor por su seguridad y preocupación por las imágenes que habían visto—, a 3.500 millas del lugar del atentado.
La razón por la que uno de cada 13 jóvenes británicos sufre TEPT parece ser que esta afección es mucho más común de lo que se pensaba y que ahora son mucho más frecuentes las formas en que los acontecimientos traumáticos pueden afectar a las personas. También hay informes sobre moderadores que trabajan para empresas de redes sociales como Facebook y que muestran signos de TEPT como consecuencia del contenido angustioso que deben ver en el trabajo.
Secuelas a largo plazo
Si vivir un acontecimiento traumático conlleva el riesgo de desarrollar TEPT, quienes lo padecen también corren el riesgo de sufrir otras complicaciones. El informe de Lancet halló que los participantes que habían padecido TEPT alguna vez en su vida presentaban tasas mucho más altas de problemas de salud mental:
El 54,7% tenía probabilidades de sufrir un episodio depresivo grave
El 27% corría riesgo de padecer trastornos de conducta
El 25,6% corría riesgo de desarrollar dependencia del alcohol
El 20,1% corría riesgo de intentar suicidarse
El 11,9% corría riesgo de cometer un delito violento

Sin embargo, pese a ello, el informe halló que solo el 20,6% de los participantes con TEPT recibió ayuda de profesionales de la salud mental.
Aunque el TEPT representa algunas de las manifestaciones más graves de los problemas de salud mental, forma parte de un panorama mucho más amplio: alrededor de 450 millones de personas padecen trastornos de salud mental y trastornos neurológicos.
En la Reunión Anual del Foro Económico Mundial celebrada este año en Davos, el príncipe Guillermo habló de la importancia de acabar con el estigma en torno a la salud mental y de animar a las personas a hablar abiertamente de sus problemas. Y, según John Flint, director ejecutivo de HSBC, quien también intervino en Davos, ahora se trata de una cuestión de rendimiento: «Será el factor más decisivo para hacer posible nuestra estrategia empresarial. No estoy de acuerdo en absoluto con la sugerencia de que esto compita de algún modo con el carácter duro, competitivo y movido por la testosterona del sector bancario».

