Nunca he visto a un político que no afirme luchar contra la corrupción y el crimen organizado. Y no son solo palabras: pueden respaldar sus afirmaciones recitando una larga lista de medidas adoptadas para abordar la corrupción; una lista de medidas que parecen bien meditadas y lógicas, y que deberían reducir los índices de corrupción.
Y, sin embargo, el mundo en su conjunto no ha logrado hacer frente a la corrupción. Según Transparency International, en 2011, el promedio mundial de percepción de la corrupción en las instituciones públicas fue de 3,3 sobre 5 (1 = nada corruptas; 5 = extremadamente corruptas); el 24 % de las personas de todo el mundo declaró haber pagado un soborno en los 12 meses anteriores, y al menos el 50 % de la población mundial considera que el gobierno es ineficaz en la lucha contra la corrupción.
El problema radica en la «imitación isomórfica»: la adopción de las formas de otros Estados y organizaciones funcionales, que disfraza una persistente falta de funcionamiento. Imitación isomórfica significa que las organizaciones adquieren la legitimidad que necesitan para sobrevivir adoptando las formas de otras organizaciones legítimas, sin llegar realmente a tener su funcionalidad. Los gobiernos y los políticos hacen todo lo «correcto» y, aun así, parecen gastar enormes cantidades de energía sin acercarse ni un ápice al objetivo declarado.
La historia típica, sobre todo en el mundo en desarrollo, es la siguiente: un ambicioso periodista de investigación destapa un caso de corrupción. La oficina del Contralor Público llena diligentemente cajas con todos los documentos que podrían tener la más mínima relación con el caso. Luego, el Contralor Público envía un camión lleno de cajas a la Fiscalía General y anuncia a los medios que ha presentado el caso. Ante la presión para procesar a los responsables, la Fiscalía General remite las cajas selladas a los tribunales. Sin embargo, los tribunales no pueden —ni deberían tener que— descifrar el «caso» desestructurado que han recibido. El consiguiente juego de ping-pong entre los tribunales y la Fiscalía General continúa hasta que surge el siguiente escándalo, la atención se desvía y el proceso vuelve a empezar.
En Guatemala, unos 480 casos están atrapados en el papeleo. A la prolongada falta de voluntad política para hacer algo al respecto se suma la falta de capacidad y de competencias especializadas para procesar los grandes volúmenes de información, lo que hace que la nube siga creciendo. Podemos estar seguros de que quienes manejan los hilos realizan un par de pagos estratégicamente colocados para garantizar aún más que sus casos permanezcan en la nube de la imitación.
Una posible solución sería incorporar especialistas en la materia para tramitar los casos atrasados. Las empresas y la sociedad civil podrían colaborar para contratar contables forenses, abogados, expertos en contratación pública y especialistas de cada sector, que analizaran los datos y presentaran casos debidamente preparados ante los tribunales. En el proceso, las instituciones judiciales también aprenderían de estos expertos y desarrollarían su capacidad para preparar futuros casos.
Los gobiernos del mundo, con recursos limitados, necesitan nuestra ayuda hoy más que nunca. Si aprovechamos el poder de la ciudadanía global, podríamos dejar atrás la imitación y empezar a reducir realmente la corrupción.
Más información sobre el Foro Económico Mundial sobre América Latina 2013
Autor: presidente de FunSEPA, vicepresidente de FUNDESA y miembro del Consejo de la Agenda Global sobre Prevención de Conflictos
Imagen: Se ve a unos empresarios caminando dentro de un complejo empresarial REUTERS/Yuriko Nakao





