Además de decidir quién gobernará el país, Gran Bretaña está a punto de decidir su futura relación con la Unión Europea.
David Cameron promete que, si gana el Partido Conservador, convocará un referéndum sobre la pertenencia de Gran Bretaña a la UE. Una encuesta de seguimiento continuo realizada por la Universidad de Essex sugiere que se está reduciendo la brecha entre los británicos que aprueban la pertenencia de su país a la UE y quienes no.
Hay mucho en juego: el Brexit podría tener consecuencias negativas para las perspectivas económicas de Gran Bretaña y perjudicar sus relaciones con sus vecinos europeos. Pero también podría marcar una nueva crisis política en una UE ya frágil.
Los socios de la UE han tenido cuidado de no tomar partido y, sin duda, la cobertura informativa de las elecciones británicas en el extranjero es muy limitada. Así que, aunque el lugar de Gran Bretaña en la UE es importante en la campaña preelectoral, no se debate ampliamente en Europa.
Sin embargo, a los socios de la UE les preocupa el resultado de unas elecciones que podrían desestabilizar no solo a Gran Bretaña, sino también a la UE. «Todo lo que debilita al Reino Unido también debilita a Europa y debilita a la OTAN», dijo Jacek Rostowski, asesor del primer ministro polaco.
Aunque advierten contra el Brexit, los Estados miembros de la UE y las instituciones comunitarias han dejado claro que no pueden conceder a Gran Bretaña todo lo que pida.
El ministro francés de Asuntos Exteriores se opone al Brexit, y argumenta:
Una eventual salida de Gran Bretaña de Europa sería negativa para Europa, pero muy negativa para Gran Bretaña. Hay aspectos que reformar y simplificar, por supuesto, pero no se puede elegir a la carta. Si te unes a un club de fútbol, no puedes empezar a jugar al rugby a mitad de camino.
Martin Schulz, presidente del Parlamento Europeo, ha declarado que cambiar los tratados es demasiado arriesgado en el actual clima de crisis política y económica. Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, también ha descartado cambios importantes en los tratados, aunque sostiene que quiere un «acuerdo justo» para el Reino Unido.
Aunque los democristianos de Alemania apoyan oficialmente a los conservadores, también existe la opinión de que una victoria laborista acercaría a Alemania y al Reino Unido en torno a una agenda proeuropea.
Uno de los principales puntos de negociación de David Cameron sería restringir las prestaciones estatales para los migrantes de la UE. Y aunque Angela Merkel no apoya cambiar los tratados en lo relativo a la libre circulación, principio fundamental de la UE, no se opone tanto a la idea de que este principio pueda dar lugar a abusos del sistema de prestaciones sociales y de que quizá haya que abordar el problema.
En definitiva, los socios de la UE han procurado no dar la impresión de interferir en la política interna británica. Y son muy realistas. Saben que, quienquiera que llegue al poder, habrá algún tipo de negociación.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autoría: Sofia Vasilopoulou es profesora titular en el Departamento de Política de la Universidad de York.
Imagen: La bandera de la Unión Europea aparece en una ventana que refleja una calle de Londres. REUTERS/Luke MacGregor.




