¿Qué le depara el futuro a las relaciones entre EE. UU. y China? 5 áreas propicias para la cooperación

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  • Se espera que el presidente estadounidense Donald Trump y el presidente chino Xi Jinping se reúnan en las próximas semanas.

  • La cumbre llega en un momento en que la relación entre las dos mayores economías del mundo se ve afectada de manera significativa por sacudidas geopolíticas.

  • Preguntamos a cinco expertos dónde podría seguir siendo posible la cooperación entre EE. UU. y China. Esto es lo que tenían que decir.

Mientras avanzan los preparativos de la cumbre entre el presidente estadounidense Donald Trump y el presidente chino Xi Jinping en Pekín, la relación entre las dos mayores economías del mundo se ha visto afectada por un contexto global especialmente volátil.

Pese a una reciente distensión entre los líderes de ambos países, persisten diferencias fundamentales en algunas cuestiones centrales, y la guerra en Oriente Medio añade una nueva capa de complejidad.

Cuando los presidentes Trump y Xi se reunieron en Busán en octubre de 2025, negociaron una tregua de un año y acordaron directrices orientadas a estabilizar lo que ambas partes describieron como relaciones económicas mutuamente beneficiosas. La reunión llegó tras un año turbulento en el que Washington impuso aranceles de hasta el 145 % a las importaciones chinas y Pekín restringió el suministro de elementos críticos de tierras raras, sacudiendo los mercados mundiales y acelerando los esfuerzos de ambas partes por reducir el riesgo en dependencias económicas clave.

La reunión de Busán señaló un esfuerzo por encaminar la relación hacia un equilibrio más transaccional y de corte empresarial; uno definido no por la ausencia de competencia, sino por una competencia estratégica gestionada que deja espacio para la cooperación allí donde los intereses coinciden. Sin embargo, las recientes sacudidas geopolíticas, incluida la guerra de Irán, ponen de relieve los límites de este enfoque: mientras ambos países buscan aislar sus economías y evitar la confrontación directa, ninguno está en condiciones de contener por completo los riesgos sistémicos que surgen de un panorama global cada vez más fragmentado y disputado.

Además, ambos gobiernos consideran que el sector privado es clave para estabilizar las relaciones entre EE. UU. y China. Sin embargo, hoy las empresas se enfrentan a una nueva realidad en la que los riesgos geopolíticos, como las interrupciones energéticas y la fragmentación de las cadenas de suministro, son centrales para la estrategia empresarial.

Para explorar dónde sigue siendo posible la cooperación entre EE. UU. y China, pedimos a cinco expertos que analizaran las áreas prácticas que son mutuamente beneficiosas y que podrían aportar estabilidad a la economía mundial. Algunas áreas implican una cooperación relativamente técnica u operativa –el llamado fruto al alcance de la mano– que puede avanzar incluso en periodos de tensión. Otras, como la cooperación nuclear, son políticamente mucho más difíciles, pero conllevan riesgos mucho mayores para la seguridad mundial.

El mensaje general de los cinco expertos es claro: es poco probable una alineación política amplia, pero la cooperación centrada en riesgos específicos sigue siendo posible y necesaria.

Esto es lo que dijeron los expertos.

Zongyuan Zoe Liu, investigadora principal de Estudios sobre China, Council on Foreign Relations

Estabilidad financiera y riesgo recíproco

Pese a los esfuerzos por reducir riesgos, las economías de EE. UU. y China siguen estando lo bastante interconectadas y son lo bastante grandes como para que una grave crisis financiera en cualquiera de ellas repercutiría en los mercados mundiales, lo que hace inevitable la exposición mutua. Incluso los conflictos que no enfrentan directamente a ambos países entre sí transmiten igualmente riesgo financiero a los dos. El casi cierre del estrecho de Ormuz ha afectado a cada parte de manera distinta, pero ambas se enfrentan a la volatilidad financiera que genera.

Esta vulnerabilidad mutua crea un poderoso incentivo para una cooperación limitada centrada en la gestión de riesgos.

Sin embargo, los canales institucionales que en su día facilitaron esa cooperación se han debilitado de forma significativa. Mientras tanto, han surgido nuevas fuentes de riesgo sistémico, especialmente en las finanzas digitales y en marcos regulatorios divergentes.

Un área prometedora para la cooperación es la coordinación técnica en herramientas de estabilidad financiera, incluidos protocolos de alerta temprana para los riesgos de los activos digitales, el intercambio de información sobre normas de reservas y proyectos piloto regulatorios paralelos para abordar los riesgos emergentes en las finanzas tokenizadas.

Otra posible vía es la reestructuración de la deuda soberana. Las instituciones estadounidenses y chinas se cuentan entre los mayores tenedores de deuda soberana de mercados emergentes. Los procesos de reestructuración fragmentados, como los vistos en Zambia y Sri Lanka, han prolongado las crisis y ahondado las pérdidas.

Incluso una coordinación modesta a través de marcos multilaterales podría acelerar la recuperación y estabilizar los mercados mundiales. El objetivo no es la integración financiera ni la alineación de políticas. Más bien, el foco debe estar en salvaguardas pragmáticas que reconozcan una realidad básica: las crisis financieras no gestionadas perjudicarían a ambas economías y al sistema global. La ventana para construir estas salvaguardas es estrecha: la tregua comercial de Busán expira en noviembre de 2026 y, con ella, gran parte del margen político que hace posible incluso una cooperación limitada.

El presidente estadounidense Donald Trump y el presidente chino Xi Jinping en Busán, Corea del Sur, en octubre de 2025.Image: REUTERS

Philip Reiner, consejero delegado y cofundador, Institute for Security and Technology

Salvaguardas en torno a la «coopetición» en IA

La inteligencia artificial suele presentarse como el principal escenario de la competencia tecnológica entre EE. UU. y China. Sin embargo, también es un ámbito en el que los riesgos compartidos son cada vez más evidentes.

La IA es a la vez un motor de rivalidad y una fuente de riesgo sistémico para los mercados y las sociedades de todo el mundo.

El rápido despliegue de sistemas de IA ya afecta a los mercados laborales, a la estabilidad operativa y a los sistemas financieros. Estos riesgos trascienden las fronteras nacionales y ningún país puede gestionarlos por sí solo.

La cooperación podría ser más realista en ámbitos «precompetitivos»: dominios que reducen los riesgos compartidos y que podrían crear oportunidades para renovar la confianza y la colaboración sin exponer capacidades estratégicas.

Un ejemplo es la notificación de incidentes. Establecer una definición común de «incidente de IA» podría permitir a las empresas notificar fallos de sistemas de forma anónima a través de plataformas neutrales, como consorcios internacionales de investigación. El objetivo no sería compartir tecnología, sino comprender los modos de fallo y prevenir riesgos en cascada.

Otra área potencial es la comparación de normas de seguridad para modelos de IA, incluidas la robustez, la resistencia al uso indebido y la interpretabilidad. Los marcos de evaluación voluntarios alojados por instituciones neutrales podrían ayudar a las empresas multinacionales a gestionar los riesgos operativos en ambos mercados.

Incluso una colaboración limitada en la creación y el intercambio de soluciones de seguridad para herramientas de código abierto de uso generalizado, o en la evaluación de los efectos sobre el mercado laboral mediante investigaciones anonimizadas, podría mejorar la fiabilidad de los sistemas de IA y reducir las sensibilidades políticas.

Ciertos ámbitos seguirán estando firmemente vetados. Entre ellos, las tecnologías avanzadas de semiconductores, las aplicaciones militares y las capacidades de IA de vanguardia. Pero una cooperación focalizada en seguridad y gestión de riesgos podría ayudar a estabilizar el ecosistema tecnológico mundial sin comprometer la seguridad nacional ni las líneas rojas políticas.

Stephen Kehoe, vicepresidente ejecutivo y director de Asuntos Corporativos, PepsiCo; presidente, PepsiCo Foundation

Resiliencia compartida y seguridad alimentaria

La seguridad alimentaria está emergiendo como un ámbito en el que coinciden los intereses de EE. UU. y China. Las presiones climáticas, la fragilidad de las cadenas de suministro y el aumento de los precios de los alimentos han convertido la estabilidad agrícola en una preocupación estratégica para ambos gobiernos.

Los fenómenos meteorológicos extremos, la escasez de agua y la degradación del suelo actúan cada vez más como «multiplicadores de riesgos» en todo el sistema alimentario mundial. Como mayores productores y consumidores mundiales de productos agrícolas, Estados Unidos y China desempeñan un papel central en el mantenimiento de la estabilidad del mercado.

La cooperación podría ser más viable en ámbitos prácticos y basados en la ciencia que eviten tecnologías sensibles. Entre ellos figuran la investigación compartida sobre la salud del suelo, la eficiencia de los fertilizantes y las prácticas agrícolas resilientes al clima. Mejorar el almacenamiento poscosecha, la logística y la gestión de la cadena de frío también podría reducir las pérdidas de alimentos y, al mismo tiempo, fortalecer la resiliencia del suministro mundial.

Las instituciones multilaterales, como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y el Grupo Consultivo sobre Investigación Agrícola Internacional, ofrecen plataformas políticamente neutrales en las que ambos países pueden contribuir a la resiliencia agrícola mundial. Es importante señalar que el objetivo no es eliminar la competencia. Ambos países seguirán aplicando estrategias de autosuficiencia y diversificando sus cadenas de suministro.

En cambio, el foco debe estar en la previsibilidad y la estabilidad: garantizar que las políticas que afectan a los mercados alimentarios mundiales sean transparentes y se comuniquen con antelación para evitar perturbaciones innecesarias.

Eric Luo, vicepresidente, y Grace Sun, responsable de marketing estratégico, LONGi Green Energy Technology

Energía limpia y competencia

La transición energética mundial es un escenario en el que coexisten la rivalidad estratégica y los intereses compartidos.

La energía solar, el almacenamiento en baterías y los minerales críticos se sitúan hoy en la intersección de la política climática, la estrategia industrial y la seguridad nacional. Los aranceles, los requisitos de localización y las restricciones a las cadenas de suministro han hecho que la competencia en estos sectores sea cada vez más intensa.

Sin embargo, ambos países siguen siendo indispensables para la descarbonización mundial.

El ecosistema manufacturero de China, basado en la escala, y los mercados de capitales y las redes de innovación de Estados Unidos configuran conjuntamente el panorama mundial de la energía limpia.

Esta interdependencia crea espacio para la cooperación en ámbitos que mejoran la transparencia y la resiliencia sin socavar las estrategias industriales.

Una oportunidad radica en desarrollar normas compartidas para la trazabilidad de las cadenas de suministro, la intensidad de carbono y la diligencia debida ambiental. Los marcos impulsados por la industria, como los pasaportes digitales de productos y las métricas de información normalizadas, podrían reducir la fragmentación regulatoria y ayudar a las empresas a operar en distintos mercados.

Otro ámbito es la resiliencia de las cadenas de suministro. Cartografiar los cuellos de botella en materiales como el polisilicio, el cuarzo y los insumos de las baterías podría permitir a la industria anticipar las perturbaciones y, al mismo tiempo, diversificar la producción. El trabajo conjunto en tecnologías de reciclaje, normas sobre hidrógeno verde e investigación sobre la integración en la red podría también acelerar la innovación en ámbitos no sensibles.

Al mismo tiempo, la competencia estructural seguirá existiendo. Políticas industriales como la Ley de Reducción de la Inflación de EE. UU. y las estrategias manufactureras de China probablemente impulsarán una divergencia a largo plazo en las cadenas de suministro de energía limpia. El desafío, por tanto, no es eliminar la competencia, sino gestionarla de forma que el progreso climático mundial siga encaminado.

David Santoro, presidente y consejero delegado, Pacific Forum

Estabilidad estratégica y riesgos nucleares

La cooperación en materia de estabilidad estratégica está entre los ámbitos de mayor trascendencia, y quizá de los más difíciles, para el diálogo.

Los conflictos recientes, incluida la guerra en la que participa Irán, han reavivado las preocupaciones mundiales sobre los riesgos de escalada y los peligros que plantean las capacidades nucleares mal gestionadas o ambiguas. En este contexto, reducir la incertidumbre entre las grandes potencias cobra aún más importancia.

Al mismo tiempo, el riesgo de malinterpretar los lanzamientos de misiles aumenta, a medida que nuevas tecnologías, como las armas hipersónicas y los sistemas de doble uso, acortan los plazos de decisión.

A diferencia de la Guerra Fría, Estados Unidos y China carecen actualmente de mecanismos sólidos de notificación de pruebas de misiles. Esto aumenta el riesgo de que las pruebas rutinarias se interpreten como acciones hostiles, lo que podría desencadenar una peligrosa escalada.

Una solución práctica sería un acuerdo de notificación previa de lanzamientos de misiles similar a los que existen entre otras potencias nucleares. Los primeros pasos podrían centrarse en ámbitos de sensibilidad relativamente baja, como los vehículos de lanzamiento espacial o las pruebas de defensa antimisiles, ampliando gradualmente las medidas de transparencia con el tiempo.

El sector privado también tiene interés en estos esfuerzos. Los operadores de satélites, las aerolíneas, las aseguradoras y las empresas de logística global asumen costes económicos cuando la inestabilidad estratégica perturba el espacio aéreo, las rutas marítimas o las cadenas de suministro.

Al cuantificar estos riesgos y abogar por medidas de transparencia, las empresas podrían contribuir a impulsar acuerdos de fomento de la confianza.

La cooperación en una era de competencia

En conjunto, estas propuestas reflejan un cambio más amplio en la forma en que los expertos de las empresas y de los centros de análisis ven las relaciones entre EE. UU. y China.

Los grandes avances diplomáticos pueden resultar difíciles en el entorno geopolítico actual. Pero los pasos más pequeños y prácticos, centrados en los riesgos compartidos más que en la alineación política, pueden ser alcanzables y producir resultados significativos.

Para los líderes empresariales, este enfoque puede resultar familiar. Las empresas compiten habitualmente con ferocidad mientras cooperan en normas de seguridad, infraestructuras y resiliencia sistémica. Un modelo similar de «coopetición» podría estar surgiendo ahora a nivel geopolítico.

En una era de creciente rivalidad estratégica, las formas más duraderas de cooperación quizá no surjan de grandes acuerdos, sino de esfuerzos estrechos y pragmáticos para gestionar los riesgos que comparten ambos países.

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