Una América Latina lastrada por el bajo crecimiento y la incertidumbre sobre las políticas que adoptará la próxima administración de Donald Trump también buscará la cooperación de Estados Unidos para combatir las drogas y la trata de personas, según destacadas figuras políticas latinoamericanas. Los líderes también subrayaron que hoy las naciones latinoamericanas pueden celebrar importantes avances en materia de democratización y lucha contra la corrupción.
Las inquietudes expresadas por los participantes acerca de las políticas de Trump se centraron en si el afán de cerrar acuerdos prevalecería sobre el respeto por las reglas y en cómo una posible reversión de la apertura de Cuba impulsada por el presidente Obama podría tensar las relaciones entre América Latina y Estados Unidos. «Incluso los acuerdos deben alcanzarse dentro de un marco de reglas mínimas; hemos establecido reglas», afirmó Angel Gurría, secretario general de la OCDE. El apoyo a la apertura hacia Cuba es claro. «La cuestión de Cuba es muy importante para la normalización de las relaciones entre América Latina y Estados Unidos. Será triste ver que se dé marcha atrás», dijo Rebeca Grynspan, secretaria general de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB).
América Latina registra las tasas de homicidio más altas del mundo, impulsadas por la violencia relacionada con las drogas, que causa más homicidios que todas las guerras del mundo, señalaron los panelistas. «El narcotráfico es un delito internacional y estamos haciendo todo lo posible a nivel nacional», pero se necesita un diálogo internacional y la cooperación de Estados Unidos para abordar este problema, afirmó Horacio Manuel Cartes Jara, presidente de Paraguay. Grynspan coincidió con esta opinión y dijo que la violencia disminuyó cuando se contuvo el flujo de armas. Subrayó que la región «necesita a Estados Unidos» para combatir el narcotráfico y la trata de personas.
Los países latinoamericanos tienen una larga lista de tareas pendientes para impulsar el lento crecimiento y preparar sus economías para competir a escala mundial. Entre ellas figuran fomentar la innovación, abordar la desigualdad, la informalidad y la corrupción, mejorar la educación y construir instituciones. Sin embargo, estos desafíos llevan mucho tiempo presentes, afirmó Moisés Naim, miembro distinguido de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional, quien criticó la «circularidad» de las conversaciones sobre América Latina.
La transparencia y la lucha contra la corrupción son dos ámbitos en los que se han logrado avances extraordinarios. En Paraguay, por ejemplo, una nueva ley de transparencia revela «cuánto gana cada persona, acercándonos más a la gente», afirmó Cartes Jara. Y Guatemala aplicó con éxito un procedimiento legal y destituyó recientemente a su presidente.
La investigación por corrupción que continúa en Brasil y que ha llevado al encarcelamiento de destacados líderes políticos y empresariales se citó como ejemplo de aplicación de la ley para toda la región. Rodrigo Janot, fiscal general de Brasil, dijo: «Quiero subrayar dos puntos que permitieron avanzar en la investigación: la independencia de la Fiscalía General de Brasil y la cooperación entre los fiscales generales de los países de América Latina e Iberoamérica». También mencionó la «extrema cooperación» de la Fiscalía General de Suiza, que permitió localizar activos en ese país.
Al pedirles sugerencias de políticas que ofrecieran «resultados rápidos», los panelistas se pronunciaron a favor de reactivar la Alianza del Pacífico —el bloque comercial de Chile, Colombia, México y Perú— e incorporar a más países, como Argentina y Brasil. También destacaron el impulso que podría lograrse al incorporar a más mujeres a la fuerza laboral y a puestos directivos, y al ofrecerles igualdad salarial.
Naim destacó la persistente crisis político-económica de Venezuela. «Venezuela es una autocracia posmoderna del siglo XX que se esconde tras la democracia» y el país sufre «una crisis humanitaria que no forma parte de la conversación», afirmó.

