El mundo en 2030

El mundo en 2030
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profesor de Harvard y autor de The Future of Power

Autor: Joseph Nye es catedrático en Harvard y autor de The Future of Power y participará en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial 2013

CAMBRIDGE – ¿Cómo será el mundo dentro de dos décadas? Obviamente, nadie lo sabe, pero algunas cosas son más probables que otras. Las empresas y los gobiernos deben hacer conjeturas fundadas, porque algunas de sus inversiones actuales durarán más de 20 años. En diciembre, el Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos (NIC) publicó su predicción: Global Trends 2030: Alternative Worlds.

El NIC prevé un mundo transformado, en el que “ningún país, ya sean Estados Unidos, China o cualquier otra gran potencia, será una potencia hegemónica”. Esto refleja cuatro “megatendencias”: el empoderamiento individual y el crecimiento de una clase media global; la difusión del poder de los Estados hacia redes y coaliciones informales; los cambios demográficos, derivados de la urbanización, las migraciones y el envejecimiento; y el aumento de la demanda de alimentos, agua y energía.

Cada tendencia está cambiando el mundo y “revirtiendo en gran medida el ascenso histórico de Occidente desde 1750, restableciendo el peso de Asia en la economía global e inaugurando una nueva era de ‘democratización’ a nivel internacional y nacional”. Estados Unidos seguirá siendo “el primero entre iguales” en poder duro y blando, pero “el ‘momento unipolar’ ha terminado”.

Sin embargo, nunca es seguro proyectar el futuro simplemente extrapolando las tendencias actuales. La sorpresa es inevitable, por lo que el NIC también identifica lo que denomina “factores decisivos”, es decir, resultados que podrían desviar las grandes tendencias de su rumbo de formas sorprendentes.

El primero de estos focos de incertidumbre es la economía global: ¿la volatilidad y los desequilibrios conducirán al colapso o una mayor multipolaridad sustentará una mayor resiliencia? De igual modo, ¿los gobiernos y las instituciones podrán adaptarse con suficiente rapidez para aprovechar el cambio o se verán desbordados por él?

Además, aunque el conflicto entre Estados ha disminuido, el conflicto intraestatal impulsado por poblaciones jóvenes, la política identitaria y la escasez de recursos seguirá asolando algunas regiones, como Oriente Medio, el sur de Asia y África. Y esto da lugar a otra cuestión potencialmente decisiva: si la inestabilidad regional se mantiene contenida o alimenta la inseguridad global.

Después están las preguntas sobre el impacto de las nuevas tecnologías. ¿Exacerbarán el conflicto o se desarrollarán y estarán ampliamente disponibles a tiempo para resolver los problemas causados por una población creciente, la rápida urbanización y el cambio climático?

La última cuestión decisiva es el futuro papel de Estados Unidos. Según la visión del NIC, la naturaleza multifacética del poder estadounidense sugiere que, incluso cuando China supere económicamente a Estados Unidos, quizá ya en la década de 2020, Estados Unidos mantendrá con mayor probabilidad el liderazgo mundial junto con otras grandes potencias en 2030. “El potencial de un Estados Unidos sobrecargado que enfrenta demandas crecientes”, sostiene el NIC, “es mayor que el riesgo de que Estados Unidos sea reemplazado como el principal líder político del mundo”.

¿Es esto bueno o malo para el mundo? Según la visión del NIC, “un colapso o una retirada repentina del poder estadounidense daría lugar con mayor probabilidad a un período prolongado de anarquía global”, con “ningún sistema internacional estable y ninguna potencia dirigente que reemplace a Estados Unidos”.

El NIC debatió borradores anteriores de su informe con intelectuales y funcionarios de 20 países, e informa de que ninguna de las potencias emergentes del mundo tiene una visión revisionista del orden internacional similar a la de la Alemania nazi, el Japón imperial o la Unión Soviética. Pero las relaciones de estos países con Estados Unidos son ambiguas. Se benefician del orden mundial liderado por Estados Unidos, pero a menudo se sienten irritados por los desaires y el unilateralismo estadounidenses. Un atractivo del mundo multipolar es una menor dominación estadounidense; pero lo único peor que un orden internacional respaldado por Estados Unidos sería no tener ningún orden en absoluto.

La cuestión del papel de Estados Unidos para contribuir a un mundo más benigno en 2030 tiene importantes implicaciones para el presidente Barack Obama, a medida que se acerca su segundo mandato. El mundo afronta un nuevo conjunto de desafíos transnacionales, entre ellos el cambio climático, el terrorismo transnacional, la inseguridad cibernética y las pandemias. Todos estos problemas requieren cooperación para resolverse.

La Estrategia de Seguridad Nacional de 2010 de Obama sostiene que Estados Unidos debe concebir el poder como de suma positiva, no solo de suma cero. Dicho de otro modo, puede haber momentos en que una China más poderosa sea buena para Estados Unidos (y para el mundo). Por ejemplo, Estados Unidos debería estar interesado en que China aumente su capacidad para controlar sus emisiones de gases de efecto invernadero, que son las mayores del mundo.

La secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, ha descrito la política exterior de la administración Obama como basada en el “poder inteligente”, que combina recursos de poder duro y blando, y sostiene que no deberíamos hablar de “multipolaridad”, sino de “multiasociaciones”. Asimismo, el informe del NIC sugiere que los estadounidenses deben aprender mejor a ejercer el poder con así como sobre otros Estados.

Por supuesto, en cuestiones derivadas de las relaciones militares entre Estados, seguirá siendo crucial comprender cómo formar alianzas y equilibrar el poder. Pero los mejores acuerdos militares servirán de poco para resolver muchos de los nuevos problemas transnacionales del mundo, que ponen en riesgo la seguridad de millones de personas al menos tanto como las amenazas militares tradicionales. El liderazgo en estas cuestiones exigirá cooperación, instituciones y la creación de bienes públicos de los que todos puedan beneficiarse y de los que nadie pueda ser excluido.

El informe del NIC concluye acertadamente que no existe una respuesta predeterminada a la pregunta de cómo será el mundo en 2030. Que el futuro depare escenarios benignos o malignos depende en parte de las políticas que adoptemos hoy.

Las opiniones expresadas aquí son las del autor, y no necesariamente las del Foro Económico Mundial. Publicado en colaboración con http://www.project-syndicate.org.

Imagen: Fotografía de las banderas nacionales de EE. UU. y China REUTERS/Jason Lee

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