La visión del Banco Mundial es un mundo sin pobreza. Como sugiere esta declaración, es raro que abordemos un problema que no tenga sus raíces en la pobreza. Hoy, en el Día Mundial de la Vida Silvestre, es imperativo que llamemos la atención sobre una cuestión de este tipo, que no nace de la pobreza, sino de la codicia y la negligencia. Hoy nos ocupamos de la caza furtiva.
La captura y matanza ilegales de fauna silvestre tienen lugar principalmente en países en desarrollo, pero no son un problema nacido de la pobreza. La comunidad criminológica ha refutado la idea de que la pobreza causa delitos y ha concluido, más bien, que muchos delitos son oportunistas. En ausencia de pobreza, el delito persiste. Esto también se aplica a los delitos contra la fauna silvestre, como explicaron expertos del Fondo Mundial para la Naturaleza en una entrevista reciente.
Los delitos que afectan a los recursos naturales y al medio ambiente causan a los países en desarrollo daños por valor de más de 70.000 millones de dólares al año, privan a las comunidades de oportunidades a largo plazo, alimentan la corrupción y la desconfianza en las autoridades civiles y socavan las empresas legítimas basadas en los recursos naturales.
La pobreza no causa la caza furtiva, pero esta sí agrava la pobreza
Durante un tiempo, las intervenciones trataron de combatir la ilegalidad mediante la participación de las comunidades locales, medidas de reducción de la pobreza y reformas de la tenencia de la tierra. En los últimos años, el Banco Mundial ha ampliado su comprensión de cómo el crimen organizado, la corrupción, el comercio ilegal y el blanqueo de dinero afectan los resultados del desarrollo, y ha intensificado su labor en cuestiones como la recuperación de activos robados, la gobernanza y la lucha contra la corrupción.
Eso no significa que no debamos preocuparnos por la falta de alternativas económicas en las zonas donde prosperan los delitos contra la fauna silvestre. Debemos hacerlo, y tenemos que hacerlo. Tampoco significa que debamos ignorar cómo la caza furtiva y la degradación ambiental contribuyen a la erosión y desaparición de los activos. Al fin y al cabo, las personas que más preocupan al Banco Mundial —las que viven en la pobreza extrema y el 40 % más pobre de la población— dependen de esos activos para sobrevivir, ganarse la vida y prosperar.
Pero, sean cuales sean los impactos, nuestra respuesta debe centrarse principalmente en combatir el delito y su aliado, la corrupción, y en mejorar la gestión de los recursos naturales para combatir la caza furtiva con mayor eficacia. Al tomarnos en serio los delitos contra la fauna silvestre, trabajamos para garantizar que puedan prosperar tanto el comercio legal de recursos naturales vivos como las oportunidades de prosperidad basadas en los recursos naturales.
El hecho de que el capital natural esté infravalorado, mal protegido y sea de propiedad incierta también dificulta el enjuiciamiento de delitos como la caza furtiva, la tala ilegal y la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada. Las inversiones en las fuerzas nacionales del orden y en medidas contra la corrupción, respaldadas por una acción internacional concertada, tienen un papel importante en la lucha contra los delitos contra la fauna silvestre.
Ayudar a la comunidad internacional a combatir la caza furtiva
Por este motivo, el Banco Mundial es socio del Consorcio Internacional para Combatir los Delitos contra la Vida Silvestre junto con la Secretaría de la CITES, la Organización Mundial de Aduanas, Interpol y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.
La asociación patrocina el impactante video de arriba. En el Día Mundial de la Vida Silvestre, tuitea, publica en Facebook o envía por correo electrónico el video de arriba para aportar tu granito de arena. Después, sigue leyendo y plantea preguntas para debatir qué hará falta para «tomarse en serio los delitos contra la fauna silvestre», como insta el anuncio de servicio público.
Algunos principios que conviene tener en cuenta:
Tenemos que mejorar el seguimiento. No podemos saber si la gente caza furtivamente elefantes si no sabemos cuántos elefantes hay. El seguimiento y el intercambio de datos entre países permiten a los gobiernos regular las poblaciones escasas y medir los resultados.
Tenemos que limitar la oferta mediante una gobernanza más sólida y medidas estratégicas de aplicación de la ley. La aplicación de una respuesta proactiva de este tipo, junto con una mayor sensibilización de las partes interesadas clave en la justicia penal, reduce considerablemente las oportunidades y la relación costo-beneficio para quienes podrían cometer delitos de caza furtiva.
Tenemos que abordar la demanda del mercado. La demanda mundial de madera, fauna silvestre, partes de animales y material vegetal impulsa la tala, la recolección y las operaciones de caza furtivas ilegales. Reducir la demanda reducirá la rentabilidad de la caza furtiva.
En términos más generales, tenemos que romper el círculo vicioso de la (mala) gestión de los recursos naturales. En algunos países, los recursos naturales se gestionan para impulsar economías sólidas y ofrecer empleo estable. En otros, los recursos naturales generan beneficios sustanciales, aunque informales para las personas que viven en zonas rurales. Los beneficios de la leña, las plantas medicinales, el agua dulce y otros bienes y servicios que proporciona la naturaleza a menudo no se monetizan ni están protegidos por derechos y normativas. Los delincuentes y los funcionarios corruptos no tardan en aprovecharse de recursos mal protegidos y de libre acceso. Estos recursos se degradan. Quienes deberían preocuparse se sienten consternados, pero a veces son cooptados y participan en la connivencia. Y así continúa el abandono. Tenemos que desarrollar la capacidad de los países en desarrollo para gestionar los recursos naturales de manera más profesional y poner fin a la degradación y el robo.
Este artículo se publica en colaboración con el blog Voices Perspective on Development del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autoría: Valerie Hickey es una científica ambiental y bióloga de la conservación especializada en biodiversidad. William Magrath es economista principal de recursos naturales en el Banco Mundial.
Imagen: Un orangután mira a su alrededor en el zoológico de Singapur el 4 de junio de 2009. Desde su apertura en 1973, el zoológico de Singapur ha sido responsable del nacimiento exitoso de 33 orangutanes, una especie en peligro de extinción. Los orangutanes, grandes simios nativos de Malasia e Indonesia, están en grave peligro debido a la destrucción de sus hábitats de selva tropical y a la caza furtiva. REUTERS/Staff.




