¿Qué pasaría si la globalización diera marcha atrás?

¿Qué pasaría si la globalización diera marcha atrás?
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Rolf Alter se pregunta si 150 años de progreso podrían erosionarse tras la crisis financiera. La entrevista forma parte de la serie «What if?» de la Risk Response Network.

¿Cuál es su principal ámbito de especialización?
Mi principal ámbito de especialización es la gobernanza pública y, dentro de ella, dedico gran parte de mi tiempo a trabajar en la gestión de riesgos.

A la luz de su investigación, ¿cuál diría que es el riesgo menos valorado?
Llevamos 30 años viviendo una globalización muy rápida y muy profunda, que siempre se ha llevado a cabo y se ha apoyado en nombre de la eficiencia de los mercados. Se ha partido del supuesto de que el crecimiento sería simplemente una cuestión de nuestra creatividad y voluntad. Probablemente esto siga siendo cierto, pero hemos subestimado las condiciones necesarias para que ese crecimiento se produzca de forma sostenible. Una de ellas es, sin duda, que los países de todo el mundo mantengan una sociedad basada en normas, un conjunto de estándares que todos estén dispuestos a respetar. Otra es la validez de nuestra confianza en la globalización. ¿Qué pasaría si nos alejáramos de un sistema de cooperación internacional y de respuestas multilaterales a los problemas transnacionales para adoptar un enfoque de «sálvese quien pueda»? Las implicaciones globales de un cambio así serían enormes.

¿Cómo plantearía este riesgo como un escenario hipotético: «qué pasaría si» esto ocurriera realmente?
¿Qué pasaría si los logros y avances de los últimos 150 años de globalización se erosionaran y revirtieran en el caos de la crisis actual? Los fundamentos de los derechos humanos, el desarrollo humano y la democracia podrían estar en peligro.

Según su análisis, ¿cómo podría desarrollarse este escenario?
Veo este escenario como una cadena de acontecimientos. En cada punto de esta cadena hay distintos escenarios por venir, que provocan reacciones diferentes por parte de los responsables políticos, los ciudadanos y los empresarios. Algunas de estas reacciones podrían ser de carácter proteccionista, acelerando así el declive económico, pero también podrían ser muy incontroladas. Pensemos en los recientes movimientos democráticos que vemos en el norte de África. Si se extendieran a China, podría producirse una gran perturbación de su capacidad de producción. Esto tendría consecuencias nefastas para sus importaciones de materias primas y también para sus exportaciones.

¿Quién sentiría más el impacto y de qué manera?
Tarde o temprano todos, pero países como Australia y Canadá, y también Brasil, serían los primeros en verse afectados, ya que dependen de la demanda de sus materias primas. Si esto durara unos años, significaría que muchos países tendrían simplemente enormes dificultades para adaptarse.

¿Cree que estamos bien preparados para una contingencia así?
No. Los acontecimientos de 2008 lo ilustraron. La interconexión ya era tal que la crisis financiera hizo que el comercio mundial prácticamente se desplomara. Golpeó la economía china con gran fuerza. El G20 ofreció una especie de respuesta coordinada mediante medidas de recuperación, pero ¿perdurará en situaciones extremas? Lo dudo. En mi opinión, esto plantea la cuestión del regulador de confianza a escala nacional. Los gobiernos ya muestran limitaciones en su capacidad de gobernar, porque en el pasado no hemos puesto a prueba nuestras propias instituciones en la misma medida. Diría que existe un gran riesgo de que las sociedades y las economías se vean muy afectadas en caso de un nuevo debilitamiento de las capacidades regulatorias. Pero eso, a su vez, significaría que esas mismas capacidades regulatorias volverían a verse socavadas por la incapacidad de afrontar situaciones de emergencia. Eso podría ser un círculo muy vicioso, y es algo para lo que no estamos preparados.

¿Cuál es su principal enfoque para mitigar este riesgo?
Mi recomendación es que nos comprometamos realmente tanto a analizar nuestras instituciones democráticas para ver dónde residen las debilidades como a abordarlas para fortalecer esas instituciones. Hay mucho trabajo por hacer tanto a escala nacional como internacional. Desde hace bastante tiempo asistimos a una erosión de la confianza en los gobiernos. No hablo específicamente de Europa o de Estados Unidos, sino, en un sentido más amplio, de la relación entre los gobiernos y sus ciudadanos. Esta relación es muy diferente hoy en día y está cambiando rápidamente. La capacidad de las instituciones para establecer normas o políticas ha disminuido enormemente a medida que los ciudadanos han cobrado mayor conciencia de sí mismos. Los gobiernos han perdido su monopolio en la toma de decisiones.

Sí, los movimientos de protesta que vemos hoy son pequeños en cuanto al número de personas que participan, pero el hecho de que se pueda ir prácticamente a cualquier lugar del mundo y preguntar si han oído hablar de algo llamado Occupy Wall Street, y la gente asienta, demuestra su alcance. Creo que somos demasiado conservadores en muchos sentidos al tratar de explicar este fenómeno.

En el reverso del riesgo, ¿ve alguna oportunidad asociada a este escenario?
Muchísimas, sin duda alguna. No quiero pintar un panorama de solo riesgos a la baja y deterioro porque, por otro lado, este movimiento representa una gran oportunidad. Supone situar a las personas en lo que podría llamarse un modo de acceso creativo. Tienen acceso unas a otras, pero sobre todo tienen acceso al conocimiento, lo cual las empodera. Nunca antes el conocimiento y los valores se habían podido difundir tan rápidamente. Así que, mientras veo declinar a los reguladores tradicionales de confianza, veo, por otro lado, estas enormes oportunidades para que las personas se levanten realmente a una velocidad asombrosa. No sé cómo acabarán esas dos fuerzas, pero movilizar la inteligencia, la energía y la creatividad de las personas es extremadamente poderoso.

El Informe sobre la facilitación del comercio a escala mundial (Global Enabling Trade Report) del Foro Económico Mundial, que clasifica a 132 países según su capacidad para facilitar el comercio, se publicará aquí mañana a las 15:00 CEST.

En la imagen: trabajadores en un centro de externalización en Bangalore, India (Reuters)

Rolf Alter

Rolf Alter es director de Gobernanza Pública y Desarrollo Territorial de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos y miembro del Global Agenda Council on Catastrophic Risk del Foro Económico Mundial

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