El futuro de África está en manos de sus científicos. Desde la urbanización hasta la agricultura, y desde el cambio climático hasta las pandemias, África necesita ciencia, tecnología e innovación (CTI) para asegurar un futuro próspero y sostenible. El continente debe revertir urgentemente la fuga de sus talentosos investigadores y ampliar su formación y conocimientos especializados, para que los problemas de África puedan ser resueltos por los africanos.
Esta semana, en el Foro Económico Mundial, presentaremos una nueva visión para apoyar la CTI en África, bajo el liderazgo de la presidenta de Mauricio, S. E. Ameenah Gurib-Fakim. Se trata de la Coalición para la Investigación y la Innovación (CARI), una alianza de líderes científicos africanos y financiadores internacionales que han unido fuerzas para catalizar la inversión en investigación e innovación.
A través de CARI, queremos transformar el liderazgo, la gobernanza y la financiación de la investigación africana, para que los dirigentes de las naciones africanas asuman la responsabilidad y definan las agendas de investigación, y los investigadores africanos trabajen en condiciones equitativas con sus socios mundiales.
La necesidad de un desarrollo impulsado por la ciencia
La inversión en ciencia e investigación y desarrollo (I+D) puede elevar la productividad económica al impulsar la innovación y crear nuevas empresas emergentes, pymes y puestos de trabajo. Una fuerza laboral con sólidas competencias en CTI sienta las bases para mejorar la formulación de políticas, atraer la manufactura de alto valor y proteger nuestro planeta.
Además, en este período de profunda transición económica, demográfica y epidemiológica, la ciencia es clave para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). La ciencia puede ayudar a reducir las enfermedades y la pobreza, así como generar conocimientos y traducirlos en productos y servicios que beneficien a la ciudadanía.
Para ello será fundamental aumentar la inversión, a fin de lograr un mayor impacto en la intersección entre la salud, la alimentación, el agua y el cambio climático, y formar a una nueva generación de líderes con las competencias interdisciplinarias necesarias para afrontar estos desafíos.
Esto significa que África debe conservar sus conocimientos especializados. Los científicos africanos y otros profesionales estarían encantados de regresar a sus países de origen o permanecer en ellos, si el continente invierte en crear ecosistemas donde puedan prosperar.
África tiene menos de 100 científicos por millón de habitantes, y tendrá que elevar esa cifra hasta el promedio mundial de 800 formando a millones de científicos, técnicos e ingenieros hasta niveles de posgrado durante los próximos años. Esto requerirá miles de millones de dólares, pero será sumamente beneficioso para alcanzar los ODS.
Los líderes africanos defienden cada vez más la ciencia
Por fortuna, la tendencia está cambiando:
Países como Sudáfrica, Nigeria, Egipto y Túnez han ejercido un liderazgo basado en los resultados científicos.
Otros países, como Kenia, están destinando más fondos a la ciencia y la innovación.
Mauricio ha utilizado la CTI para posicionarse como centro financiero internacional y punto clave mundial de biodiversidad.
Argelia ha puesto en marcha una estrategia para mejorar la ciencia, y el número de sus publicaciones científicas ha aumentado de 12.000 en 2008 a 45.000 en 2015.
La implementación por parte de la Unión Africana de laEstrategia de Ciencia, Tecnología e Innovación para África 2024 demuestra el apoyo de los gobiernos a la ciencia.
La UA ha creado un Comité Presidencial de Ciencia y Tecnología, del que forma parte la presidenta Gurib-Fakim.
Este compromiso cada vez mayor puede aprovecharse para crear fondos patrimoniales, mecanismos de cofinanciación con los gobiernos nacionales y alianzas público-privadas.

Apoyar la ciencia africana de forma menos fragmentada
La Agenda 2063 pide que «los recursos africanos financien su desarrollo» y que los gobiernos, las empresas y los filántropos se asocien para «establecer un Fondo Africano de CTI». Dado que los países africanos todavía destinan apenas el 1,3 % del gasto mundial total en I+D, un fondo específico para la CTI en toda África será fundamental.
Un fondo específico para los científicos africanos también promovería la colaboración transfronteriza, algo esencial en un continente donde los países afrontan desafíos similares pero rara vez los abordan en conjunto, como los brotes de enfermedades. La crisis del ébola dejó una dolorosa lección: podría haberse mitigado o incluso evitado si se hubiera apoyado a los científicos africanos para que colaboraran más estrechamente.
Los esfuerzos para crear un fondo común no partirán de cero. Muchos financiadores mundiales ya realizan importantes inversiones directas en instituciones panafricanas. Un ejemplo es la Alianza para Acelerar la Excelencia Científica en África (AESA), creada por la Academia Africana de Ciencias y la Agencia NEPAD, con el apoyo de socios mundiales como Wellcome, la Fundación Bill y Melinda Gates y el DFID. AESA es un instrumento transparente para gestionar la financiación de la investigación y proporcionar liderazgo en investigación para el continente. Actualmente gestiona más de 150 millones de dólares en programas científicos en todo el continente.
A través de CARI, los financiadores mundiales, las empresas privadas y los filántropos pueden unirse para coordinar mejor el gasto y apoyar iniciativas científicas regionales como AESA, el Planet Earth Institute y otras.
El destino de África está en manos de sus científicos, pero necesitan más recursos y apoyo para tener éxito. Identificaremos oportunidades y elaboraremos una hoja de ruta y un plan de negocios para defender la inversión, con vistas a su lanzamiento en 2018.


