Un fuerte crecimiento del PIB en África es algo positivo, ¿verdad? No si sus beneficios no se comparten de forma equitativa, sostiene un nuevo informe de Oxfam.
África ha vivido una década de crecimiento significativo —en un momento dado, seis de las 10 economías de más rápido crecimiento del mundo estaban en el continente—, pero sus frutos no se han distribuido de manera equitativa.
Millones de personas se han quedado atrás y, para colmo, la desaceleración del crecimiento podría agravar aún más la pobreza, afirma Oxfam. Las previsiones más pesimistas indican que entre 250 y 350 millones de personas más podrían vivir en pobreza extrema durante los próximos 15 años.
Sin embargo, existe una solución: la economía humana.
Desigualdad económica extrema
Siete de los 20 países más desiguales del mundo están en África. Suazilandia es el más desigual, seguido de Nigeria, Namibia y Sudáfrica.
En Sudáfrica, el 1 % más rico posee el 42 % de la riqueza total del país y tres multimillonarios tienen la misma riqueza que el 50 % más pobre de la población, según Oxfam.
¿Por qué es tan alta la desigualdad? El impacto del colonialismo persiste y, según el informe, la estructura de muchas economías africanas hace que los beneficios del crecimiento no se hayan compartido.
La inversión insuficiente en agricultura, los grandes sectores informales y la excesiva dependencia de las industrias extractivas han agravado la desigualdad.
Quienes más sufren son los jóvenes y las mujeres, sobre todo en las zonas rurales. Ignorar su potencial tiene un gran impacto en las economías africanas. La desigualdad de género cuesta a África subsahariana más de 90.000 millones de dólares al año. Mientras tanto, mejores políticas e inversiones en los jóvenes podrían generar hasta 500.000 millones de dólares al año durante 30 años.
Dada la numerosa y creciente población joven de África, es urgente actuar.

Anteponer a las personas al PIB
El legado del colonialismo y las políticas actuales se pueden superar, sostiene el informe.
Los responsables políticos y líderes de todo el continente pueden abordar la pobreza y la desigualdad si adoptan un enfoque de «economía humana». Esto significa centrarse en «lo que funciona para la mayoría de la población africana», en lugar de medir el crecimiento exclusivamente por el PIB.
El informe formula varias recomendaciones para los líderes y responsables políticos:
- Centrarse en las zonas rurales mediante inversiones en pequeños productores agrícolas, en particular las mujeres
- Apoyar modelos empresariales que promuevan valores positivos y la igualdad
- Hacer que la tributación sea más justa y combatir la evasión fiscal
- Invertir en educación y atención sanitaria
Oxfam sostiene que la esperanza no basta. Reducir la desigualdad y garantizar que las personas más pobres no queden excluidas del crecimiento requiere planes y políticas explícitos para promover un crecimiento inclusivo.
Oxfam no es la única organización que defiende el crecimiento inclusivo. El Informe sobre crecimiento inclusivo y desarrollo 2017 del Foro Económico Mundial destaca la labor necesaria en todo el mundo para repartir los beneficios del crecimiento de forma más equitativa.
El crecimiento inclusivo y el desarrollo forman un ciclo que se refuerza a sí mismo: el crecimiento económico y la inclusión se nutren mutuamente.
Sin embargo, África ha logrado algunos avances. Según el índice, Lesoto, Sudáfrica y Sierra Leona se encuentran entre las economías en desarrollo que más han mejorado en los últimos cinco años.

