Los gobiernos que viajarán a Japón el próximo mes para adoptar un nuevo plan mundial destinado a reducir el riesgo de desastres deberán resolver una disputa sobre la ayuda para que los países pobres sean más resilientes ante fenómenos meteorológicos extremos, terremotos y otros peligros.
Se esperaba que el texto del segundo plan de este tipo para el mundo estuviera prácticamente acordado antes de la conferencia de mediados de marzo en la ciudad de Sendai, gravemente afectada por un terremoto y un tsunami en 2011. Pero los gobiernos solo aceptaron alrededor del 70 por ciento en la última sesión de negociación.
Entre los puntos controvertidos figuran cuánto apoyo financiero deberían proporcionar las naciones ricas a los Estados vulnerables, cómo fijar objetivos mundiales para medir los avances y qué papel deberían desempeñar los organismos de la ONU en la puesta en marcha del plan, que probablemente se extenderá hasta 2030.
«La impresión general es que de algún modo se alcanzará un acuerdo… pero eso significa que la naturaleza misma del proceso de Sendai va a cambiar de forma bastante significativa y se convertirá en un debate sobre estos puntos conflictivos», dijo Tom Mitchell, director del programa de clima y medio ambiente del Overseas Development Institute, con sede en Londres.
«No creo que las finanzas sean el único tema, pero creo que será el más importante», añadió el experto, que ha asesorado a gobiernos sobre el proceso.
Hasta ahora, muchos países han financiado con sus propios erarios la mayor parte de sus inversiones para proteger a las personas y la infraestructura frente a desastres naturales y tecnológicos. El gasto destinado a prevenir desastres representa solo una pequeña fracción de la ayuda internacional.
Pero, a medida que el cambio climático agrava los fenómenos meteorológicos extremos y la subida del nivel del mar, algunos Estados en desarrollo consideran que ha llegado el momento de definir con mayor claridad cuánto dinero deberían aportar los países históricamente responsables del calentamiento global para ayudar a quienes corren mayor riesgo a hacer frente a sus impactos.
A finales del año pasado, los países en desarrollo añadieron al borrador del texto de Sendai una propuesta para aumentar los recursos financieros que recibirían de las naciones desarrolladas en un porcentaje no especificado de la renta nacional bruta por año.
Esto encontró una fuerte resistencia de algunos gobiernos donantes, entre ellos los de Gran Bretaña y Estados Unidos, que temían que pudiera ser una forma de obligarlos a pagar indemnizaciones financieras por las pérdidas y los daños causados por el cambio climático, una línea roja para las naciones ricas en las negociaciones climáticas de la ONU.
«Ahora Sendai parece ser una oportunidad para plantear el debate sobre pérdidas y daños en otro ámbito, pero sin usar exactamente las mismas palabras», dijo Mitchell.
Sin embargo, tras la última ronda de negociaciones previas a Sendai, a finales de enero, algunos Estados en desarrollo empezaron a temer que este enfoque pudiera privarlos de una baza en las conversaciones climáticas de París en diciembre, donde está previsto que los gobiernos acuerden un nuevo pacto mundial para abordar el cambio climático.
«Los países querrán encontrar un equilibrio entre cuánto financiamiento están realmente reclamando en el (acuerdo de Sendai), porque más adelante este año el tema del financiamiento surgirá (en París), y querrán jugar bien sus cartas», dijo Kashmala Kakakhel, coordinadora de reducción del riesgo de desastres de LEAD Pakistan, un centro de estudios de políticas públicas.
¿Ayuda para qué?
Margareta Wahlström, directora de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR), que gestiona el proceso de Sendai, dijo a la Fundación Thomson Reuters que no esperaba que el nuevo marco incluyera «compromisos firmes» sobre ayuda internacional para reducir el riesgo de desastres.
«Sé que algunos países reforzarán sus compromisos financieros», dijo Wahlström. Pero probablemente lo harían en discursos en Sendai o en debates durante la conferencia y después de ella, en vez de incluirlo en el propio acuerdo, añadió.
Una razón es que los países debatirán cómo financiar el desarrollo sostenible en una conferencia en Etiopía en julio y de nuevo cuando tengan previsto finalizar un nuevo conjunto de objetivos mundiales de desarrollo a partir de septiembre.
Muchos expertos en desastres sostienen que no tiene sentido práctico separar la ayuda para reducir el riesgo de otros tipos de inversión en desarrollo, como la educación o la salud, porque es necesario abordar las amenazas de desastres en todos los ámbitos.
Kakakhel, de LEAD Pakistan, dijo que los funcionarios de países en desarrollo a menudo no tienen claro por qué necesitan dinero adicional para prevenir desastres ni cómo lo usarían.
«El problema no son los fondos, sino la falta de planes sobre qué hacer con ellos», dijo. «Si no se planifica mejor, más dinero no resolverá el problema».
Debe realizarse un esfuerzo concertado a nivel nacional para determinar cómo poner en práctica el nuevo marco mundial de modo que ayude a las personas afectadas por inundaciones o terremotos, añadió.
Wahlström dijo que esperaba que los gobiernos reunidos en Sendai respondieran a la demanda mundial de orientaciones prácticas para reducir el riesgo de desastres.
«Quizá tomar conciencia y comprender lo importante que es para miles de personas en sus países, que trabajan en este tema, permita que el (marco) salga de este debate», dijo.
Este artículo se publica en colaboración con Thomson Reuters Foundation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autora: Megan Rowling es periodista de Thomson Reuters Foundation.
Imagen: El ciclón tropical Ian aparece en esta imagen satelital facilitada por NOAA GOES, tomada a las 14:00 GMT del 12 de enero de 2014. REUTERS/NOAA/Handout vía Reuters




