Por fin, los nigerianos acudirán mañana a las urnas, sábado 28 de marzo, pese a los rumores de nuevos aplazamientos y a otros, más alarmistas, sobre la creación de un gobierno de unidad nacional sin convocar al país a votar.
El lunes, el presidente de Estados Unidos (EE. UU.), Barack Obama hizo un llamamiento a los nigerianos para que votaran con calma y «rechazaran las voces de quienes incitan a la violencia», a fin de preservar la democracia que han construido a lo largo de los años.
«En esta tarea de impulsar la seguridad, la prosperidad y los derechos humanos de todos los nigerianos, seguirán teniendo un amigo y socio en los Estados Unidos de América», dijo Obama en el mensaje de vídeo que difundieron ampliamente los medios nigerianos.
En los últimos meses, las relaciones de Nigeria con EE. UU. se han visto sometidas a presión debido al embargo de armas que este último mantiene. Las acusaciones de que el embargo impide a Nigeria combatir con éxito a Boko Haram han generado cierto resentimiento entre los nigerianos de a pie. El embargo se impuso tras informes persistentes sobre abusos de los derechos humanos por parte del ejército nigeriano.
¿Significará esto un giro de la política, alejándose de EE. UU. y acercándose a un país como Rusia, que al parecer sí suministró a Nigeria nuevas armas y equipo? El deterioro de las relaciones con Sudáfrica debido a su renuencia a suministrar armas a Nigeria también probablemente influirá en la manera en que el país trata con Pretoria.
La política exterior no ha sido una prioridad durante la campaña electoral, como suele ocurrir cuando los políticos tienen muchos asuntos internos de los que ocuparse. La economía (afectada por la caída de los precios del petróleo), la corrupción y la seguridad han sido los temas principales en la reñida contienda entre el candidato del Partido Democrático Popular (PDP), el presidente Goodluck Jonathan, y su rival, el exmayor general del Congreso de Todos los Progresistas (APC), Muhammadu Buhari.
Los analistas de política exterior coinciden en gran medida en que EE. UU., el Reino Unido y, últimamente, Francia siguen siendo los principales socios internacionales de Nigeria, pese a los recientes tropiezos. Aun así, aunque sus relaciones con los socios occidentales podrían mantenerse igual tras las elecciones —y sin duda parece que estos socios están interesados en preservar sus vínculos con la mayor economía de África—, las relaciones con los vecinos inmediatos de Nigeria y con la Unión Africana (UA) podrían cambiar en un futuro próximo.
Esto se debería a los acontecimientos recientes en la lucha contra Boko Haram y al impulso generado por ser la mayor economía de África, con potencial para gastar mucho dinero en sus iniciativas militares y diplomáticas.
Julia Schünemann, investigadora sénior del Instituto de Estudios de Seguridad (ISS) en Pretoria, afirma que Nigeria podría convertirse en un verdadero líder del continente si resolviera sus problemas internos de gobernanza. «Nigeria es el país africano con mayor potencial para desempeñar un papel importante en el continente y también en el mundo», afirma.
En un nuevo informe, coescrito con Jakkie Cilliers, director ejecutivo del ISS, y Jonathan Moyer, director asociado del Centro Frederick S. Pardee para Futuros Internacionales de la Universidad de Denver, Schünemann sostiene que Nigeria, Argelia, Egipto, Etiopía y Sudáfrica —los cinco grandes del continente— desempeñarán un papel importante en la determinación del futuro de África. Aunque Etiopía y Sudáfrica tienen un historial de ejercer una influencia en el continente superior a la que cabría esperar por su peso, Nigeria no ha aprovechado plenamente su potencial para convertirse en la principal superpotencia de África.
En una conferencia del Instituto Sudafricano de Asuntos Internacionales celebrada en Pretoria a finales del año pasado, el analista nigeriano Kunle Amuwo también dijo que el país lleva varias décadas teniendo menos peso del que le correspondería en el ámbito internacional. Considera que esto se debe en parte a la preocupación de la élite nigeriana por los asuntos internos y a su «incapacidad para articular una política para el África subsahariana».
«El reto de Nigeria es recuperar su poder blando y poner orden en su casa», dijo Amuwo, profesor del Departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Covenant, en el estado de Ogun, Nigeria. Amuwo dijo en la conferencia que, si el PDP gana las elecciones, Nigeria seguirá centrándose en los asuntos internos y «todo seguirá como siempre». No cree que Jonathan tenga la talla ni la experiencia en política exterior de alguien como el expresidente Olusegun Obasanjo. «Él [Jonathan] no forma parte de la élite de la política exterior».
Los acontecimientos actuales y la lucha contra el terrorismo afectarán inevitablemente, sin embargo, a las relaciones exteriores de Nigeria. Durante décadas, los nigerianos han mantenido un fuerte sentido de soberanía y no querían que otros países interfirieran en sus asuntos. Esta actitud ha sido especialmente visible durante los últimos cinco años en la lucha contra Boko Haram. Aunque internamente constituía una grave amenaza para la seguridad, el tema nunca surgió en los debates regionales sobre la estabilidad de Nigeria. En cambio, Nigeria se enorgullecía de los logros de sus fuerzas armadas en lugares como Liberia, Sierra Leona y Darfur.
Boko Haram se incluyó por primera vez en el orden del día del Consejo de Paz y Seguridad (CPS) de la UA a mediados de 2014, tras la indignación por el secuestro de las alumnas de Chibok. A finales del año pasado, cuando sus países vecinos se reunieron en Niamey, Níger, para hablar de una respuesta regional contra el grupo terrorista, Nigeria solo envió a su embajador en el país para reunirse con los demás jefes de Estado y altos funcionarios de la UA.
A principios de este año, antes de la cumbre de la UA de enero en Adís Abeba, altos funcionarios nigerianos también sostuvieron que el país «no esperaba nada» de la Comisión de la Cuenca del Lago Chad, integrada por Nigeria, Níger, Chad y Camerún. Sin embargo, la presión internacional, la inminencia de las elecciones y la rápida expansión de Boko Haram hicieron que la situación cambiara a favor de la cooperación regional.
Por fortuna, para la población del noreste de Nigeria. Aunque el concepto de operaciones de la Fuerza Conjunta Multinacional —integrada por los países de la cuenca del lago Chad y Benín— solo se debatió en el CPS a principios de este mes, los ejércitos vecinos han desplegado fuerzas a gran escala contra Boko Haram. Los analistas coinciden en que la ayuda de los países vecinos, en particular de Chad, ha sido crucial para expulsar a Boko Haram de los estados de Borno, Yobe y Adamawa.
En los últimos días de su campaña electoral, el presidente Jonathan ha dicho que Boko Haram está casi derrotado; quizás sea un poco prematuro, dadas las noticias de más secuestros masivos en los últimos días. Si Jonathan gana las elecciones, tendrá que viajar a Yamena para dar las gracias al presidente Idriss Déby. Este último, sin duda, también actuó en interés propio, pues su país sin litoral no podía permitirse quedar rodeado de terroristas islamistas.
Buhari, quien fue presidente de Nigeria durante un breve período de 20 meses en la década de 1980, tendrá que esforzarse un poco más para forjar nuevas relaciones con los actores de la comunidad internacional. Los partidarios de Jonathan han intentado presentar la imagen de un antiguo líder golpista que sería desastroso para la imagen de Nigeria como la mayor democracia de África.
Sin embargo, quienquiera que gane las elecciones tendrá que reconocer el papel que han desempeñado los países vecinos de Nigeria y la UA para ayudar a librar al país de su mayor amenaza para la seguridad desde la guerra civil posterior a la independencia. También es probable que Francia, que ha coordinado en segundo plano algunas de las respuestas regionales desde su base militar en Yamena, mantenga sus ya buenas relaciones con Nigeria.
Este artículo se publica en colaboración con ISS Africa. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Liesl Louw-Vaudran es consultora en el ISS.
Imagen: Vista del edificio de la bolsa de Nigeria en el distrito central de negocios de Lagos. REUTERS/Akintunde Akinleye.



