¿Por qué temen los economistas la información asimétrica?

¿Por qué temen los economistas la información asimétrica?
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Puede que no se considere economista, pero casi con toda seguridad tiene experiencia directa de un aspecto de la teoría económica llamado información asimétrica.

En pocas palabras, ocurre cuando una de las partes de una transacción sabe más que la otra sobre el trato en curso.

Supongamos que le interesa comprar un coche usado. Revisa los anuncios clasificados y encuentra justo el coche que quiere, además de estar dentro de su presupuesto. Se reúne con el vendedor, que parece amable, y lo compra. De camino a casa, se avería. No tiene garantía ni recurso alguno, y está bastante molesto. ¿Qué ocurrió?

Pues bien, el vendedor, por supuesto, sabía mucho más sobre el coche que usted. Sabía si se revolucionaba el motor en exceso con regularidad, si se había hecho el mantenimiento habitual y si se había guardado en un garaje.

Esta es una historia triste para nuestro pobre comprador de coches, pero desde la perspectiva de un economista podría haber sido peor. Al fin y al cabo, hubo intercambio.

La verdadera pesadilla de un economista es que los mercados se paralicen por completo.

Los buenos y los malos

En un célebre artículo de 1970 titulado El mercado de los limones, el economista estadounidense galardonado con el Nobel George Akerlof señaló cómo este tipo de información asimétrica —en la que una de las partes de una posible transacción está mejor informada que la otra— puede hacer que los mercados se desmoronen por completo.

Esta es la lógica. Supongamos que hay dos tipos de vendedores: los buenos y los malos. Los buenos tienen coches de buena calidad, por ejemplo, y los malos tienen coches de mala calidad. Supongamos también que hay la misma cantidad de vendedores buenos y malos. Si el coche es de buena calidad, los compradores están dispuestos a comprarlo. Si es de mala calidad, no. ¿Qué ocurre en este mercado?

Para responder a esa pregunta, debemos recurrir a la lógica del equilibrio y pensar no solo en las valoraciones de compradores y vendedores, sino también en sus creencias.

Supongamos, entonces, que hay un mercado en el que se venden coches de buena y de mala calidad. ¿Qué creerán los compradores sobre la calidad del coche que van a adquirir? Pensarán que hay un 50 % de posibilidades de que sea de buena calidad y un 50 % de que sea de mala calidad. Por tanto, lo valorarán a medio camino entre lo que pagarían por un coche de alta calidad y lo que pagarían por uno de baja calidad. Ese será el precio que equilibre el mercado.

A los vendedores de coches de baja calidad les conviene: reciben más de lo que vale su coche defectuoso. Pero los vendedores de coches de alta calidad no están satisfechos: reciben menos de lo que el coche vale para ellos. ¿Por qué vendería algo por menos de lo que usted mismo considera que vale? No lo haría, así que los vendedores de coches de alta calidad no venden. Abandonan el mercado.

Ahora nuestro mercado hipotético está compuesto únicamente por vendedores de coches de baja calidad. Este fenómeno se conoce como «selección adversa»: los participantes en el mercado son los de mala calidad.

Al darse cuenta de esto, los compradores ya no están dispuestos a pagar el precio intermedio. Sería absurdo. Así que nos quedamos con un mercado de posibles vendedores de coches de baja calidad y compradores que no están dispuestos a comerciar. El mercado se ha desmoronado por completo.

Se ha hecho realidad la peor pesadilla del economista: hay ganancias potenciales del intercambio (los compradores quieren comprar coches de alta calidad), pero no se aprovechan debido a la información asimétrica.

¿Qué hacer? Una opción para los vendedores es ofrecer una garantía. Así, si resulta que el coche es de baja calidad, la compradora recupera su dinero. Ningún vendedor de coches de baja calidad ofrecería una garantía de ese tipo, por lo que se revierte el fenómeno de la selección adversa: solo se ofrecen coches de alta calidad en el mercado. A una persona le resulta difícil hacerlo, pero los grandes concesionarios pueden ofrecerla de forma creíble. Y eso es exactamente lo que vemos en el mundo.

La información asimétrica en el mundo real

Esta idea explica mucho más que los concesionarios de coches, que solo sirven de ejemplo para el experimento mental.

¿Por qué el crédito es tan caro y, a menudo, insuficiente en las economías en desarrollo? ¿Por qué las minorías suelen pagar tasas de interés más altas? En ambos casos, se debe a que a menudo saben mucho más sobre su capacidad de devolver el préstamo que el prestamista.

¿Por qué a algunas empresas les cuesta realizar ofertas públicas iniciales (OPI)? Porque los propietarios o directivos actuales saben más sobre las perspectivas de la empresa que los mercados públicos.

Por supuesto, los seres humanos se adaptan.

Los colegas estadounidenses de Akerlof, también galardonados con el Nobel, Michael Spence y Joseph Stiglitz, se preguntaron cómo podrían mejorar sus resultados las partes informadas y las no informadas, respectivamente.

Spence mostró cómo una parte informada puede mejorar su resultado mediante una «señalización» costosa (comunicar o mostrar a los compradores que su producto es de buena calidad). Stiglitz y su colega estadounidense Michael Rothschild mostraron cómo la parte no informada puede mejorar su resultado mediante el «cribado» (examinar indicios para determinar la calidad).

Esto también nos ayuda a entender por qué la gente busca una educación, se hace tatuajes, va a la iglesia y por qué las empresas pagan dividendos o las compañías de seguros ofrecen distintos niveles de cobertura.

Todas son formas de señalización que transmiten mensajes sobre una persona, empresa o producto que son fundamentales en una transacción. Son mensajes que otras personas pueden «examinar» para tomar decisiones sobre transacciones en las que participan esas personas, empresas o productos.

De hecho, una vez que se empieza a pensar en ello, cuesta imaginar una actividad económica en la que una de las partes no sepa más que la otra. Y esto suele influir en la naturaleza de la actividad del mercado y cambiar nuestra forma de interactuar con el mundo.

Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. Lea el artículo original. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autor: Richard Holden es profesor de Economía en UNSW Australia.

Imagen: Un hombre está de pie en medio de la Grand Central Terminal mientras habla por teléfono móvil. REUTERS/Zoran Milich

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