Qué significa la elección de Nigeria para el futuro

Qué significa la elección de Nigeria para el futuro
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Tras 16 años en el poder, el Partido Democrático Popular (PDP) dejará de gobernar Nigeria, tras perder las elecciones presidenciales de la semana pasada frente al opositor Congreso de Todos los Progresistas (APC). Además, el resultado marca la primera vez desde que Nigeria logró la independencia de Gran Bretaña en 1960 que un mandatario en ejercicio es desplazado por un partido político rival sin violencia. Esto augura algo positivo para el país en un momento en que afronta desafíos sin precedentes.

Los analistas habían previsto que las elecciones se verían empañadas por la violencia, como la que siguió a los comicios presidenciales de 2011, en los que Muhammadu Buhari, exdictador militar y candidato del Congreso para el Cambio Progresista (CPC), perdió frente a Goodluck Jonathan, del PDP. La zona principalmente musulmana del norte del país —base de apoyo de Buhari— se vio sacudida por la anarquía y el derramamiento de sangre cuando matones y gamberros salieron a las calles y atacaron a cristianos y personas no originarias del norte, a quienes acusaban de votar por Jonathan.

En las recientes elecciones también se enfrentaron Jonathan y Buhari. Pero esta vez el proceso fue notablemente pacífico. Aunque surgieron problemas logísticos, la Comisión Electoral independiente de Nigeria respondió eficazmente y permitió que la votación se prolongara un día más en varias zonas.

Otro aspecto destacable de las elecciones fue la concesión de Jonathan a Buhari, que se produjo cuando los resultados de los 36 estados de Nigeria empezaron a llegar a cuentagotas a la sede de la comisión electoral en la capital. Por lo general, los perdedores de las elecciones nigerianas acusan a sus rivales de fraude y piden a los tribunales que determinen quién es el ganador «real».

El APC, que esta vez nominó a Buhari, se fundó apenas en 2013, pero irrumpió con gran estruendo. Sus promotores criticaron al PDP por haber hecho poco para mejorar el nivel de vida de los nigerianos y presentaron un conjunto de políticas y programas que, según afirmaron, conducirían al país a una prosperidad sostenida.

El APC no era tanto un partido nuevo como una amalgama de tres partidos pequeños que llevaban intentando desplazar al PDP desde 1999. Estos partidos contaban con el apoyo de dos de los tres principales grupos étnicos de Nigeria: los hausa-fulani, que predominan en el norte, y los yoruba, que viven en el suroeste. El APC pudo aprovechar las divisiones dentro del PDP, agravadas por la controvertida participación de Jonathan en las elecciones de 2011, para ampliar aún más sus filas.
La división dentro del PDP comenzó en 2010, cuando el presidente Umaru Yar’Adua, musulmán del norte, murió tras solo tres años en el cargo, y Jonathan, de la etnia ijaw del sur y vicepresidente de Yar’Adua, ocupó su lugar. Los dirigentes norteños del PDP se quejaron de que el predecesor de Yar’Adua, un cristiano del sur, había gobernado Nigeria durante ocho años y de que era justo que un norteño ocupara el poder. Pidieron a Jonathan que no se presentara en 2011 e insistieron en que el PDP nominara a un candidato del norte.

La negativa de Jonathan a atender su petición y su posterior victoria no solo desencadenaron protestas violentas y disturbios en el norte, sino que también dejaron al PDP dividido según líneas etnorregionales. Cuando Jonathan anunció sus planes de presentarse a un segundo mandato este año, varios políticos del norte desertaron al APC, debilitando considerablemente al PDP.

Consciente de la desesperación del norte por recuperar la presidencia, el APC nominó a Buhari. Gracias al amplio apoyo en el norte, así como a los votos del suroeste yoruba y de varios estados del centro del país, Buhari logró imponerse. Los votos para Jonathan procedieron en gran medida de su región natal del sur-sur y del grupo étnico igbo vecino, en el sureste.

El fin de la era de predominio del PDP era inevitable. Al fin y al cabo, durante sus 16 años en el poder, el partido no ha podido hacer frente a los principales desafíos de Nigeria: el aumento del desempleo, las infraestructuras deficientes, unos servicios sociales anquilosados y una economía inestable que depende de las exportaciones de petróleo para obtener el 95% de sus ingresos en divisas. Mientras tanto, la violenta secta islamista Boko Haram sigue causando estragos en el noreste.

Durante la reciente campaña electoral, el PDP, incapaz de señalar logros concretos, se limitó a hacer nuevas promesas. Pero a los nigerianos de a pie les sonaron vacías.

Por su parte, el APC afronta un conjunto nada envidiable de desafíos. Nigeria está sumida en una crisis económica y social. El precio del petróleo, principal producto de exportación del país, ha caído a la mitad desde diciembre. La naira ha perdido el 30% de su valor, los fabricantes se quejan del aumento de los precios de importación de materias primas y el desempleo, en particular entre los recién graduados, está en máximos históricos. Mientras tanto, Boko Haram se ha aliado con el Estado Islámico y promete librar una insurgencia implacable y despiadada.
Durante la campaña, Buhari y otros dirigentes del APC dieron pocos detalles sobre las soluciones que proponían para los numerosos problemas de Nigeria. Bastó con recordar a los nigerianos lo que no había funcionado. Pero ahora el APC debe diseñar e implementar una estrategia eficaz que conduzca a una mejora real de la vida de los nigerianos de a pie. Un comienzo pacífico es un buen comienzo, pero un cambio en el partido gobernante no es el único cambio que necesita Nigeria.

Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autor: Ike Okonta, analista de políticas públicas y escritor radicado en Abuya, es actualmente becario del Open Society Institute, Nueva York.

Imagen: Vendedores ofrecen sus productos cerca de un cartel electoral del exgobernante militar nigeriano Muhammadu Buhari, antes del inicio de la convención del partido Congreso de Todos los Progresistas (APC) en Lagos. REUTERS/Akintunde Akinleye

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