La COVID-19 ha provocado el cierre de fábricas en toda China.
Ahora, el cambio climático está afectando a la generación de energía hidroeléctrica en China, ya que las olas de calor y las sequías han reducido los niveles de agua detrás de las presas. Como resultado, algunas fábricas están cerrando.
Las altas temperaturas y la sequía no son un problema exclusivo de China: una importante ruta marítima de Europa afronta niveles de agua críticamente bajos.
Apenas unos meses después de los amplios confinamientos por la COVID-19 en Shanghái que alteraron las cadenas de suministro y obligaron a los fabricantes a detener sus operaciones, China vuelve a registrar un aumento de los cierres de fábricas.
Esta vez, el responsable no es el coronavirus, sino una intensa ola de calor y sequía en el sur de China, en torno a la cuenca del río Yangtsé. Los niveles de agua detrás de las presas están disminuyendo, lo que limita la generación de electricidad en las centrales hidroeléctricas justo cuando se dispara la demanda de aire acondicionado.
Para evitar cortes de electricidad, las autoridades de la provincia de Sichuan —que depende de la energía hidroeléctrica para cubrir alrededor del 80 % de sus necesidades energéticas (enlace en chino)— han ordenado a las fábricas que detengan sus operaciones.
China cierra sus fábricas para ahorrar electricidad
Los datos de Everstream Analytics, proveedor de datos de cadenas de suministro y análisis de riesgos, muestran un fuerte aumento de los cierres de fábricas en China durante la última semana. Hasta el miércoles 17 de agosto, Everstream había registrado 39 cierres: más del doble del total de la semana anterior, aunque la semana apenas había llegado a la mitad.
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«Es probable que el impacto sea igual o incluso mayor que el de los confinamientos de principios de este año» en Shanghái y la cercana Kunshan, afirmó Mirko Woitzik, director global de soluciones de inteligencia de Everstream Analytics.
En parte, explicó Woitzik, esto se debe a que, mientras que los cierres de fábricas relacionados con la COVID-19 pueden, en teoría, limitarse a las zonas con altas tasas de infección y las operaciones pueden reanudarse gradualmente en condiciones de «circuito cerrado», los efectos de la escasez de electricidad son más amplios e indiscriminados.
Entre los principales fabricantes que han tenido que detener sus operaciones en Sichuan figuran el fabricante japonés de automóviles Toyota y CATL, el gigante chino de las baterías de litio.
También se han visto afectadas empresas de materias primas esenciales, y las consecuencias se extenderán por la cadena de suministro. Por ejemplo, Tongwei, el mayor proveedor mundial de polisilicio —una materia prima clave para los paneles solares—, ha suspendido la producción, al igual que el productor de litio Yahua Industrial (enlace en chino).
China no es el único país que esta semana afronta las repercusiones económicas de las altas temperaturas y los períodos secos.
En Alemania, el verano caluroso y seco ha reducido los niveles del Rin —una ruta marítima clave para Europa— a niveles críticamente bajos, lo que interrumpe el comercio, ya que el río se ha vuelto demasiado poco profundo para que pasen muchos barcos que transportan materias primas y combustibles.


