Qué significa el último movimiento del presidente Trump para el acuerdo nuclear con Irán

A display featuring missiles and a portrait of Iran's Supreme Leader Ayatollah Ali Khamenei is seen at Baharestan Square in Tehran, Iran September 27, 2017. Picture taken September 27, 2017. Nazanin Tabatabaee Yazdi/TIMA via REUTERS ATTENTION EDITORS - THIS IMAGE WAS PROVIDED BY A THIRD PARTY.
U.S. President Donald Trump is accusing Iran of not living up to the agreement made in 2015.Image: REUTERS
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Donald Trump no ha acabado definitivamente con el acuerdo nuclear con Irán, pero ha encendido la mecha que podría hacerlo estallar tarde o temprano. En la sala diplomática de la Casa Blanca, el 13 de octubre, dijo que ya no podía certificar que Irán cumpliera el acuerdo de 2015, conocido como Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC). Según afirmó, Irán no está respetando el espíritu del acuerdo.

A Trump le disgusta que, aunque Irán estará sujeto a un régimen especial de vigilancia e inspección hasta 2025, después de ese momento se lo tratará como a cualquier otro Estado no poseedor de armas nucleares. También ha criticado lo que califica de inspecciones «débiles» y el «silencio casi total sobre el programa de misiles de Irán».

A primera vista, el presidente no se está retirando del acuerdo. El requisito de que el presidente certifique ante el Congreso cada 90 días si Irán cumple o no los términos del acuerdo es una cuestión de derecho interno de Estados Unidos. Trump anunció que, aunque el Congreso no llegue a un acuerdo sobre qué hacer con el pacto, este se dará por terminado de todos modos. Ahora el Congreso dispone de 60 días para decidir si volverá a imponer sanciones.

Esta medida aísla a Estados Unidos y pone de manifiesto una enorme brecha entre este país y Europa. «El acuerdo no pertenece a ningún país en particular», dijo. Trasladar el asunto al Congreso indica que Trump carece del compromiso político necesario para mantener un acuerdo que está funcionando para cerrar todas las vías hacia una bomba nuclear.

Acusar a Irán de no respetar el espíritu del acuerdo es el primer paso para que Estados Unidos lo viole. Volver a imponer sanciones sin pruebas claras de que Irán incumple sus obligaciones constituiría una violación sustancial del acuerdo.

Y, dado que el Consejo de Seguridad de la ONU respaldó el acuerdo, seguir ese curso podría contravenir el derecho internacional. Esto avivará las tensiones regionales y volverá a hacer más probable un enfrentamiento militar. Podría dar a Irán motivos para dejar de cumplir sus propios compromisos y reavivar innecesariamente una crisis que el PAIC había resuelto.

Además, el vínculo que traza Trump entre los defectos del acuerdo y las políticas regionales de Irán pasa por alto que la política exterior estadounidense ha seguido distinguiendo entre ambas cuestiones. La compleja red de sanciones que las administraciones estadounidenses tejieron durante muchos años garantizó que el levantamiento de las sanciones estadounidenses relacionadas con el programa nuclear, como parte de la aplicación del PAIC, no afectara a las sanciones impuestas por violaciones de los derechos humanos y acusaciones de terrorismo. Estados Unidos ha seguido sancionando a Irán porque el Departamento de Estado lo clasifica como «Estado patrocinador del terrorismo». Hacer fracasar el acuerdo nuclear con Irán no cambiaría ese cálculo.

Qué ocurrirá ahora

Debilitar un acuerdo sin presentar argumentos convincentes de política pública en su contra merma la credibilidad de Estados Unidos para negociar acuerdos de buena fe y sienta un precedente peligroso para la desescalada de otras crisis nucleares.

Entonces, ¿qué opciones tienen los europeos, los rusos y los chinos, los otros socios que ayudaron a negociar el acuerdo con Irán?

Tras la descertificación, las gestiones de presión en el Capitolio seguirán intentando disuadir al Congreso de volver a imponer sanciones. Aunque el Congreso vuelva a imponerlas, los participantes en el acuerdo pueden intentar salvar entre ellos lo que queda del pacto.

Pero es dudoso que Irán se considere obligado por ese acuerdo después de una violación previa por parte de Estados Unidos. La reimposición de sanciones financieras estadounidenses no solo constituiría una violación sustancial del acuerdo de 2015, sino que también complicaría la normalización de las relaciones entre Irán y otros países. Trump autorizó al Departamento del Tesoro de Estados Unidos a imponer sanciones directas contra el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI). Pero el Departamento del Tesoro también puede volver a imponer «sanciones secundarias» a empresas extranjeras, un poderoso elemento disuasorio para evitar hacer negocios con Irán.

La UE podría adoptar medidas para proteger los «intereses legítimos» de las empresas de la UE y emitir normas que bloqueen las sanciones secundarias estadounidenses, como ya ha hecho en el pasado. También podría solicitar medidas correctivas contra esas sanciones a través de la Organización Mundial del Comercio. Del mismo modo, China y Rusia podrían contemplar sistemas de pago internacionales alternativos.

En 2015, se esperaba que la naturaleza transaccional del acuerdo (Irán limita de forma verificable su programa nuclear a cambio del alivio de las sanciones) pudiera conducir a una transformación más amplia de las relaciones entre Irán y Occidente. La nueva política de Trump hacia Irán busca anticiparse a su poder transformador y poner fin a su propósito transaccional.

Trump ha puesto el PAIC en una pendiente resbaladiza, pero sus acciones dejarán a Estados Unidos, y no a Irán, más aislado en el ámbito internacional.

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