¿Cambiará China las instituciones financieras mundiales?

¿Cambiará China las instituciones financieras mundiales?
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Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate.

El consejo del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo aprobó recientemente la solicitud de China para unirse –una solicitud que llevaba una década gestándose– y la remitió a los gobiernos miembros para su aprobación definitiva. Sin embargo, la pertenencia al BERD es solo una expresión del papel cada vez mayor de China en las instituciones financieras internacionales del mundo. La cuestión ahora es si China impulsará cambios en ellas, o viceversa.

La crisis financiera mundial sacudió la arquitectura financiera internacional, sorprendiendo a muchas instituciones desprevenidas. El Fondo Monetario Internacional, por ejemplo, había impulsado en realidad una reducción drástica de su tamaño en los años anteriores. Pero la crisis también les permitió demostrar su temple. Muchas de ellas –sobre todo el FMI, pero también el BERD y el Banco Europeo de Inversiones– acabaron demostrando que podían responder con flexibilidad y, como resultado, han ampliado sus mandatos y su capital.

La crisis también socavó la legitimidad del G-7 –los países en el origen del problema–, mientras revitalizaba el G-20. En medio de estas transformaciones, China encontró una oportunidad para aumentar su influencia global, una que está decidida a aprovechar, pese a la resistencia de algunos sectores. Por ejemplo, prevé utilizar su presidencia del G-20 en 2016 para impulsar una agenda ambiciosa.

De hecho, la participación internacional de China se produce ahora a una escala y a un ritmo nunca vistos. China es miembro de numerosas instituciones multilaterales –entre ellas varios actores regionales como el Banco Africano de Desarrollo (BAfD) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)– con las que está profundizando sus relaciones, sobre todo mediante la coinversión en proyectos de todo el mundo. Por ejemplo, China incrementó de forma significativa su compromiso con el BAfD el año pasado mediante el fondo Africa Growing Together Fund, de 2000 millones de dólares.

Del mismo modo, los fondos soberanos de China han desempeñado un papel importante como inversores ancla en los vehículos diseñados por la Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial y el BERD para canalizar capital institucional a largo plazo hacia sus proyectos. Uno de esos fondos, SAFE, es actualmente el único inversor en el vehículo del BERD, y China ni siquiera se ha adherido formalmente todavía a la organización.

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China también está creando nuevas instituciones. La creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII) acaparó los titulares internacionales a principios de este año, no solo por la fuerte oposición de Estados Unidos, sino también porque países como Reino Unido y Alemania se unieron de todos modos. China también desempeñó un papel de liderazgo en la creación, junto con sus homólogos de los BRICS (Brasil, Rusia, India y Sudáfrica), del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD), que ahora tiene su sede en Shanghái.

Además, está el fondo chino de 40 000 millones de dólares, el Silk Road Fund, destinado a respaldar los proyectos de infraestructura necesarios para sostener la estrategia «un cinturón, una ruta» del presidente Xi Jinping, que busca mejorar los vínculos comerciales y de comunicación en toda Eurasia. El esfuerzo más ambicioso de China hasta la fecha, el Silk Road Fund eclipsa a las instituciones financieras internacionales más tradicionales, tanto en escala como en diversidad de actividades. La primera iniciativa del fondo, la presa hidroeléctrica de Karot en Pakistán, de 1650 millones de dólares, implicará tanto un préstamo directo al proyecto como una inversión en acciones de la empresa responsable de construir la presa y gestionarla durante 30 años.

Por ahora, el Silk Road Fund es unilateral, lo que lo sitúa en la misma categoría que el Banco de Desarrollo de China y el conglomerado inversor de propiedad estatal CITIC. Pero las autoridades chinas han afirmado que está abierto a que otros se sumen, aunque eso parece poco probable, dada la magnitud del compromiso chino.

Pese al notable tamaño de los proyectos de inversión de China, sus dirigentes se han mostrado hasta ahora relativamente conservadores en materia de innovación institucional. Sin embargo, durante el último año, los funcionarios del Partido Comunista de China han planteado una propuesta para una institución financiera multilateral más experimental, orientada a «restaurar el medio ambiente», es decir, a respaldar grandes proyectos destinados a la recuperación de tierras, la purificación del agua y la mejora de la calidad del aire.

Poner en marcha una institución de este tipo no será fácil, dada la necesidad de coordinación global para reunir a posibles accionistas y de grandes subvenciones para que las inversiones sean viables. Pero ese tipo de innovación institucional audaz podría cubrir un vacío importante en la arquitectura financiera global y consolidar el liderazgo de China en la financiación de la recuperación ambiental.

Mientras tanto, las instituciones chinas están innovando a menor escala, al impulsar un enfoque más ágil y rápido de financiación. Por ejemplo, el primer presidente del BAII, Jin Liqun, ha anunciado planes para eliminar algunas de las ineficiencias más notables de las instituciones existentes, como el consejo residente y las restricciones de nacionalidad en la contratación.

Sin embargo, es poco probable que el creciente papel financiero global de China transforme en profundidad el funcionamiento de las instituciones existentes. Por supuesto, a medida que iniciativas como la de Jin ponen de relieve las deficiencias de las estructuras existentes, pueden contribuir a inspirar reformas. Y el BERD sin duda puede beneficiarse de la experiencia de China en materia de experimentación y de la ampliación de escala.

Pero el objetivo principal del BAII y del NBD no parece ser transformar el panorama financiero multilateral, sino aumentar la capacidad, al tiempo que demuestran que China puede crear instituciones de última generación. En cuanto al BERD, la participación de China será pequeña, al menos al principio; los chinos afirman que están allí para aprender. De hecho, la coinversión con el BERD puede proporcionar a las empresas chinas conocimiento local –y potencialmente incluso protección– al adentrarse en nuevos mercados.

Por ahora, es probable que el aumento de la participación en instituciones multilaterales cambie más a China que a las instituciones, incluso aunque el poder de voto de China aumente para reflejar mejor sus crecientes contribuciones. Un análisis más detenido de las experiencias de instituciones consolidadas –entre ellas la colaboración con grupos de la sociedad civil y la promoción de la titularidad local de las políticas– ayudará a China a perfeccionar su estrategia de participación en África y en otros lugares. Incluso podría permitir a China mejorar su propio modelo de desarrollo.

A largo plazo, sin embargo, los desafíos de desarrollo que China enfrenta en el país –en particular el rápido deterioro ambiental– podrían llevarla a asumir un papel más transformador, impulsando la innovación institucional a escala global.

La publicación no implica el respaldo de las opiniones por parte del Foro Económico Mundial.

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Autor: Erik Berglöf es catedrático y director del Institute of Global Affairs de la London School of Economics.

Imagen: Una bandera nacional china ondea frente a la sede de un banco comercial en una calle financiera. REUTERS/Kim Kyung-Hoon.

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