Al comenzar 2017, parece que muchos de los mayores desafíos del mundo siguen sin resolverse y que los líderes de los gobiernos y las empresas no les están prestando atención.
Especialmente durante el último año, nos hemos enfrentado a un conjunto de cifras desalentadoras y acontecimientos cada vez más graves: millones de refugiados sin adónde ir; decisiones inesperadas sobre el Brexit y en las elecciones estadounidenses; el deshielo de los casquetes polares; el aumento de la desigualdad de ingresos y riqueza; atrocidades terroristas; y el fenómeno de las noticias falsas, vinculado al rechazo de la globalización y al auge de la política nacionalista y populista.
He elegido solo tres cuestiones importantes que ilustran los desafíos que afrontamos al reunirnos de nuevo en Davos.
En primer lugar, poco más de un año después de los históricos acuerdos de París, se cierne ahora una nube de incertidumbre sobre la aplicación del marco contra el cambio climático, destinado a reducir las emisiones de carbono y limitar el calentamiento. Algunos gobiernos entrantes y actuales han prometido no respetarlo, lo que podría poner en peligro el planeta y acarrear consecuencias ambientales irreversibles.
En segundo lugar, el futuro del trabajo ofrece un panorama sombrío para la clase media mundial. Las estimaciones más extendidas indican que para 2020 se perderá un total neto de 5,1 millones de empleos administrativos de oficina debido a la automatización. Aunque es comprensible que los movimientos populistas recientes hayan señalado a la globalización y al comercio, los datos apuntan a la robótica y la inteligencia artificial (IA) como amenazas mucho mayores para el empleo. La economía de los trabajos por encargo ya está poniendo a prueba las protecciones laborales, concebidas para un modelo distinto de relaciones entre empleadores y empleados, que incluía vincular los planes de salud y pensiones al empleo a tiempo completo. Es probable que la IA y la robótica lleven el desplazamiento laboral a otro nivel y aumenten potencialmente la desigualdad de ingresos.

En tercer y último lugar, el Foro Económico Mundial retrasó considerablemente su proyección para alcanzar la igualdad de género mundial: ahora la sitúa en 2186, dentro de unos inconcebibles 170 años. Los datos muestran que los costos de oportunidad sociales, económicos y financieros de no promover a las mujeres son enormes. En 2014, esta misma previsión estimaba que la paridad no se alcanzaría hasta 2095. Aunque también inaceptable, esa estimación inicial aún parecía alcanzable para algunas personas. Parece que las condiciones han empeorado en solo dos años y que la igualdad está ahora completamente fuera de nuestro alcance.
Un fracaso del liderazgo
Estos y muchos otros problemas avanzan simultáneamente hacia un punto crítico, lo que aumenta aún más la tensión y el temor que vemos ahora en muchas de nuestras comunidades. Pese a años de debate y a las crecientes pruebas sobre estos asuntos, existe la percepción de que, colectivamente, inexplicablemente les prestamos muy poca atención y, por tanto, apenas logramos avances o no mejoramos en absoluto. También se tiene la impresión de que no se abordan los asuntos adecuados, o de que solo entran en el debate público y político cuando ya es demasiado tarde.
Durante gran parte del siglo pasado, esperábamos que nuestros líderes vislumbraran el futuro, explicaran los desafíos y nos guiaran entre las contradicciones, los dilemas y, por supuesto, los peligros. Sobre todo, esperábamos que trabajaran en nuestro nombre y reflexionaran con cuidado, sentido crítico y visión estratégica para ayudarnos a superar con seguridad los obstáculos que nos esperan.

Hoy vemos un alto grado de desilusión en todo el mundo. La gente ha perdido la confianza en los gobiernos y las grandes empresas, y anhela un liderazgo firme. Pero ¿son realmente lo que necesitamos los recientes avances hacia un mayor nacionalismo y populismo, y el predominio de la retórica sobre el debate basado en pruebas?
Un nuevo pacto social
Vivimos ahora en un mundo en transición: pasamos del modelo de sociedad que conocemos a otro mucho más desconocido como resultado de la Cuarta Revolución Industrial. En este contexto, debemos cambiar nuestra manera de pensar sobre nuestros intereses sociales a largo plazo.
Al abordar los efectos de la disrupción provocada por la tecnología, la globalización y los cambios demográficos, algunos responsables de la formulación de políticas y líderes empresariales reconocen cada vez más la necesidad de un nuevo pacto social. El marco actual está sometido a una presión creciente a medida que cambia el mundo.
Esto es lo que entiendo por pacto social: el acuerdo implícito o explícito al que llegan las personas para convivir en una sociedad civil, que abarca diversos aspectos como el Estado de derecho, los impuestos y las transferencias, la seguridad nacional, etc. Los pactos sociales están concebidos para crear estabilidad al equilibrar las necesidades de las personas con las de las instituciones y el bien común.
Un nuevo pacto social debe basarse en el intercambio transparente de información con toda la ciudadanía. También debe ser:
Equitativo: Medir abiertamente y combatir la creciente brecha de ingresos, de género y otras desigualdades, especialmente a medida que avanza el desplazamiento laboral relacionado con la tecnología;
Amplio: Reconocer los intereses a largo plazo de la sociedad en su conjunto, incluso mediante medidas contra el cambio climático en las economías desarrolladas y emergentes;
Impulsado por el mercado: Alentar a las empresas a actuar más allá de lo que consideran su propio interés y en consonancia con su compromiso con el propósito de crear valor a largo plazo;
Respaldado por políticas: Aprovechar los incentivos económicos (p. ej., impuestos y subvenciones), así como los incentivos sociales y conductuales para la ciudadanía, los emprendedores y las empresas.
Para desarrollarnos y avanzar, necesitamos un estilo de liderazgo que demuestre valentía ante opiniones divergentes y dé prioridad a la toma de decisiones basada en hechos, no en intuiciones ni en diálogos sustentados en opiniones sin fundamento. También requiere líderes capaces de generar cambios reales sin alejar a las diversas partes interesadas.
Lo que necesitamos de los líderes
En respuesta a las condiciones actuales, debe surgir un nuevo pacto social y un nuevo estándar de liderazgo que satisfagan las necesidades del siglo XXI. Se necesita un liderazgo capaz de colaborar para resolver de manera decisiva los problemas que obstaculizan la prosperidad a largo plazo en este planeta. Con el auge de la tecnología, lograr una mayor transparencia es más fácil que antes: solo tenemos que usarla para hacer el bien.
Es importante que el liderazgo nos exija cuestionarnos cuando los hechos no encajen con nuestra propia visión del mundo. Los hechos deben informar y moldear las opiniones, y no al revés.
Con esto en mente, volvamos a las tres cuestiones anteriores. Al reunirnos de nuevo en Davos, los líderes deben:
Reconocer que es necesario actuar frente al cambio climático. Esto puede afectar a los beneficios a corto plazo, pero es necesario para asegurar el futuro y aprovechar las nuevas oportunidades económicas que surgirán a medida que abandonemos el consumo de combustibles fósiles.
Dar a los trabajadores una visión clara de sus perspectivas económicas, desarrollar nuevos modelos de protección laboral e invertir en capacitar a las personas para los empleos del mañana.
Tomar medidas decisivas para reducir la desigualdad que afecta a la mitad de la población mundial, promoviendo activamente la participación de las mujeres en la educación, el empleo, la sociedad civil y el liderazgo empresarial y político en todo el mundo.
La reunión del año pasado en Davos generó un entendimiento común de los desafíos que afrontamos como resultado de la Cuarta Revolución Industrial. Al considerar nuevos modelos de liderazgo para 2017, ahora debemos centrarnos en actuar. Aún estamos a tiempo, pero debemos acudir a Davos con mayor sentido de urgencia.
Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan necesariamente las opiniones de la organización global EY ni de sus firmas miembro.


