Cómo el capitalismo de partes interesadas podría ayudar a la recuperación en la región del Sahel africano

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  • Las poblaciones pastorales de la región del Sahel son vulnerables a riesgos como los conflictos, la crisis climática y la migración forzada.

  • Un extenso nuevo estudio sobre los pastores de la región identifica los desafíos y propone estrategias de salida.

  • Un enfoque de capitalismo multiparticipativo que posibilita la participación y redistribuye el poder podría favorecer la recuperación.

A primera vista, sobre todo desde la comodidad de las capitales europeas, puede no resultar evidente qué tienen en común los enfoques de capitalismo multiparticipativo y la mejora de los medios de vida pastorales en el Sahel. Algunas zonas de la región del Sahel –área de África situada entre el Sáhara al norte y las sabanas al sur– atraviesan niveles casi sin precedentes de crisis, derivados de una multitud de factores complejos e interrelacionados: desde una gobernanza débil hasta las consecuencias cada vez más graves del cambio climático y los conflictos.

Mientras observamos que en los debates sobre la recuperación tras la pandemia en Europa se hace cada vez más hincapié en la inclusión y en los procesos multiparticipativos, las partes interesadas clave del Sahel –en especial las poblaciones pastorales– siguen estando insuficientemente representadas o excluidas de la identificación y la aplicación de soluciones a los desafíos de la región. Un extenso estudio de investigación participativo con 1.700 pastores de la región realizado por la Réseau Billital Maroobé (RBM), en cuyo apoyo tuvo la oportunidad de participar mi organización, SNV Netherlands Development Organisation, pretende cambiar esta situación.

¿Cuáles son los factores de riesgo para las poblaciones pastorales?

Según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), más de 2 millones de personas están actualmente desplazadas en toda la región del Sahel. Aunque las repercusiones sanitarias de la pandemia han sido hoy menos devastadoras que en otras zonas del continente –a pesar de que menos del 2 % de la región ha sido vacunada–, las perturbaciones del comercio, junto con la posterior recesión económica, están teniendo importantes efectos negativos en el empleo, la seguridad alimentaria y los ingresos de los hogares. Con los medios de vida de unos 125 millones de personas que dependen del pastoreo en las zonas áridas de África, y con el conflicto, la inestabilidad y la pandemia limitando la movilidad en el Sahel, es este grupo ampliamente marginado el que se enfrenta cada vez más a la peor parte de las consecuencias.

Evolución del conflicto en el Sahel. Fuente: A Course Correction for the Sahel Stabilisation Strategy, Crisis Group (ACLED (Armed Conflict Event Data Project), 2020.

Antes de la pandemia, el Sahel ya recibía una atención internacional considerable, con intervenciones de asistencia militar y para el desarrollo a una escala cada vez mayor. Ahora bien, se multiplican los debates sobre los nuevos pactos verdes, la reconstrucción mejor y el alivio de la deuda, todos ellos bienvenidos y muy necesarios en el Sahel y en todo el continente africano. Pero, al igual que los debates sobre el paso de los enfoques de capitalismo centrado en los accionistas a los centrados en las partes interesadas cobran impulso en Europa y Estados Unidos, quienes trabajamos en la ayuda y el desarrollo también debemos acelerar un cambio en la forma en que respondemos a esta confluencia de crisis en el Sahel.

El capitalismo de partes interesadas da poder a la gente

Como ha escrito el profesor Schwab, el capitalismo de partes interesadas implica necesariamente una titularidad compartida de los resultados y un énfasis en las tres P de «progreso, personas y planeta», con el reconocimiento de la interconexión de las tres y la necesidad adicional de redistribuir el valor. En su núcleo, sin embargo, un enfoque multiparticipativo eficaz requiere incluir una cuarta «P», la participación, y una distribución equitativa y una transferencia del poder (la quinta «P») para garantizar que dicha participación sea inclusiva para todas las partes interesadas.

Los debates sobre las respuestas a la crisis del Sahel y la reconstrucción mejor carecen invariablemente de compromisos para garantizar la participación inclusiva de quienes –como las poblaciones pastorales cada vez más marginadas– serán los más afectados por dichas intervenciones. Sin embargo, aunque estamos mejor preparados que nunca para posibilitar la participación y el empoderamiento de otros, seguimos quedándonos muy lejos de lo que podríamos y deberíamos hacer para escuchar las voces y aprovechar las ideas, el talento y las capacidades de quienes afirmamos que buscamos mejorar la vida.

¿Cómo está ayudando el Foro Económico Mundial a mejorar la asistencia humanitaria?

Incluso dentro de los escalones más poderosos de nuestro mundo cada vez más interconectado e hiperconectado, seguimos recurriendo a terminologías simplistas y generalizadoras, como Sur Global, que permiten evitar conversaciones más difíciles, más personales y matizadas sobre la transferencia del poder y la inclusión. Soy consciente de que muchos en la comunidad más amplia de ONG y desarrollo adoptan este marco para destacar las injusticias históricas y la colonialidad persistente, que, por supuesto, deben reconocerse y repararse. Pero me parece que recurrimos con demasiada facilidad a terminologías anticuadas que polarizan y distancian, en lugar de posibilitar nuevas formas de colaborar y distribuir el poder.

¿Qué aspecto tendrá la recuperación futura?

El estudio de RBM subraya la importancia de contextualizar mejor y comprender cómo se distribuye el poder en entornos volátiles y frágiles como el Sahel. Destaca además lo fundamental que es reconocer y abordar los agravios (tanto históricos como más recientes), y adoptar un enfoque más sensible a los conflictos y de capitalismo de partes interesadas. Reconocer de manera más firme la importancia de los corredores de trashumancia como principales impulsores de la integración económica regional en toda África Occidental (el ganado es el producto básico más importante del comercio agroalimentario regional), y favorecer una mayor inclusión de los conocimientos y aspiraciones de las poblaciones pastorales en las políticas regionales podría fortalecer las cadenas de suministro de los mercados. Además, ello podría mejorar aún más la seguridad alimentaria y la nutrición de los hogares, y crear oportunidades económicas importantes para la juventud marginada, que constituye algo menos del 65 % de la población de la región.

Aprovechar de forma inclusiva los conocimientos especializados, el saber y los recursos de la región favorecería el paso de un modelo de ayuda fragmentado, de donantes «del norte» a receptores «del sur», a una estructura en la que múltiples actores, como los donantes bilaterales, las ONG, el sector privado y los filántropos –incluidos los de creciente riqueza procedentes de la propia región de África Occidental–, podrían colaborar como partes interesadas colectivas para generar resultados que, a su vez, contribuyan a dividendos vitales de estabilidad.

La recuperación tras la pandemia, junto con las herramientas y tecnologías de que disponemos, presenta una oportunidad casi sin precedentes para considerar los desafíos de la seguridad, la crisis climática y la migración como bienes públicos mundiales. Estemos en el norte, el sur, el este o el oeste, todos tenemos un interés en esta oportunidad y debemos comprometernos a garantizar una agenda de reconstrucción mejor que invierta de verdad en enfoques de capitalismo multiparticipativo más participativos e inclusivos que no dejen a nadie atrás, incluidas las poblaciones pastorales de la región del Sahel.

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