En la década de 2040, se espera que India supere a Estados Unidos (en términos de PPA) y se convierta en la segunda economía más grande del mundo, después de China. Al tiempo que India emerge, el orden internacional también experimenta cambios significativos: el poder se distribuye cada vez más entre los Estados y empieza a surgir un nuevo panorama geoestratégico multipolar, con nuevas capas de complejidad.
Estos acontecimientos podrían convertir a India en la democracia más influyente del mundo durante la segunda mitad del siglo XXI y darle la capacidad de influir en la región del Indo-Pacífico y en el orden mundial, que evoluciona dinámicamente.
De la región del Indo-Pacífico al mundo
En el Diálogo de Shangri-La celebrado a principios de este año, el primer ministro de India, Narendra Modi, pronunció un discurso en el que sostuvo que «el destino del mundo se verá profundamente influido por el curso de los acontecimientos en la región del Indo-Pacífico». Esta audaz afirmación se enmarca en un contexto de crecientes oportunidades económicas y de desafíos estratégicos cada vez mayores para la región.
Las cifras por sí solas bastan para destacar la importancia del Indo-Pacífico y su influencia en todo el mundo. En la actualidad, alberga a más del 65 % de la población mundial, que en conjunto genera más del 60 % del PIB global. Más de la mitad del comercio mundial pasa por esta región, que alberga la flota naval de más rápido crecimiento y siete potencias nucleares. En las próximas décadas, esta región también contribuirá de manera desproporcionadamente elevada al crecimiento mundial y, por tanto, será quien redacte las nuevas reglas del comercio, los flujos financieros y las inversiones, el crecimiento, la asistencia humanitaria, la paz y la seguridad.
Aunque esta redistribución de la riqueza y el poder eleva a la región a la primera línea mundial, posición que ocupó durante mucho tiempo hasta el siglo XV, la multiplicidad de actores tradicionales y emergentes, así como la diversidad de sus intereses dentro y fuera de la región, están generando una mayor imprevisibilidad y nuevas inquietudes. Sencillamente, no existen modelos fiables del siglo XX para gestionar el ascenso simultáneo de múltiples actores e intereses en una región. China, que fue la primera en actuar, ahora debe hacer frente a la resistencia a sus propios planes expansivos, así como a las propuestas de otras iniciativas, como el «Quad» (integrado por India, Estados Unidos, Japón y Australia), que buscan orientar el futuro de la región. No cabe duda de que pronto habrá que encontrar nuevas vías hacia un nuevo orden.
El discurso de Modi en Shangri-La señaló que Nueva Delhi acepta esta realidad y está dispuesta a asumir una mayor responsabilidad para afianzar un «orden democrático basado en normas» en la región. De hecho, como potencia económica emergente con condiciones demográficas favorables —en 2020, la edad media en India será de 29 años (frente a los 37 de China)—, India está bien posicionada para dar forma al futuro del Indo-Pacífico.
La visión de India para la región
La visión geoestratégica de India para el Indo-Pacífico es única. Rechaza enfrentar a China con la Iniciativa Cuadrilateral en una competencia de suma cero «entre visiones libres y represivas del orden mundial», como postula la visión estadounidense. También rechaza la propuesta china, que crea dependencias perversas mediante la estrategia económica estatal y la coerción militar, de una manera más propia de la Guerra Fría.
En cambio, India se dispone a seguir un camino distinto, que no concibe el mundo en términos binarios, dividido entre socios y aliados por un lado, y competidores y adversarios por el otro. India ofrece a todos los Estados la oportunidad de entablar relaciones y dialogar, sean grandes o pequeños, democráticos o autoritarios, desarrollados o en desarrollo.
La nueva visión se aleja de las ideas de no alineamiento o autonomía estratégica, herramientas de política exterior que quizá hayan perdido su utilidad geopolítica. Cuando el primer ministro Modi afirmó que «la región del Indo-Pacífico no es un club cerrado de miembros», señaló la intención de Nueva Delhi de liderar una nueva configuración de Estados, guiada por comunidades que anhelan el desarrollo, mercados que necesitan conectividad y naciones que buscan seguridad.
La estrategia exige que India lidere con el ejemplo y demuestre que, a medida que aumenten sus capacidades en las próximas décadas, no abandonará ciertas normas que reflejan tendencias democráticas propias de Asia, una gobernanza económica abierta y transparente, y paradigmas de seguridad basados en la no intervención.
Cuatro pasos que debe dar India
Para poner en marcha una visión que dé forma a la región y atraiga a otros, India debe definir sus propias expectativas en torno a cuatro relaciones clave.
En primer lugar, Nueva Delhi debe definir su «política hacia China». Debe determinar qué busca de Pekín y dejar claro qué no aceptará poner sobre la mesa de negociación. En Shangri-La, Modi dejó claro que ningún país puede «dar forma y garantizar» unilateralmente el orden del Indo-Pacífico. Delhi debe estar preparada para hacer valer esta afirmación como norma básica. China no puede definir por sí sola una ética asiática, ya sea en materia de conectividad de infraestructuras o de gestión de disputas de seguridad. La prosperidad económica de la región dependerá de la solidez de la asociación entre India y China.
En segundo lugar, Nueva Delhi debe elaborar una política clara hacia Estados Unidos. Hasta ahora, Nueva Delhi ha ido saliendo del paso, en esencia, y ha dejado que Washington marque la política en la región. India debe responder si está preparada, dispuesta y capacitada para desempeñar un papel más importante en la definición de una visión para el conjunto de las democracias de la región y de otros lugares. Si, como indicó recientemente el primer ministro Modi, la respuesta a todo esto es «sí», Nueva Delhi debe presentar a Washington una propuesta más firme para que la respalde. ¿Ha llegado el momento de pasarle el testigo a India?
En tercer lugar, Nueva Delhi debe replantearse su relación con los países vecinos, en particular en torno a dos estructuras regionales existentes. La Asociación del Asia Meridional para la Cooperación Regional (SAARC), una unión de ocho miembros concebida para impulsar la integración económica y regional, está hecha añicos. La Iniciativa de la Bahía de Bengala para la Cooperación Técnica y Económica Multisectorial (BIMSTEC), una organización de siete miembros destinada a promover la cooperación económica y el comercio, se ha convertido en un foro de debate en lugar de acción. Si India no presenta a sus vecinos una propuesta clara y atractiva, le resultará muy difícil encauzar una nueva visión estratégica para la región en su conjunto.
Por último, Delhi debe comprometerse más activamente con el marco institucional mundial. En enero, en el Foro Económico Mundial, Modi advirtió de una «brecha entre los antiguos sistemas de las instituciones [internacionales] y las necesidades de muchos países en desarrollo», haciéndose eco del antiguo agravio de Delhi contra las instituciones atlánticas y de la nueva convicción de que India debe ayudar a cerrar esta «brecha». El papel decisivo de India en el Indo-Pacífico se verá reforzado mediante su copropiedad de las instituciones creadas por el mundo desarrollado y su contribución a que funcionen de forma coherente con nuevas instituciones, como el Nuevo Banco de Desarrollo y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, en las que India tiene intereses importantes.
La visión de India para el Indo-Pacífico ejemplifica su ambición de ser una «potencia líder». Aun así, esto es apenas el comienzo de un recorrido de una década, en el que India asumirá las expectativas propias de la mayor economía democrática del mundo. Para lograrlo, Delhi debe reevaluar constantemente las dimensiones de los cambios en curso, visualizar las posibilidades disponibles, anticipar los riesgos asociados y dar forma al nuevo orden que está surgiendo en Asia.


